Claroscuros
Por José Luis Ortega Vidal
18 de septiembre de 2015

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Ayer se cumplieron 4 años tras la desaparición del joven reportero Gabriel Fonseca Alemán “Cuco”, visto por última vez –con vida- el 17 de septiembre del 2011 frente al centro comercial Súper Ahorros y la central de autobuses de Acayucan, en el Sur de Veracruz.

“Cuco” forma parte de la funesta lista de 15 comunicadores muertos o desaparecidos a lo largo de los últimos diez años en Veracruz.

Lista que, en sentido estricto, es más grande sólo que desde el reconocimiento institucional oficial no se incluyen en su ámbito de responsabilidades casos de periodistas veracruzanos que han sido agredidos en zonas colindantes como el vecino estado de Oaxaca.

La noche del 15 de septiembre, en el contexto del “Grito de Independencia” de Xalapa, capital del estado, el fotoperiodista Karlo Reyes, de AVC Noticias, fue agredido: golpeado, arrastrado por un grupo de sujetos vestidos de civil y portadores de un pin, a manera de identificación, discreta pero útil para su operación en equipo.

¿Quiénes son esos agresores?

¿Para quién trabajan?

He ahí dos preguntas clave cuya respuesta –de urgente necesidad- permitiría deslindar responsabilidades para todos: el gobierno, la sociedad y la delincuencia.

¿Por qué incluir en un mismo ámbito de deslinde de responsabilidades al gobierno y la sociedad que operan del mismo lado del interés común y a la delincuencia que es harina de otro costal, dado que su existencia misma implica una violación de la Ley?

La respuesta es: porque en los días que corren todo está mezclado; todo se enreda; entre la sociedad civil hay delincuentes operando; dentro del gobierno hay mafiosos incrustados; dentro de las mafias hay operadores oficiales.

La historia nos enseña que esta mezcla ha existido siempre pero la de hoy, en México y en Veracruz es una extrapolación de esta situación: es muy difícil –en la actualidad- quién es quién hasta en una rueda de prensa o en una misa dominical; ya no digamos en un acto delincuencial como el sufrido por Karlo Reyes y, como lo muestran los datos con el paso del tiempo, en la desaparición del propio Gabriel Fonseca Alemán “Cuco”.

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Marco Antonio Aguirre Rodríguez, analista y Premio Nacional de Periodismo nativo y vecino de Veracruz escribió ayer en su columna “Místicos y Terrenales”:

“La agresión contra el fotoperiodista Karlo Reyes evidenció tres situaciones plenamente:

  1. El Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, no ha funcionado hasta ahora
  2. Existe un clina de agresión hacia la prensa de Veracruz y de evidente impunidad
  3. No hay voluntad de investigar los casos a plenitud

El Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, es una herramienta de protección para quienes realizan actividades de este tipo, el cual llamó más la atención después de que el 19 de agosto Enrique Peña Nieto dijo haber instruido para que se fortaleciera.

“En el ámbito preventivo, he dado instrucciones a la Secretaría de Gobernación (Segob) para seguir fortaleciendo el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas”, dijo durante la 33 asamblea de la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia.

Esto ocurrió después de que el 15 de agosto más de 400 intelectuales, artistas y periodistas de todo el mundo pidieron al presidente Enrique Peña Nieto resolver el homicidio de Rubén Espinosa y demás agresiones contra periodistas en México (http://goo.gl/TaVTq0 )

La WOLA (Washington Office on Latin America) un mecanismo de derechos humanos, desde principios de este 2015 emitió una fuerte crítica a la ineficacia del Mecanismo, el cual se implementó desde el 2012.

Pero el llamado presidencial hasta ahora tampoco ha servido para que sea más eficaz.

Karlo Reyes está suscrito al mismo y después de la agresión sufrida activo el llamado “botón de pánico” que implicaría una respuesta inmediata… pero nadie atendió.

La implementación supuestamente es muy sencilla:

Cuando un periodista o persona defensora enfrenta algún riesgo a consecuencia de su trabajo puede solicitar personalmente o a través de tercero la protección del Mecanismo.

La solicitud la puede hacer de cualquier forma: escrita, verbal, teléfono, correo electrónico. Correo electrónico: mecanismo@nullsegob.gob.mx Teléfono: 01 800 800 40 50 ó (55) 52 09 88 00 ext. 30863 y al celular: 044 55 45 54 82 37” (http://misticosyterrenales.blogspot.mx/)

 

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Arturo Reyes Isidoro, veterano periodista, académico y servidor público nativo del sur de Veracruz subtituló su Columna Prosa Aprisa de ayer: Pulcritud en la investigación, o escándalo y ahí escribe:

“También los compañeros del agredido salieron a hacer declaraciones para decir que contaban con imágenes de la agresión, que Karlo cumplía con su trabajo cuando fue agredido y que vieron cuando lo arrastraban hacia una camioneta. Por la tarde la Comisión Estatal de Derechos Humanos reaccionó instruyendo “a personal de la Comisión para que se avocara a su localización, estableciendo contacto de manera pronta con él y su familia, brindándole todo el apoyo necesario”. La única que no se apareció, seguramente por los efectos de la cruda de la noche del Grito, fue la inútil Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (je je).” (http://www.buzonxalapa.com/articulos/por/33-arturo-reyes-isidoro)

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Las agresiones al gremio periodístico en Veracruz o ligado a Veracruz –caso Rubén Espinoza- continúan.

Esto es un hecho incontrovertible.

Existe una amplia diversidad de versiones, de hipótesis, puntos de vista en torno a quiénes son los responsables de estas agresiones y al origen u orígenes de las mismas, pero el hecho concreto es que las agresiones ahí están, no se detienen y los mecanismos oficiales para atenderlas no funcionan en forma adecuada, no cubren las expectativas creadas con su nacimiento, no consiguen el objetivo para el que fue se les conformó y para el cuál se les asignan recursos públicos federales y estatales.

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Al tiempo de exigir justicia y atención y seguridad para Karlo Reyes…

Al tiempo de seguir exigiendo justicia para Gabriel Manuel Fonseca “Cuco” y atención a su familia que vive en condiciones de extrema pobreza…

Al tiempo de contextualizar la historia de “Cuco”: trabajó desde niño en lugar de estudiar, buscó ser periodista y soñó con ser profesionista para hacerse cargo –algún día- de su hermano menor y de sus padres…

Al tiempo de explicarnos, investigar, detallar la lista de los 15 casos de muertos y desaparecidos del gremio periodístico veracruzano y sumar a quienes han ejercido esta profesión aquí, aunque hayan sido victimados en territorio de Oaxaca o en el Distrito Federal…

Es necesario abrir nuestra perspectiva sobre este tema…

Entender que acusar objetivamente implica acusarnos objetivamente…

Admitir que señalar con datos duros implica señalarnos con datos duros…

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En todos y cada uno de estos casos, el Estado tiene un responsabilidad que puede ser directa o indirecta…

Que puede ser por acción u omisión…

Que puede surgir desde su implicación específica: sería el caso, si los agresores de Karlo Reyes fueran policías vestidos de civiles…

O implicación contextual: sería el caso, si los agresores de Karlo Reyes no son policías, sino delincuentes que actuaron con toda impunidad, en un magno evento oficial con presencia de cientos, de miles de policías…

Se agrava la responsabilidad del Estado, al comprobarse la ineficiencia de los mecanismos ya señalados en los argumentos 2 y 3 de este CLAROSCUROS…

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Cuando Gabriel Manuel Fonseca “Cuco” desapareció, en Acayucan existían reporteros que recibían dinero de grupos delincuenciales instalados en aquella región.

Uno de estos reporteros mafiosos, hacía las veces de enlace entre el “jefe de la plaza” y los periodistas –sobre todo de la sección policiaca- que vendían su pluma y/o su silencio a cambio de dinero en efectivo y entregado cada determinado plazo.

Refiero aquellos casos –no emito juicios al respecto- a partir de fuentes confiables que me han compartido la información.

Hubo quienes, invitados a sumarse a la lista de los “pagados” por la mafia, no aceptaron y siguieron y siguen desempeñando su trabajo bajo los riesgos que –sabemos todos- implica el ejercicio periodístico en el Veracruz de siempre pero de modo particular en el Veracruz de hoy.

Algunos que decidieron no recibir el dinero sucio, fueron amenazados.

¿Fue el caso de Cuco?

¿Por eso lo desaparecieron?

No lo sabemos pero el gobernador Javier Duarte recién ha declarado que a los periodistas los matan los narcotraficantes y por tanto surge la pregunta: ¿El jefe del ejecutivo veracruzano tiene datos específicos y comprobados sobre el caso de Gabriel Manuel Fonseca, que los periodistas que exigimos su aparición no tenemos?

Este punto es muy importante para efectos de construir –entre todos- una verdad objetiva, profunda, acerca del destino de un colega y de un hijo cuya familia vive en la absoluta angustia.

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En Acayucan, a partir de la compra de plumas y silencios de parte del crimen organizado hubo choques de intereses, pleitos verbales, acusaciones mutuas entre quienes recibían el dinero y lo repartían y quienes sólo lo recibían…

Aquellos días de Acayucan fueron sangrientos; se hallaron fosas clandestinas, además de que hubo y hay secuestros y desapariciones en diversos sectores de la sociedad.

Esos procesos de descomposición social son responsabilidad –mayoritariamente- del Estado, porque de acuerdo a la teoría del sociólogo Max Weber:

“Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio (el “territorio” es elemento distintivo), reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima. Lo específico de nuestro tiempo es que a todas las demás asociaciones e individuos sólo se les concede el derecho a la violencia física en la medida en que el Estado lo permite. El Estado es la única fuente del “derecho” a la violencia.”

Weber, Max; La política como vocación;

Alianza Editorial 2009, trad. Francisco Rubio Llorente; pp. 83-84.

(https://books.google.com.mx/books)

Pero los susodichos procesos de descomposición social también son responsabilidad de la llamada sociedad civil.

He ahí donde hago referencia a la mezcla de Gobierno-Crimen Organizado-Sociedad.

¿Hasta cuándo?

La respuesta general a esta pregunta, quizá está en la historia, en la escrita y en la que escribimos día con día.

Las respuestas individuales a esta pregunta: parten del cada quien que se liga inevitablemente a la colectividad, a las colectividades…

¿Qué funciona?

¿Por qué?

¿Qué no funciona?

¿Por qué?

He ahí otras preguntas que nos remiten a otros, muchos otros, intentos de respuesta.