En su visita a los Estados Unidos, el Papa Francisco se mostró atento a los padecimientos de la comunidad migrante y frente al presidente Obama reivindicó las aportaciones de todos los que han llegado de otras naciones a trabajar y vivir en este país, pero no se quedó en el pronunciamiento formal:  fue más allá y “tiró línea” a los cardenales y obispos para que abran las puertas de sus iglesias y reciban a quienes son perseguidos por su situación migratoria.

La actuación del Papa está sacudiendo muchas prácticas al interior de su iglesia, resta ver si esta dinámica es adoptada por el conjunto de la estructura eclesial que en su mayoría se encuentra muy instalada en el confort que les permite la lejanía con los problemas mundanos.