Journal Veracruz
Por Camilo González
11 de septiembre de 2015

Mencionar a Pepe Yunes y no hablar del impulso que recibió del gobernador Miguel Alemán durante su administración, en la que el peroteño fungió como diputado local y presidente municipal, sería no reconocer al político que le abrió los espacios del poder.

Luego, con sus tamaños, fue presidente del PRI y el diputado que consagró la presidencia de la comisión de desarrollo social en San Lázaro. Y es que aquí quisiera evitar las comparaciones, pero al ser inevitables, simplemente diría que Pepe Yunes se parece más a Flavino Ríos Alvarado que a Alejandro Montano (que dudo que entienda a lo que me refiero pero a quien le mandamos un saludo).

Luego en el sexenio de Fidel Herrera se las vio negras contra Cruz, Silva, Carvallo y Erick, a los que se les fueron sumando Adolfo Mota, Pepín Ruiz y así toda una generación que alguien había compilado en un libro de la fidelidad.

Ahora su tío Héctor complica el camino. El pacto de caballeros al que han llegado tiene un dejo negativo: es antidemocrático, pues ya entre ellos dos eligieron quién gobernará los siguientes 8 años, y posiblemente, como escribí en un texto anterior, le podrían dejar a Carlos Brito la elección de quién lo haría después.

La pregunta aquí sería: ¿quién debe elegir, no al candidato en 2016 que desde mi perspectiva está claro quién ganaría si fuera hoy la decisión, sino dentro del PRI, al candidato a gobernador de Veracruz para 2018?

Mi opinión es muy sencilla. Los partidos políticos, desde su concepción actual, están imposibilitados para realizar por sí solos cualquier cambio político, por ejemplo, democratizar sus elecciones internas. De esta manera, una verdadera revolución política sería la de permitir la participación social, ocurra lo que ocurra. Pero como a quienes controlan los partidos políticos actuales les encanta tomar decisiones bajo lo que ellos creen que es el actual estado de cosas, no se percatan de varias realidades que cambiaron el escenario local:

  1. El costo político de la reforma hacendaria es una factura pendiente. Una de las más arduas y complejas reformas del presidente Peña Nieto se consolidó con diversos acuerdos en el Senado de la República, particularmente desde la comisión de hacienda.
  2. La visión general de la economía que radica en el trabajo legislativo tiene sustento ideológico y trabajo político y económico. Desde esta perspectiva, la visión de los administradores debe tener algún objetivo, en algún momento debe llegar a alguna parte y lograr algunos cambios. Si pretendían sacudir al país con las reformas, y consolidar un posible “momento mexicano”, que ahora nos queda claro que no fue más que una campaña mediática pagada por el Departamento de Estado, este sería el momento para demostrarlo y consolidar la permanencia del PRI frente a Morena.
  3. El daño que le provocan las rancias estructuras priistas que representa sobretodo Morgado Huesca, minan los buenos bonos que trae consigo el legislador federal, pues lo rodea el halo de la corrupción, pero peor aún, de la ineficacia en el servicio público. Es decir, la vieja y clásica visión patrimonialista que consiste en que, por ejemplo en este caso, Morgado Huesca debe tomar todas las decisiones políticas y disponer del dinero público a su antojo, y no bajo criterios técnicos, legales, democráticos pero sobre todo incluyentes y transparentes.

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