Sucesión
Por Rafael Arias Hernández
28 de septiembre de 2015

Faltan 424 días, 14 meses, más deuda y mayores “generosos” impuestos.

Lo que se necesita es gobierno, por supuesto legal, legítimo y eficiente.

Así que, de acuerdo a hechos y evidencias, véase clara y objetivamente. Violencia, corrupción e inseguridad; aunados a pobreza, hambre, sed y marginación popular. Y, para colmo, gobiernos mal administrados, endeudados o en quiebra.

No confundirse, ni confundir. Desde siempre, sobran problemas, necesidades y desafíos. Lo que invariablemente falta es un buen gobierno. Ni más ni menos.

PADECER UN DESGOBIERNO.

Leyes injustas. Arbitrario aumento de impuestos. Uso y abuso de cuantiosos presupuestos, sin verdadera transparencia ni acceso a la información. Injustificados endeudamiento y privatización. Favoritismo y apoyo discrecional a socios y negocios.

En todo tiempo y lugar, lograr un buen gobierno es el gran desafío, para cualquier pueblo.

Pensar que automáticamente llegan respuestas y soluciones, con las elecciones es un grave error.

Más cuando ineptos y corruptos están obligados a reciclarse para encubrirse y protegerse. Simulación e impunidad les dan la oportunidad.

Si las necesidades de un pueblo crecen. Y no se satisfacen ni siquiera las básicas, de garantía y seguridad de vida de las personas y su patrimonio; de orden y justicia, para convivencia civilizada y solución pacífica de problemas y conflictos individuales y colectivos.

Si permanecen o aumentan injusticia e inseguridad, corrupción y crimen; si hay más pobres, marginados, inseguros, hambrientos y sedientos.

Entonces, simple y sencillamente quiere decir que no hay gobierno, a la altura de las de las circunstancias, de libertades y derechos humanos.

¿CUÁL DEMOCRACIA?

De entrada, hay que tener siempre presente que la Democracia no se reduce al voto, la urna y el acta, que se supone determinan y deciden, respecto a candidatos. Algunos, simples aspirantes y suspirantes, cada vez más “mediáticos y milagrosos”, dotados de súper poderes, que prometen y se comprometen a todo.

La Democracia no se puede ni debe comprimir y sobre simplificar en el acto de elección.

Indebido confundir, lo que debe ser una forma de vida; sistema permanente de participación y acción ciudadana y social; expresión cotidiana de la voluntad popular, en todo asunto público y actividad gubernamental.

Sistema, forma de vida y expresión que va más allá de la elección, que se extiende y continua en el seguimiento y control de gobernantes, funcionarios y servidores públicos; en el logro de objetivos y metas sociales; en la exigencia puntual de transparencia y rendición de cuentas, de fiscalización y evaluación, en principio, no por los mismos presuntos, señalados y acusados.

Importante saber a tiempo y con certeza, que hacen los gobiernos y que no; si se hace bien o mal, si hay avance o retroceso, acierto o error.

Evaluar. Distinguir unos de otros para consolidar aciertos y mejorar avances; para corregir errores, evitar daños, pérdidas y sacrificios.

Urge asegurar, permanente eficiencia gubernamental, en legalidad y legitimidad. Prioritario combatir, reducir y erradicar crimen y delincuencia; garantizar seguridad y estabilidad, justicia y bienestar; y, desde luego, actualizar y elaborar, aplicar y evaluar políticas públicas económicas, sociales, ambientales y de todo tipo, que la sociedad reclama.

Esto y más, es Democracia, siempre responsabilidad de ciudadanos y sociedad.

Irrenunciable gobernar al gobierno. Por eso es obligado exigir a todos los servidores públicos sin excepción, no más simulación. Real y efectiva rendición de cuentas, fiscalización y evaluación.

¿Presuntos responsables? ¿Prófugos potenciales? ¿Beneficiarios reciclables de la continuidad de la impunidad?

Dañino y contraproducente, dejar que el gobierno se controle y fiscalice asimismo; que sólo se auto evalué, auto sancione y auto corrija, ya que simplemente no lo hace ni hará.

Simular y engañar se convierte en principio de sobrevivencia para irresponsables e ineficientes, corruptos y delincuentes. Apoyarse, encubrirse y protegerse se vuelve costumbre y cultura de la impunidad.

La mínima evaluación en Veracruz, demuestra la costosa simulación de la fiscalización. Ahí están, en la comodidad presupuestal, la lavandería de la Contraloría, el Órgano de simulación superior (ORFIS) y la minusválida Comisión de Vigilancia del Congreso del Estado.

No ven, ni encuentran lo que es escándalo en todas partes; hasta la Auditoria Superior de la Federación, en pequeña muestra descubre responsabilidades y culpables.

La sucesión en Veracruz se lleva y llevará a cabo en este contexto.

 

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