Journal Veracruz
Por Camilo González
21 de octubre de 2015

La próxima llegada de Alberto Silva Ramos a la dirigencia estatal del PRI está marcando –y eso que todavía no llega- el inicio de una nueva etapa y el final de una época de disensiones provocadas por el desacuerdo que habían mantenido algunos ex presidentes del partido, como Gonzalo Morgado.

Cuando comenzó a sonar la llegada de Alberto Silva no faltaron los posicionamientos en contra, mismos que no tardaron en disiparse, como se vio este fin de semana en la reunión del grupo Adelante, de la que les comenté el día lunes.

El único Beto que hay es Silva, como dijera el Gobernador y está demostrando incluso antes de llegar a la dirigencia estatal que hablando se entiende la gente y que el consenso es lo más importante a estas alturas del partido, con miras a la recta final rumbo a la elección 2016, de la que los destapes ya están a punto y sobre todo, las problemáticas de Veracruz salen a relucir, puesto que la ciudadanía demanda soluciones inmediatas y contundentes.

Por eso, Alberto Silva ya anunció que uno de sus primeros movimientos será hablar directamente con los senadores Héctor Yunes –quien fuera protagonista del reciente episodio de la caña en el WTC- y Pepe Yunes, quien ha mantenido una distancia clara y prudente, acorde a su forma de hacer política, en el tema de las finanzas veracruzanas.

Este movimiento es signo inequívoco de que “El Cisne” Silva Ramos le apuesta a la unidad y sobre todo, a una clase de unidad que no está basada en lealtades ciegas, sino en el diálogo y el acuerdo.

Al evento del sábado también asistirá el presidente del CEN del PRI, Manlio Fabio Beltrones, lo que da cohesión al partido en Veracruz de frente a la capital O ALGO ASÍ…

No logro escribir la idea… pero es algo así

Clara y naturalmente, la aspiración de todo partido político es gobernar, sea de tez roja, azul, amarilla o morena, y está muy bien que digan sin ambages que lo que quieren es  “poder gobernar” en el 2016.

Sin embargo, la aspiración no debe reducirse a “llegar”. Y sí, hablo del deber ser, de la filosofía política: si las cosas están como están es porque la escuela de Maquiavelo ha sido tomada muy en serio, a veces en extremo y como decía Aristóteles, los extremos son malos.

Más allá de la retórica partidista de motivarse para ganar, lo más importante al interior del partido no debe ser el poder por el poder, sino que el consenso debe ir en función del bienestar de la sociedad, de ofrecer soluciones a los problemas cotidianos desde el ámbito público, problemas a los que la ciudadanía se enfrenta a diario.

En cada coyuntura política se presenta una oportunidad valiosa de cambiarlo todo, de cambiar nosotros como ciudadanos y a cada uno de los actores políticos, de ganarse un lugar honroso en la memoria del país.

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