Por David Quitano
29 de septiembre de 2015

El futuro es incómodo y peligroso. Provoca intensas discusiones y amargos enfrentamientos. Algunos incluso se matan por el futuro.

Roger Bartra

En Veracruz, los diversos equipos políticos presentan sus estrategias de posicionamiento, en aras de establecer formas que les permitan alcanzar los objetivos establecidos con los cuales sean ellos agentes de poder político.

Sin duda, ciertos pasajes nos pueden parecer chuscos, poco éticos y hasta bizarros, pero de igual manera es preciso decir que en momentos donde las estructuras no cuentan con un molde fijo es puntual desarrollar todas las técnicas que les permitan cumplir con su cometido.

La tísica imagen del político veracruzano, obedece a una enfermedad fundada en el oportunismo y en la falta de meritocracia. Dicha enfermedad brota como pus en todo lo alto del emporio.

Nuestro alicaído contexto no se solucionará con los autonombramientos de los salvadores, que por un lado señalan los fallos y por el otro no presentan propuestas para solucionar los mismos.

Quizás como pocas veces en la historia nos encontramos en un entorno que demanda más que nunca una programación procedural, que elimine nuestra actitud decimonónica con respecto a lo social.

La escisión del conjunto social parecía contenerse como algo normal en un territorio lleno de escepticismo y desigualdades. Por ello, el rompimiento de forma entre la élite del partido en el poder, parece un hecho paradigmático en una entidad donde la unidad siempre ha sido la fortaleza de la titularidad del partido en el ejecutivo.

Absortos, estamos los opinadores, columnistas y escritores críticos. Nosotros sabemos que dentro de éste huracán también se respiran aires de mejora. La vitalidad de nuestro pueblo sabrá encontrar nitidez a la perorata imperante.

La indulgencia ya no postula total limpieza, hoy los señalamientos deben ser transparentes y cristalizar las legítimas aspiraciones de una sociedad que día a día encuentra en los medios de comunicación, más señalamientos que propuestas.

Hoy, darle una justa dimensión a nuestro acontecer vas más allá que meros esbozos de café, consiste en transitar de forma entera como individuos, fundar una nueva radicalidad reflexiva de una sociedad que vivió alguna vez su resplandor cuando el talento y la virtud hacían mano para saldar cuentas.

Porque sólo a través de lo político vamos poder formar un entorno económico y social adecuado para cumplir con los requerimientos que la competitividad nacional y mundial reclaman.

El futuro no es nuestro, es de nuestros hijos, y si nosotros no hacemos las cosas bien ahora, nuestro ulterior andar será fétido y adusto.

Para evitar lo anterior, es necesario reconfigurar una sociedad coincidente que tenga como buen puerto el progreso del conjunto social.

Recordando:

  • El problema de México no es enteramente el narcotráfico, este es sólo es la ostentosa cerecita del gran pastel de la ilegalidad. Digamos ese actuar nos muestra que la ley es un elemento, digamos, que negociable. Ricardo Cayuela Gally.