Centroamérica
José Luis Ortega/Miguel Hernández
Fotos de Karla Patricia Amador: Chapuz

 

·Karla Patricia Amador –nativa de Tegucigalpa- cuenta su drama desde el CERESO Duport Ostion de Coatzacoalcos

·Viajó para alimentar y cuidar a seis hijos que en Honduras no saben de su madre presa

 

 

 COATZACOALCOS, VER; 13 DE SEPTIEMBRE DEL 2015

“Un informe periodístico realizado por el diario mexicano El Universal confirmó las investigaciones realizadas por Diario LA PRENSA sobre las operaciones del poderoso narcotraficante Joaquín el ‘Chapo’ Guzmán en territorio hondureño y sus vínculos con los cárteles de Los Cachiros y Los Valle Valle.

Según fuentes de inteligencia policial, el jefe del cártel de Sinaloa viajó a Honduras en esporádicas ocasiones, -tres o cuatro veces- únicamente para ‘dar directrices y órdenes’ a sus socios regionales con el objetivo de que limaran asperezas entre ellos y así evitar violentos altercados.

El ‘Chapo’ vigilaba sus intereses en Honduras, por lo que trataba de evitar choques entre sus asociados para que se concentraran en las operaciones de transporte, contrabando, almacenamiento y reexportación de estupefacientes, agregaron las fuentes.” (http://www.laprensa.hn/mundo/879591-410/el-chapo-viajaba-a-honduras-a-dar-%C3%B3rdenes-no-a-hacer-fiestas).

La nota se publicó el 13 de septiembre del 2015, en la versión digital del periódico La Prensa, en Honduras.

El periódico centroamericano da cuenta -en la misma edición- del drama que viven los hondureños Lena Claudeth Alemán Molina y sus seis hijos, en Miami, Estados Unidos, donde se encuentran en calidad de migrantes ilegales y a disposición de autoridades norteamericanas.

Lena Claudeth Molina debió escapar de Tegucigalpa -capital hondureña- tras la desaparición de su hermana de 13 años y el asesinato de su abuelo y esposa a manos de mafiosos integrantes de las maras. (http://www.laprensa.hn/mundo/878453-417/familia-hondure%C3%B1a-desesperada-pide-ayuda-en-miami-eua)

Para arribar a Estados Unidos, Lena Claudeth atravesó territorio mexicano junto a su esposo, quien está detenido por autoridades migratorias estadounidenses.

A Lena la dejaron en libertad junto a sus hijos pero le colocaron un brazalete de localización satelital para evitar que escape.

La Prensa, el periódico de su país que cuenta su historia, invita a los lectores a donar recursos económicos para solventar las penurias que hambre que padece esta familia; una más de las miles que parten día tras día de Honduras y otros países centroamericanos hacia el llamado “sueño norteamericano”.

Es el caso, también, de Karla Patricia Amador: hondureña de 38 años y madre de seis hijos abordada por Notisur en su nuevo y cruento hogar: el Centro de Readaptación Social (CERESO) Duport Ostión de Coatzacoalcos, en el Sur de Veracruz.

Aquí, Karla Patricia aguarda por una sentencia tras haber sido detenida a inicios del 2014, acusada de secuestro.

Como otros presos que acceden a ser entrevistados, Karla reconoce haber sido acusada de secuestro de migrantes ilegales pero afirma ser inocente.

Sentada dentro de una oficina del Duport Ostión, la mirada que refleja desconfianza, con una actitud a la defensiva ante los reporteros,  la joven mujer narra lo que vivió el 22 de enero del 2014 en un domicilio ubicado en el kilómetro 5 a un costado del puente de la avenida 1, en Coatzacoalcos.

Allí aguardaba- junto a 70 migrantes ilegales más- por la salida de “la bestia”, programada para las 16:00 horas del siguiente día desde Coatzacoalcos y en dirección a Medias Aguas, municipio de Sayula, donde los viajeros suelen cambiar de tren o esperan la nueva salida de la unidad en que viajan hacia Tierra Blanca, el siguiente punto ferroviario clave –por ser cruce de rutas- en su camino hacia el norte de México y la frontera con Estados Unidos.

Luego de comprar comida en la tienda que les había servido como espacio de descanso por unas horas y en la cual –recuerda- “se venden hot dogs y hasta ropa interior, todo caro”, los migrantes se quedaron a dormir y hasta se bañaron para aguardar el tren que saldría a las 6 de la tarde del 23 de enero.

Habla Karla:

“Ese día estábamos almorzando lo que sería la última comida, cuando llegaron unos “batos” fumando- y de inmediato les llamaron la atención el propietario del negocio diciéndoles que los vecinos no querían ver esa acción. (sic)

Yo estaba acostada en una hamaca con otra “catracha” ya que nosotros éramos sólo dos mujeres en el grupo de ocho varones que me acompañaban: eran hondureños, además de salvadoreños que nos encontramos en el tren.

Como a eso de las 4 de la tarde nos caen los marinos… yo no sabía nada, es más ni me moví de la hamaca pero a los demás les comenzaron a decir que agarraran sus maletas y que se subieran a unas  camionetas.

Uno de los marino se acercó a mí y comenzó a revisar mi maleta, le dije que lo dejara que yo ahí sólo llevaba mi ropa interior.

En eso, una mujer que estaba tomando con otros hondureños se fue con uno de los marinos queriéndole dar de cachetadas; por esa acción la agarraron a golpes y finalmente a todos (los) subieron a las patrullas. (sic.

En Coatzacoalcos estuvimos hasta las 2 de la mañana y luego nos llevaron a Acayucan;  en la garita migratoria nos quitaron todo, nos dejaron si ropa.

El 26 nos volvieron a traer a Coatzacoalcos pero ya al CERESO; éramos 19 los que ingresamos; aquí estoy muy bien nadie nos golpea me dedico a vender café.

¿Ya habías intentado pasar en otra ocasión?

Si pasé en el 2009  pero en carro, llegué a Houston donde el vehículo que me llevaba se estrelló contra un poste; ahí murieron cuatro personas mexicanas, yo quedé viva, es por eso que me deportaron a mi país.

¿Antes del 2009 ya viajabas? 

Sí, siempre andaba por las Águilas, Tabasco y Coatza; llegué como dos veces, luego me iba otra vez… me gustaba convivir con ciertas personas.

¿En Texas qué hacías? 

Andaba con ellos…

¿Quiénes? 

Con los mexicanos que murieron

¿De dónde eres originaria?

De Tegucigalpa, ahí nací.

¿Tus padres?

Mis padres ya fallecieron, mi madre tuvo 12 hijos.

¿Qué grado de estudios tienes? 

Secundaria, estudié dos años. Trabajé dos años en la policía, cuidaba una universidad privada en San Pedro Sula, aunque ganaba muy poco.

¿Continuaste estudiando?

No, es que no me gustó. Yo decidí emigrar para tener una mejor condición de vida y hasta dejé a mis hijos botados. Soy madre de 6: tres mujeres y tres varones de entre 8 y 20 años; ellos están en honduras.

Recuerdo que el calvario que uno pasa comienza desde la frontera de honduras con Guatemala, de ahí uno viene perdiendo todo.

 ¿Qué me dices del paso libre en la frontera en Centroamérica? 

Sí hay paso libre, pero la policía –de Guatemala- te chinga todo, te agarran y te dicen: si quieres seguir tu camino a aquí tienes que tirarle 200 quetzales; ahí nos vamos, cuando vemos que uno ya no tiene un solo peso, únicamente nos dejan para el “brinco” es decir para llegar a medias a la frontera.

 ¿Que comentan tus paisanos de los mexicanos? 

Que son unos desgraciados; aclaro, no todos. Cuando uno llega a Tenosique, Tabasco, ya casi uno viene pidiendo, entonces de ahí en Tenosique nos tocó agarrar tren.

¿Valdrá la pena cruzar a los Estados Unidos? ¿Les recomiendas a tus paisanos que lo intenten?

No, mejor que se dediquen a trabajar, se los digo por experiencia.

¿Tus hijos saben que estás presa en México?

Sólo los mayores. Los menores no. El más pequeño sólo tiene 8 años y viven con su papá.

La migración hondureña hacia Estados Unidos: un punto de vista académico

Vladimir López Recinos: Docente-Investigador del Centro de Investigaciones en Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Unidad Noreste, México -correo electrónico: [email protected]com– ha realizado una investigación sobre la migración hondureña a Estados Unidos. *

He aquí un fragmento:

La migración de centroamericanos hacia Estados Unidos es un fenómeno complejo vinculado a factores económicos, políticos, sociales y ambientales, entre los que se incluyen desastres naturales. En Honduras, la población cada vez más está emigrando a Norteamérica: desde 1960 registra un aumento de menor escala, pero a partir de 1990 la emigración se tornó explosiva y de carácter compulsivo.

A diferencia de las primeras migraciones de hondureños a Estados Unidos ocurridas en el primer cuarto del siglo XX, el actual desplazamiento es un fenómeno más complejo y multifacético. En el contexto global neoliberal, puede conceptualizarse como una migración compulsiva y forzada, hasta convertirse en un largo proceso que afecta a los trabajadores migrantes y sus familiares, pero simultáneamente tiene elevados costos y consecuencias para los países de origen, tránsito y destino final.

Un aspecto que ha tomado mayor relevancia es el recrudecimiento de la violencia y los peligros en las rutas de tránsito y cruce fronterizo. Esa espiral descontrolada ya no sólo afecta a hondureños y centroamericanos, también a decenas de mexicanos, pues todos los días confluyen con rumbo al Norte. Las políticas migratorias restrictivas y de seguridad han repercutido en la dinámica migratoria y transformado, cada vez más, el corredor migratorio Centroamérica-México-Estados Unidos en uno de los más inseguros, violentos y anárquicos del mundo. En este trabajo podrá corroborarse que ese escenario no es que no se haya advertido, sino que, simplemente, no fue atendido a tiempo.

La ruta a Tijuana y ciudades circundantes, Mexicali y Tecate, era una de las más transitadas, pero a partir de 2000 los flujos migratorios cambian la trayectoria, pues el paso por el desierto de Sonora, una de las zonas más peligrosas en ese entonces, incrementaba las muertes. Entonces los migrantes, guías y coyotes dan un viraje hacia el noreste de México (Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas), debido a que representa una distancia más accesible para quienes vienen del Sur y pretenden eludir el peligroso desierto o la lejana Tijuana.