Mutatis mutandis
Por Rafael Arias Hernández
10 de septiembre de 2015

Pérdidas y más pérdidas. Inocultables pobreza, hambre, inseguridad, desempleo e informalidad. Desastre económico, crisis de las finanzas gubernamentales y más deuda pública injustificada; malbaratamiento y dispendio del patrimonio público; privatización o entrega de servicios y dependencias gubernamentales; y lo más preocupante: involución y destrozo institucional, en buena medida por corrupción e impunidad crecientes.

ECHAR A PERDER Y NO APRENDER.

Los seres humanos, somos animales que hacemos lo que aprendemos a hacer y traemos en la sangre. Difícilmente llevamos a cabo, comprendemos o explicamos lo que desconocemos, ignoramos y no sabemos.

Tal vez por eso y más, habemos unos más animales que otros.

Se cree, que para bien, a diferencia de muchos, tenemos instinto o impulso de exploración y aventura, de investigación e imaginación, para descubrir e inventar, para incrementar y hasta mejorar de muchas formas saber y conocimiento, práctica y renovación.

Uno de los propósitos de y para la vida es aprender; y una de sus claves es aprender a aprender.

El problema, sobre todo en el desempeño de la función pública, es que a pesar de lo que digan, presuman y prometan, no se puede exigir a muchos servidores públicos, funcionarios y gobernantes que hagan lo que no saben, ni entienden y comprenden, mucho menos cumplen, practican o prevén. Demagogia y simulación, engaño y perversión para beneficiarse, son algunos de sus recursos más utilizados.

Ejemplo. Vieja y probada forma la de aprender a partir del ensayo y corrección del error. El problema empieza cuando no hay intención de corrección; ni nuevo intento o ensayo; y se acaba por mantenerse, acostumbrarse y beneficiarse del error.

Ni que decir de aquella otra, conocida como “echando a perder se aprende”. Misma que puede llevar a la extinción, confrontación o fatalidad extrema, por lo mucho que se pierda y lo poco o nada que se aprenda.

¿Cuánto se ha ganado y perdido en los últimos diez años en Veracruz? ¿Qué se ha aprendido? ¿En cuanto a gobierno y políticas públicas, estamos condenados a más de lo mismo y peor? ¿Qué de la prospectiva, escenarios y oportunidades posibles?

Para cuándo y por quien, la verdadera e imprescindible, evaluación del trabajo realizado por presuntos responsables, prófugos potenciales y posible impunes intocables, en el gobierno. ¿Y el actualizado y auténtico diagnóstico que muestre fortalezas y debilidades, avances y retrocesos?

Hay que señalar, que parte del error y lo mucho que se pierde, radica en no ocuparse y detener a quienes provocan, sostienen y viven de repetidos y nuevos errores, de cuantiosas o mayores pérdidas gubernamentales; o los que simplemente disfrutan la comodidad y privilegios del cargo, caracterizándose por ser servidores públicos que no sirven, y menos atienden y resuelven necesidades y problemas sociales. Pero eso sí, salen de pobres.

IMPROVISACIÓN, OCURRENCIAS Y SIMULACIÓN.

Hay muchas razones para padecer los efectos de ineptitud e irresponsabilidad, de ineficiencia y delincuencia en los gobiernos.

De todos esta vez resalto y comento uno, que es fundamental y que está vinculado con un aspecto determinante para la vida civilizada y la convivencia pacífica, para el mismo fortalecimiento del Estado de Derecho.

Esta razón radica en el simple y sencillo abandono, de la obligación central de todo servidor público, funcionario o gobernante: cumplir y hacer cumplir la ley, puntual y correctamente.

Pero, ¿cómo pueden hacer lo que no saben o desconocen, si ni siquiera se preocupan y ocupan en leerla y entender el alcance de sus obligaciones y deberes?

Y desde luego, este hecho también se extiende a gran parte de ciudadanos y sociedad que tampoco tienen interés en leer y conocer las leyes para poder exigir la garantía y ejercicio de sus libertades y derechos, así como realizar y cumplir las correspondientes obligaciones ciudadanas y sociales.

Si no se tiene idea de qué deberes, obligaciones gubernamentales hay que exigir. Si no se reclama rendición de cuentas, fiscalización, transparencia y evaluación, objetivas y confiables.

¿Cómo hacerlo si no se sabe ni se lee el contenido de las leyes?

Claro que no puede pensarse que, para ineficientes y delincuentes en el gobierno, se acepte y justifique que no lean, entiendan, observen y apliquen los contenidos de las leyes.

No. Cualquier pretexto es sólo eso, pretexto. Lo que sucede es que algunos simulan, engañan, manipulan y disponen con toda intención y propósito para beneficiarse, enriquecerse y aprovecharse de su posición en los gobiernos.

Escriben, promueven y hasta logran la aprobación, de leyes que no obedecen. Establecen pactos, tratos, compromisos y hasta contratos con la sociedad que no cumplen. Leen discursos en los que no creen. Se comprometen a hacer lo que no saben y mucho menos les interesa.

Como forma del analfabetismo funcional, pasan a ser expresión o ejemplo del analfabetismo delincuencial gubernamental, basado en interpretación y aprovechamiento de lo que les conviene.

Claro que si se reconoce este último, habría que agregar el individual y colectivo, una especie de analfabetismo social que, aun sabiendo recibir un mensaje, leído o escrito, se dispone o hace otra cosa, caracterizada por pasividad y dejadez, desinterés y abandono individual y colectivo.

Analfabetismo funcional, esta vez ciudadano y social, incrementado por la distorsión, enajenación y negación que muchos medios y comunicadores acostumbran difundir, propagar e imponer. Tema, desde luego, polémico y multifacético.

Así, no hay ley efectiva, si no se aplica; ni presupuesto que alcance, sin orden y disciplina. Bien dicen: “no falta dinero, sobran ladrones”.

Se aprovechan quienes mal administran y pasan por encima del presupuesto, usan y abusan recursos públicos y disponen hasta de lo que no hay. Total, no pasa nada. Larga vida a la complicidad e impunidad.

Ejemplos crecen y se acumulan. Prosperidad de pobres y hambrientos. Endeudan y privatizan hasta lo básico y elemental, como el agua en Veracruz, que indebidamente paso a manos de quienes en Brasil son perseguidos y procesados, mientras aquí son consentidos y estimulados. ¿Quiénes son los socios, cómplices y encubridores dentro de los gobiernos?

Total en reedición de cuentos; entre más pierden, menos aprenden.

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