Viernes Contemporáneo
Por Armando Ortiz
29 de septiembre de 2015

Los que percibieron un acercamiento del senador Héctor Yunes con el gobernador Javier Duarte no pensaron en una proximidad institucional. Resulta lógico, uno es senador de la República, el otro es el gobernador del estado. Fueron varias las plumas y varios los amigos cercanos a Héctor quienes le advirtieron que el gobernador no era de fiar, que de Fidel Herrera había aprendido a asestar estocadas en la espalda. Pero Héctor no lo quería creer, continuó acompañando y haciéndose acompañar del gobernador y de los exfuncionarios que en ese momento buscaban el fuero que les da una diputación federal. Ahí está la foto del senador con Alberto Silva en su campaña; ahí está con Tarek Abdalá (por cierto a un lado del hijo de Fidel Herrera); ahí está con Adolfo Mota. Los acompañó y aportó parte de su gran capital político para que ganaran y ganaron.

Sin embargo ese acercamiento tuvo un costo en la percepción de los veracruzanos que dieron por sentado que Héctor ya tenía un pacto de impunidad con Duarte. El discurso del senador se hizo más mesurado, seguía siendo crítico pero con prudencia. No podemos especular al respecto, pero de unas cuantas semanas para acá algo se rompió. Héctor empezó a endurecer el discurso y a prestar oído al clamor de miles de veracruzanos: “Cárcel para los que llevaron a Veracruz a un desastre financiero”. Héctor volvió a hacer eco de ese clamor y habló de pescar peces gordos, de encarcelar a los que defraudaron las finanzas públicas del estado.

La respuesta de Javier Duarte ya la conocemos. Desenterró el hacha de la paz y surtió parejo a los tres Yunes. Después de recibir el simbólico regalo, el senador Héctor Yunes, sentado y con la caña de pescar en mano, sintió el calor del frío puñal en la espalda; atrás de él Juan Callejas padre, Juan Callejas hijo, Alfredo Ferrari, Corintia Cruz, Érika Ayala, Érick Lagos, Vicente Benítez, Alfredo Ferrari y más líderes y funcionarios prósperos estaban cagados de la risa, contemplando la herida del senador en su espalda. ¡Guarde esa foto senador!

Pero Héctor no necesitó tirar la caña para atrapar un pez. Dicen que el pez por la boca muere, y sin darse cuenta el gobernador condenó a su estirpe política. Javier Duarte recomendó a Héctor Yunes que se pusiera a pescar por el Estero, le dijo que ahí iba a encontrar peces gordos “que son peores todavía” que sus correligionarios. Es decir, el gobernador mismo reconoce que los funcionarios que saquearon el estado, no tienen calidad de inocentes ni de buenos. Duarte no dijo son mejores, lo que colocaría a esos funcionarios prósperos en una balanza positiva; Duarte dijo son peores, lo que los coloca en la canasta de las frutas podridas. El gobernador sabe la clase de frutos que dio el árbol de su gobierno; ya lo dice la máxima bíblica: “Un árbol podrido no puede producir frutos excelentes”.

En Veracruz se dio una escisión enorme entre el gobernador y sus senadores. Queda poco más de un año para que este sexenio concluya. Dicen por ahí que a río revuelto ganancia de pescadores. Al día siguiente del regalo, en algunos medios oficialistas, apareció la foto de Alberto Silva junto con la de Pepe Yunes y Héctor Yunes. “La terna oficial para la sucesión de 2016”, anotaban esos medios a ocho columnas.

Ahora resulta que Silva puede ser ese pescador que obtenga ganancias en este río revuelto. Pues siendo tan buen pescador, ¿no habrá sido él, el de la ocurrencia de la caña de pescar? Ese tipo de cosas son las que pasan por su mente.

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