Escuchando a Tomás Ruiz en reunión con los miembros de Otero Ciudadano, y ante el desastre presupuestal que ha significado el túnel sumergido de Coatzacoalcos, me puse a pensar en mi madre.

Ella no terminó sus estudios primarios, pero sabía contar muy bien. Tenía muy claras cuáles eran las prioridades en su vida y por supuesto la familia estaba por encima de ambiciones particulares. Cuando se dio cuenta de que el dinero que ganaba mi padre en la calera Nachón no iba a alcanzar, entonces se puso a comprar kilos de pepita pipiana para luego venderla ya pelada. Después alguien le enseñó el comercio de las semillas tostadas y los cacahuates fritos, de las jícamas en rebanada, las naranjas peladas y los pepinos en forma de corona y puso su negocio ambulante. Recuerdo que por las tardes uno de mis hermanos mayores iba a donde mi madre tenía su puesto ambulante para pedirle los cinco pesos para la cena. Así estuvo un tiempo, trabajando en la esquina de las calles Sayago y Revolución, donde hoy hay una Farmacia del Ahorro, pero antes una mueblería llamada “La Única”.

Cuando a mi padre le ofrecieron una casa del Infonavit le dijo a mi madre que la iba a rechazar porque no tenía dinero para el enganche. Entonces mi madre le dijo que la aceptara y fue a un rincón secreto donde tenía unas latas de aceite, de esas de antes, llenas de monedas de cinco pesos; “ten para el enganche de la casa”, le dijo a mi padre. Finalmente, mi madre terminó de pagar ella sola la casa.

Mi madre se hizo una buena comerciante, tuvo negocios prósperos pero siempre fue muy buena administradora. Cuando tuvo cafeterías escolares lo primero que reunía era el dinero de la renta, después el dinero de sus empleados, después el dinero para surtir el negocio y hasta el final contaba sus ganancias. Nunca quedó a deber rentas, ni dejó a sus empleados sin una semana de sueldo.

Mi madre dio estudios universitarios a todos sus hijos; mis hermanos son maestros y yo soy un escritor metido a periodista. Una de las grandes enseñanzas que me dio mi madre fue la de no endeudarme. Si no tenía dinero para comprarme algo, lo mejor era no comprarlo. Nunca nadie le fue a reclamar un peso a mi madre, nunca se endeudó.

Escuchando a Tomás Ruiz me acordé de mi madre. Tomás hablaba de estrategias financieras, de presupuestos que con el tiempo varían y por ello se había multiplicado para los veracruzanos el costo del famoso túnel sumergido de Coatzacoalcos. El secretario de Infraestructura y Obra Pública explicó: “Ahora ese monto de 3 mil 500 millones de pesos de 2004, si lo pasamos a pesos de 2015 equivalen a 5 mil 200 millones de pesos. Pero no es que exista una variación de 2 mil millones que desaparecieron”.

Mi madre no tiene una Maestría en Economía Política Internacional por la Escuela de Asuntos Públicos Internacionales de la Universidad de Columbia como Tomás Ruiz; mi madre no presume un doctorado en Economía e Instituciones, por la Universidad Complutense de Madrid, España como Javier Duarte; mi madre ni siquiera terminó la primaria, pero apenas sabiendo contar pudo sacar adelante a su familia, supo sacar adelante sus empresas, supo pagar a sus empleados siempre a tiempo, supo construir, supo proveer, supo dar educación y seguridad, supo dar valores y principios, supo ahorrar, supo economizar y nunca aprendió a endeudarse.

¿Qué es lo que pasa entonces con todos estos funcionarios que presumen doctorados en la Complutense, maestrías en el ITAM, licenciaturas en la UNAM o en la UV? ¿Qué es lo que pasa con estos funcionarios que se van al extranjero a estudiar Economía y conocen de asuntos fiscales y de balances y de estadísticas y de políticas financieras? ¿Qué es lo que pasa con estos funcionarios a los que se les paga un sueldo para que administren los recursos públicos? ¿Qué es lo que pasa con estos servidores públicos que en lugar de servir a los ciudadanos se sirven a ellos mismos? ¿De qué les han servido tantos estudios?

La diferencia es que mi madre siempre tuvo valores, de esos que van fundamentados en principios.

Si usted revisa los planes de estudio de estas universidades extranjeras a las que han ido a estudiar nuestros funcionarios, en ningún plan de estudios está la materia de Valores o Principios. Aparte, mi madre siempre tuvo claras sus prioridades, y una de sus prioridades era su familia, pero la prioridad de los funcionarios públicos que nos han llevado al quebranto financiero es su ambición, sus intereses personales.

Postdata 1: Héctor Yunes sobre el endeudamiento

Sobre el endeudamiento, el senador Héctor Yunes Landa ha señalado que es un  tema que se debe tratar sin apasionamientos. Sin embargo, precisó que si el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) no hubiera determinado en su último informe el ingreso de poco más de medio millón de veracruzanos a la pobreza, este tema no resultaría tan polémico, “quiere decir entonces que algo no funciona bien”.

Postdata 2: Pepe Yunes y Pablo Milanés

Ante la tragedia de Chile por la caída de Salvador Allende, Pablo Milanés compuso una canción a Santiago, la capital chilena. Esa misma canción citó el senador Pepe Yunes pues también contempla las ruinas de un estado financiero en Veracruz: “(Pablo Milanés) dice que disparará las primeras balas más temprano que tarde y sin reposo. Que retornarán los libros y las canciones que quemaron las manos asesinas. Que resurgirá su pueblo de las ruinas y que pagarán su culpa los traidores. Habrá futuro en Veracruz, créanme”.

Armando Ortiz                                                                                  aortiz52@nullhotmail.com