El gobierno de Veracruz está en la obligación estratégica de reestructurar su deuda para darse un respiro y poder cumplir con los compromisos de pago, muchos de los cuales son ineludibles, el de la nómina uno entre tantos. Los argumentos que se quieran esgrimir a estas alturas ya podrían ser irrelevantes porque el de mayor peso lo demuestra la insolvencia en que ha caído la administración estatal. Que si es para “blindar a Veracruz”, o para que “se convierta en factor de desarrollo” ya no tiene peso, lo urgente es que el gobierno cumpla con sus compromisos porque el término del mandato está a su fin. Lo del cuento de que no implica una nueva deuda también es por demás, se requiere dinero y no hay otra forma más que pedirlo prestado. Hasta dónde hemos llegado.