Claroscuros
Por José Luis Ortega Vidal
11 de septiembre de 2015

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La crisis económica que padece México en el 2015 tiene un origen en el panorama económico mundial cuya picada financiera actual nos remite a la crisis mundial del 2008.

Apenas siete años atrás el sector financiero del planeta se sacudió ante la caída del sector hipotecario norteamericano, lo que se tradujo en derrumbes –uno tras otro y uno con otro- de bolsas de valores en Asia, Europa y América y el resto del mundo.

A tal situación se sumaría -en poco tiempo- el derrumbe, otra vez mundial, de los precios del petróleo.

A países desarrollados cuya economía tiene en la compra-venta de petróleo sólo una de sus múltiples estructuras básicas de apoyo, esta nueva crisis mundial les afecta en menor proporción respecto a los países cuya economía depende mucho del hidrocarburo: caso México.

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En un cálculo teórico: de una disminución promedio en el precio del barril de petróleo -para el 2016- hasta los 43 dólares por unidad y a una paridad promedio-también para el próximo año- de 16.5 pesos por dólar, el gobierno mexicano dejaría de percibir unos 225 mil 843 millones de pesos, sólo por ingresos petroleros.

Este cálculo se ha hecho con base en datos hipotéticos que se ubican en el 2015.

Sin embargo, recordemos que este año, el precio del barril de petróleo llegó a ubicarse en los 33 dólares por unidad y el dólar rebasó la frontera de los 17 pesos.

De tal modo que si en el 2016 esta situación se repitiera la pérdida sería mucho mayor a la calculada.

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Por lo pronto, en el paquete económico 2016 enviado el martes 8 de septiembre por el Presidente Enrique Peña Nieto al Congreso de la Unión -a través del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray- se reduce el gasto público en 221 mil millones de pesos.

Las cifras coinciden: se sabe que el precio del petróleo seguirá a la baja en el 2016 y al representar dicho producto uno de los más importantes ingresos del gobierno mexicano, la administración federal pone sus barbas a remojar y anticipa un gasto menor que se ha calculado en 4 billones 746 mil millones de pesos.

Una reducción de 221 mil millones de pesos representa dos veces (y un poco más) el presupuesto público estatal del Estado de Veracruz que en el 2015 fue de 102 mil millones 574 mil pesos.

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Es importante subrayar que si bien este cálculo es en el orden federal, en sentido estricto afectará las economías públicas estatales y municipales porque al llegar recortada la asignación de recursos a estos niveles de gobierno, cada gobernador y alcalde del país deberán disminuir sus planes de inversión pública para el 2016, un año “de apretarse el cinturón” según lo dicho por el propio Peña Nieto y un año de una crisis económica mayor a la que estamos padeciendo en el 2015 que apenas va en el noveno mes.

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Un punto medular del recorte de gastos para el 2016 lo constituye la determinación en los planes -y luego en la práctica- sobre cuáles serán los rubros con menos dinero.

Salud, educación, seguridad son temas clave para una estabilidad social cada vez más débil (hay regiones del país donde no existe) y todos presentan severos daños estructurales y operacionales.

Luis Videgaray Caso afirma que estos rubros no se tocarán ni con el pétalo de un descuento.

Ya veremos.

Por lo pronto, hay experiencias -en éste y anteriores gobiernos- que nos llevan a no creerle a un Secretario de Hacienda sumamente ocupado en su proyecto electoral personal para el 2018.

Y como sabemos: mezclar temas financieros y de manejo del presupuesto público con ambiciones políticas particulares suele generar una bomba que tarde o temprano estalla y deja muchos heridos -y hasta muertos- sobre todo entre los jodidos, que en México somos inmensa mayoría.

En concreto, el panorama económico del país –aquí hablamos del presupuesto público, pero esto afecta las inversiones privadas- es negativo de cara al 2016 porque apenas apuesta a la conservación de las canicas con riesgo de perder un buen número y no hay manera de pensar en su incremento.

Es decir: si en el 2015 estamos mal en términos financieros en el 2016 estaremos peor y estos datos se alejan de los términos desarrollo social y crecimiento económico que tanto se emplean en la demagogia de nuestra clase política.

De hecho, al cierre del 2015 se siente, se palpa una crisis severa ante la falta de obras, la disminución de empleos, el incremento de la inseguridad y la ausencia de aterrizaje de las reformas estructurales que sabíamos tendrían efectos a largo plazo pero debían generar beneficios en el corto y el mediano plazo también, lo cual no ha ocurrido.

Los efectos de este panorama se habrán de sentir, desde luego, en futuros procesos electorales.