asamblea-pri-619x348Vía crítica
Por Miguel Ángel Gómez Polanco
03 de septiembre de 2015

“Mantener una disciplina de sostén al orden legal, mediante la

unificación de los elementos revolucionarios del país”

Base Estatutaria; Partido Nacional Revolucionario – 1929

La Revolución Mexicana, sin duda, marcó un antes y un después en la historia de México. Eso cualquiera lo sabe; incluso, pese a haberse desarrollado bajo la ausencia de verdaderos liderazgos (Zapata y Villa eran íconos de poder distribuido, más no líderes propiamente).

Sin embargo, la etapa posrevolucionaria fue la que verdaderamente desencadenó los cambios más drásticos en nuestro país, cuando nació el presidencialismo, la Iglesia se sublevó, no para ganar, sino para ubicarse por sí misma en el estatus que le correspondía dentro de un país insurgente y cada día más plural, así como por la creación del Partido que ejerció las acciones de aglomeración revolucionaria (o unificación, como ellos le llamaban) más “ocurrente” pero efectiva de la que se tenga registro: el Partido Revolucionario Institucional.

Y es que justamente posterior al asesinato de Álvaro Obregón, comenzó el asunto que aquí se expone y que mediante algunas comparaciones, dará sentido al título al panfleto. Ya verá por qué.

Resulta que hubo un individuo, nombrado “el máximo revolucionario” (de ahí lo del “Maximato” y, bueno, ya sabe usted el resto) que tuvo una trascendental “idea”, allá por el fatídico período de crisis económica mundial de 1929.

Plutarco Elías Calles, a quien atribuían ser partícipe del gobierno dual durante el primer ciclo de Álvaro Obregón como presidente de México (y al final, el único); luego del fatal acontecimiento en el restaurante Las Bombillas, donde resultó ultimado, inició una etapa de reagrupamiento, con la finalidad de institucionalizar las expresiones revolucionarias y mantener el orden social; algo que en apariencia era un buen planteamiento… aunque probablemente Calles nunca imaginó lo que sucedería durante más de 70 años después.

Es decir: el padre del priísmo, decidió cerrar filas –voluntariamente y a fuerzas- para evitar la alteración del país en tiempos de reestructuración.

Y ahí le va la primera: Veracruz, gobernado por el PRI y particularmente en el presente sexenio, decidió someter a la ciudadanía contra su propio escarnio: a los mal educados viales, los aplacó con un reglamento que castiga, más que a las malas conductas vehiculares, a los bolsillos de quienes habitan un estado en crisis (igual que en aquel México del “Maximato”).

Incluso, el oriundo de Córdoba y Veracruz (así de picudo es) burocratizó al sector considerado hasta ahora, el único insurgente: el periodismo, con la conformación de una “Comisión” cuya finalidad no es otra que definir la diferencia entre una publicación o acción legítima y propia de la libertad de expresión, y otra que no cubra las “expectativas” o lineamientos gubernamentales para otorgársela, siendo descalificada de inmediato.

Ahora bien, el PRI es el principal autor de las operaciones de reclusión social más célebres conocidas y cimentadas en acontecimientos muy curiosos.

Ejemplo de lo anterior fueron: el inicio de la formal demagogia con el juramento del mismo Plutarco en la tumba de Zapata, prometiéndole “seguir con el programa y la libertad agraria”; Gustavo Díaz y el 68; Fernando Gutiérrez Barrios y su “Guerra Sucia” y Miguel de la Madrid con el exterminio de la Red Privada del periodista Manuel Buendía.

De regreso a Veracruz, hubo un omnipresente gobernante que así como de momento estaba comprando un boleto de lotería, de pronto aparecía descalzo, entre inundaciones y abrazando a las víctimas de los desastres naturales que azotaban a la entidad, o inaugurando puentes (de los que hoy se desconoce su paradero).

Por otra parte está el otro que, no obstante su frágil temperamento e inexperiencia para gobernar; al puro estilo de los “grandes” como Gustavo, Fernando y Miguel, decidió “controlar” a la sociedad instándola a “textearresponsablemente” en sus redes sociales (principal medio de comunicación contemporáneo a nivel mundial), con el argumento de que “la seguridad es un tema de todos” y porque resulta imposible “poner un policía a cada ciudadano”, así que lo mejor es no andar en malos pasos, por aquello de que “caigan las manzanas podridas”.

O sea, en pocas palabras, que “calladitos nos vemos más bonitos”… no sea que se sigan engordando (y no, no es chiste pesado) las cifras de desapariciones forzadas -rubro en el que conservamos la cuarta parte del total de éstas en el país- así como la de muertes de periodistas, adquisición de deuda y la del honroso cuarto lugar en índices de pobreza a nivel nacional.

SUI GENERIS

Dicho lo anterior y agradeciendo la consideración por únicamente referirme al pasado inmediato y presente de nuestra rica entidad (por razones que está de más mencionar), pregunto a usted: tomando como referencia los inicios del priísmo, en cuyas bases se funda la actualidad reconocible de nuestro país ¿ah poco no cree Veracruz es una verdadera tierra de buenos y verdaderos priístas, de ésos que “saben” como mantener el orden?

POST-IT: Tan mal anda la administración de recursos en Veracruz (en todos los órdenes) que la Rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, “se vio en la necesidad” de solicitar a la Federación que sus recursos sean directamente depositados en las arcas universitarias, porque acá en el estado quién sabe para dónde se van los dineros con esta etiqueta. Lo malo: le intentó “sobar” el fregadazo al gobierno estatal, resaltando el presupuesto que recibe de su parte… aunque como dice la canción “ya es muy tarde, el daño está hecho”. Esa Sarita es una loquilla, sin duda.

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