Entre Columnas
Por Martín Quitano Martínez
02 de septiembre de 2015

 

Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo.

Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.

 

 

Apenas la mitad del recorrido y los resultados del gobierno de Peña Nieto dejan en claro la suma de las incapacidades para enfrentar y sacar adelante un país marcado por una crisis institucional, social y económica que con él y su equipo se acentuó y profundizó. Queda en entredicho el eslogan propagandístico de la campaña que los lleva a la presidencia, en el que se regodeaban en la supuesta experiencia para gobernar, pues mostró sus debilidades ya que ellos tampoco han podido “Mover a México” del estado de deterioro en que lo recibieron.

 

Un sexenio que tuvo ya su, “momento mexicano”, en el que ciertamente -se coincida o no con ellas-, se han realizado reformas estructurales establecidas como garantes de los cambios requeridos por el país para reorientarse en el desarrollo, se encuentra entrampado y sin rumbo claro a la mitad del camino, con escenarios de futuro aún más desalentadores que los enfrentados en los dos primeros años de la administración.

 

El gobierno mexicano se encuentra asediado por una crisis económica que echa por tierra sus iniciales y optimistas cálculos financieros, ya que no ha podido concretar ninguno de los pronósticos de crecimiento económico que habían presupuestado, dejando en evidencia la ausencia de prospectiva y los errores derivados de no calcular los escenarios que se enfrentarían, con lo que nuevamente resalta la falta de experiencia que tanto presumen.

 

Es de resaltarse que después de 12 años gobernados por el PAN, llega este PRI a la presidencia y después de 3 años no se logra distinguir la diferencia en ninguno de los planos de la vida nacional.

 

El país ha continuado transitando en la aplicación del modelo económico impuesto por los organismos supranacionales, el cual ha demostrado su incapacidad como generador de bienestar social y desarrollo productivo; un modelo expoliador que violenta hasta hacer desaparecer los derechos sociales conquistados, que desmonta más despiadadamente el estado social, deteriorando a sus clases medias y cancelando cualquier oportunidad para sus pobres.

 

Enriquecimiento cupular y empobrecimiento masivo han sido la dinámica preponderante del modelo que ha continuado prevaleciendo en estos 3 años del gobierno peñanietista; la inocultable desigualdad económica se muestra cada vez con mayor crudeza y no sólo en las encuestas, sino en la intransigencia social que se hace patente en vastas zonas del país.

 

El Tercer informe peñanietista es el momento que aglutina la descomposición de un régimen que llega con los mínimos niveles de aprobación de los últimos tres años, con un presidente acorralado que tiene ante sí la tragedia de una violencia que, aunque no nueva, si es más descarnada que nunca, donde se desnudan los vínculos de las mafias y los gobiernos, donde se muestran las componendas que enmarcan crímenes de estado, donde la impunidad es el ejercicio que anula los derechos humanos y lastima profundamente nuestra democracia.

 

El desgaste institucional es el sello mayor de tres años de un gobierno que cambia para que todo siga igual, de un gobierno amarrado a sus intereses cupulares donde no juegan las mayorías, buscando cínicamente sortear los graves problemas nacionales con la retórica desgastada de que un futuro promisorio nos espera pese a que la dura realidad y su comportamiento muestran la imposibilidad de lograrlo.

 

¿El tercer informe reconocerá los problemas en crecimiento económico, en seguridad, en el incremento de pobreza, en la falta de transparencia y de rendición de cuentas, en la profundidad de la corrupción y la impunidad? ¿Se mencionarán los pendientes para con una democracia que en los actos es desmontada por la falta de resultados palpables para amplios sectores de una población cada vez más incrédula?

 

En realidad se espera poco de una presidencia que al parecer se acabó un sexenio en tres años.

 

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

Para Veracruz, para todos, más que amenazar es mejor demostrar.

 

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