Nada difícil explicarse la disminución del fervor patrio, es la consecuencia natural de la falta de resultados de las políticas públicas implantadas en este sexenio; muy poco puede celebrar un país sumido en la pobreza y con muy bajas expectativas de crecimiento económico.
A lo anterior hay que sumar la pérdida de confianza en la autoridad presidencial, consecuencia de los escándalos de la Casa Blanca y de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.