La Ruta Cultural
Por José Miguel Naranjo Ramírez
10 de septiembre de 2015

 “El filósofo de la praxis”

Hace cien años nació en la ciudad de Algeciras, Cádiz, el filósofo español y mexicano Adolfo Sánchez Vásquez (1915-2011). Don Adolfo desde muy joven decidió dedicar su vida a la filosofía, sus primeros estudios los realizó en la ciudad de Madrid y en esos años estuvo muy cerca del filósofo José Ortega y Gasset, en 1939 se vio obligado a exiliarse en México por motivos de la guerra civil española, desde esa fecha hasta su muerte, México fue su segunda patria donde escribió toda su obra y se consagró como uno de los filósofos más importantes del siglo XX.

De Don Adolfo como hombre importante de la cultura en México, desde hace algún tiempo ya tenía conocimiento, del contenido de su obra filosófica confieso que mis lecturas son recientes, pero no hace falta ser un experto en toda su obra, para saber que Don Adolfo ante todo fue un filósofo con claras tendencias marxistas, los solos títulos de algunos de sus libros ilustran lo antes señalado, ejemplos: Las ideas estéticas de Marx (1965), La filosofía de la praxis (1967), Estética y Marxismo (1970), entre otros, por todo lo antes mencionado, el libro con el que festejaremos los cien años del nacimiento de  Don Adolfo se titula: Del Socialismo científico al socialismo utópico.

La obra originalmente salió publicada por el volumen colectivo: Critica de la Utopía, edición de la Facultad de Ciencias Políticas y sociales, UNAM, en 1971. (Integrado por 5 conferencias de diversos autores.) A los interesados en conseguir el libro la podrán encontrar en la Editorial Era publicado en 1975. (Sólo la conferencia de Sánchez Vázquez.) El contenido del libro es un análisis riguroso sobre el marxismo, Sánchez Vázquez parte en esta conferencia-ensayo con la pregunta: “¿Cuál es la relación del socialismo con la ciencia y con la utopía?” Sobre la pregunta antes planteada se desarrolla toda la temática del libro.

De entrada, Sánchez Vázquez como todo filosofo inicia definiendo conceptos, en cuanto a Utopía explica que: “Se suele calificar de utópico cierto comportamiento teórico o determinada actividad práctica. Utopía puede traducirse por “lugar imaginario” o, como hizo Francisco de Quevedo, al verter al español la Utopía de Tomás Moro, por “No hay lugar”. Ya antes del renacimiento, Platón, en la antigüedad griega, nos había legado la utopía de su republica perfecta.

Partiendo del concepto explicado por el filósofo Sánchez Vásquez, si la utopía es algo inalcanzable, irrealizable, y para él el marxismo está impregnado de utópico, entonces hasta aquí podría decirse que la teoría marxista sólo se queda en las ideas, y estas por muy brillantes que sean, quedarán en las buenas intenciones, es decir, al no poder ser una realidad el marxismo, seguiremos viviendo en una sociedad desigual, clasista, explotadora, donde el hombre pasa a ser un cosa y no un ser con derechos igualitarios.

Esta sería la primera reflexión que podemos hacer, pero por supuesto que Sánchez Vásquez va mucho más allá, en esta obra explica las diferencias entra la utopía como idea perfecta pero al mismo tiempo inconseguible, y la utopía que surgió en el renacimiento la cual le da posibilidades reales de existencia material y no sólo ideal al marxismo:

 “La utopía platónica no es algo que pueda, deba o haya de realizarse. Está dada como realidad, es decir, con la realidad más alta y verdadera para Platón: la ideal. Por ello, no anticipa nada posible: está dada como una realidad plena y total que no deja intersticio alguno para la posibilidad.

Las utopías renacentistas, en cambio, son proyectos, anticipaciones de lo posible, de una realidad que no existe, pero que puede existir. ¿Cómo? En la utopía renacentista, lo que carece propiamente de lugar, de topos, es la acción, el esfuerzo práctico transformador. Lo posible puede realizarse, pero al no ponerse el debido acento en la acción se torna imposible.  Esta es la nueva dimensión que introducirán los socialistas utópicos del siglo XIX. En ellos hay un proyecto utópico como el de los renacentistas –pero ya sea como reformadores o revolucionarios –ponen en práctica una voluntad de transformación de las condiciones reales.”

Lo antes transcrito es parte fundamental del contenido del libro, porque prácticamente están ahí las bases de lo que Sánchez Vásquez está planteando, el filósofo por supuesto que es marxista, pero no un marxista dogmático, si algo se percibe en esta obra es que Sánchez Vásquez es un crítico del propio sistema, considera que sólo a través del aprendizaje, del reconocer los vicios y errores cometidos en Rusia, Cuba o China, países donde se ha intentado implementar la utopía marxista, es como se podrá mejorar y al fin lograr implementar el anhelado sistema socialista.

Por supuesto que existirán puntos donde se estará o no de acuerdo con Sánchez Vásquez, en una opinión muy personal, por lo vivido, visto, leído, aprendido, y sobre todo por los resultados del socialismo y el capitalismo, tengo poca fe en que determinado sistema sea la solución, de lo que si estoy seguro es que no hay soluciones absolutas, quien así lo sostenga, respeto su opinión, pero eso me olerá a marxismo dogmático.

Independientemente a las posturas e ideologías de cada quien,  Sánchez Vásquez le da un valor supremo a la utopía incluyendo a la que pensáramos irrealizable, porque en cualquier sistema en que sé viva, cuando sé es utopista sé es crítico, y con la utopía denunciamos lo injusto de la realidad, por eso el filósofo apuntó: “Lo real es vivido como algo negativo o insatisfactorio.” Con la utopía criticamos esa realidad y creamos un mundo ideal aunque sea imaginario.

 ¿Acaso no vivimos bajo estas reglas en casi todos los aspectos de nuestras vidas?

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