Claroscuros
Por José Luis Ortega Vidal
29 de septiembre de 2015

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El salón del Club de Leones de Acayucan lucía repleto; sentados había, por lo menos, unos mil ganaderos de la llamada “Llave del Sureste”.

Era un domingo caluroso y se llevaba a cabo el relevo de la directiva en la Asociación Ganadera Local; contendían el dirigente, médico veterinario Sergio Nassar Viveros – iba por su enésima reelección- y su rival: el abogado Armando Díaz Carballo.

Finalizaba la década de los noventa; aquella era una de las primeras elecciones donde el gremio ganadero acayuqueño vivía una verdadera contienda –dispareja, pero contienda al fin- tras décadas de cacicazgos disfrazados de convivencias electorales.

A punto de realizarse la elección a mano alzada donde, se sabía, el médico Sergio Nassar tenía el control de los socios de la AGL, un furibundo simpatizante de Díaz Carballo –seguro perdedor pero valiente contrincante y gestor de la conciencia gremial y la democracia de los productores pecuarios- subió a tribuna y lanzó un encendido discurso.

Luego de 40 minutos de exhibir los motivos por los que aquella jornada no era una elección, ni era democrática, ni representaba otra cosa que no fuera la compra de votantes indiferentes y contentos de ser comprados, se empezaron a escuchar abucheos y gritos de “ya bájese, ya cállese…”

Los ganaderos que gritaban, esperaban alzar la mano, darle otros dos años de poder al titular de la AGL, recibir los alambres para cercos, sillas de montar y demás enseres que les serían obsequiados, además de degustar la rica barbacoa cuyo olor despertaba el apetito ya muy presente entre la turba…

El maestro Joel Vargas Cruz -ex dirigente de la Sección 32 del SNTE en Veracruz, ex diputado local, ex orador oficial en el equipo de Carlos Jonguitud Barrios (+) durante su mandato nacional al frente del SNTE- concluyó su exposición con las siguientes palabras:

“Ya me voy, a bajar; ya me voy a bajar… sólo les voy a recordar que en política pasa lo mismo que con los perros de rancho: nomás el primero sabe a qué le ladra, los demás ladran a lo puro pendejo…”

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En política hay momentos para todo.

Aquella memorable tarde donde un pequeño grupo de ganaderos acayuqueños daban pie a la construcción democrática en un gremio anquilosado y acostumbrado al control corporativo, terminó con una comida entre el candidato perdedor, el orador que le defendió y unos 20 seguidores que sonrieron ante los hechos y continuaron con sus afanes personales y sus planes de que la Asociación Ganadera Local de Acayucan fuera mejor.

Al paso de los años las circunstancias de los productores ganaderos han cambiado mucho; entre otros motivos porque se modificó la Ley que obligaba a la existencia de una sola agrupación y hoy puede haber tantas como los productores deseen y organicen, lo cual -desde luego- constituye en sí mismo un avance democrático.

Cada día hay mayor información y educación entre los ganaderos sureños: la Universidad Veracruzana -por ejemplo- abrió la carrera de Ingeniería en Sistemas de Producción Agropecuaria Campus Acayucan y muchos hijos de ganaderos y campesinos estudian allí y llevan sus conocimientos a la parcela o al rancho familiar.

No todo son miel sobre hojuelas: los abigeos siguen dañando al sector; la falta de sanidad animal en Oaxaca, Chiapas, Tabasco –entidades vecinas cuyos hatos ganaderos se vinculan en procesos de compra-venta con los sudveracruzanos-  contribuyen al impedimento de que la carne de res que se produce en el Sur se pueda exportar, lo que abona a la falta de desarrollo del sector.

En fin, los procesos de ajuste estructural de una sociedad no son automáticos, llevan mucho tiempo y requieren de madurez entre todos sus integrantes: desde los productores hasta los consumidores, en el caso que nos ocupa; desde los aspectos técnicos hasta los políticos, para referir a la elección donde los productores escucharon que reelegían a un cacique pero ellos decidieron reelegir a ese cacique y así se concretó.

 

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He recordado esta historia que me tocó vivir como reportero en Acayucan, luego de informarme sobre lo ocurrido entre el gobernador Javier Duarte y los Senadores Héctor y José Yunes, durante la toma de protesta de la nueva dirigencia estatal de la CNC veracruzana, el pasado domingo 27 de septiembre.

Recordé, asimismo, las palabras del sabio político tuxpeño que fue Jesús Reyes Heroles, quien afirmaba que en política “la forma es fondo”.

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La caña de pescar que el gobernador entregó al Senador Yunes constituyó una agresión en respuesta a lo que jefe del ejecutivo consideró, previamente, una agresión de parte del legislador, militante del PRI como él.

La declaración de Héctor a media semana, en el sentido de que llegaría al poder estatal para buscar peces de todo tamaño caló hondo en un grupo –el fidelista- que cumple once años con la gubernatura de Veracruz en las manos.

Todos sabemos en Veracruz de la animadversión política entre las familias Yunes – los Linares, los Landa, los Zorrilla- y la fidelidad encabezada por Fidel Herrera Beltrán.

Declaraciones, acusaciones, golpes mediáticos de uno y otro bando han llenado páginas de medios informativos nacionales y estatales durante más de una década.

Nunca, empero, las cosas habían pasado de lo político a lo personal, a lo familiar, al ataque frontal y humillante, como ocurrió el domingo en el World Trade Center.

En política nada es gratuito.

Todo acto, por muy sencillo que parezca o sea, tiene consecuencias y lo sucedido el fin de semana pasado tendrá las suyas y las veremos a lo largo de los meses e incluso de los años.

Al involucrarse personajes con investiduras otorgadas por el voto popular, el tema rebasa  los escenarios particulares y entra al ámbito de lo público.

Y dado el tono de lo dicho y hecho, la pugna es motivo de preocupación. Preocupación política, si se quiere ver sólo así, pero preocupación…

 

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Hay muchos motivos por los que Veracruz exige un discurso de mayor seriedad y calidad…

Hay muchas razones por las que Veracruz representa una personalidad histórica cuya investidura demanda acciones y actores políticos de la más alta estatura institucional:

Por Veracruz entró –hace casi cinco siglos- la construcción de una nueva nación llamada México.

Veracruz fue escenario de la firma –en el siglo XIX- de las Leyes de Reforma, elemento esencial para la creación del Moderno Estado Mexicano.

Veracruz ha aportado víctimas históricas a la defensa de la Patria ante invasiones extranjeras.

Desde Veracruz partió el personaje derrocado y expulsado por la Revolución que devino fundación de instituciones y madurez colectiva cuya lentitud, fallas y deudas sociales profundas, no impiden llamarnos nación protagónica en el concierto mundial de naciones.

No alcanzan las páginas de libros escritos y por escribir para narrar, explicar, determinar, reflexionar, discutir, describir, analizar todo lo que es Veracruz en la historia, las artes, los deportes, la multiplicidad de culturas, lenguas, lenguajes, aportaciones económicas y frente a todo ello sobre los rezagos, los fracasos y los pendientes de nuestra insigne entidad.

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Por todo lo anterior, queda claro que Veracruz es más que una caña de pescar y lucha de intereses de grupos y personas.

Hay tantas interpretaciones a lo ocurrido el domingo 27 de septiembre en el WTC de Boca del Río, como testigos y lectores habemos.

Lo importante, lo esencial es no perder de vista que lo ocurrido en el evento de la CNC no representa a Veracruz y no representa a los veracruzanos.

Somos un Estado cuya historia, su pasado, su presente y su futuro, están por encima de los lamentables hechos protagonizados por un grupo de políticos a quienes es necesario pedirles, demandarles, exigirles que piensen en la entidad que representan y en el ropaje político prestado que visten, antes de pensar y ocuparse en los asuntos que son estrictamente de su incumbencia.