Talaveradas
Por Rafael de la Garza Talavera
19 de octubre de 2015

Al referirnos al tema de los movimientos estudiantiles en el mundo contemporáneo, su caracterización está directamente relacionada con las transformaciones de las universidades en los últimos treinta años. En este periodo, las luchas estudiantiles se desarrollaron en el marco de la transición del desmantelamiento del estado de bienestar y el surgimiento del estado neoliberal, lo que modificó significativamente la resistencia estudiantil que al mismo tiempo que defiende la educación universitaria como un derecho combate la internalización y la incorporación de de los valores capitalistas en los programas de estudio, en la dinámica de los procesos de aprendizaje y de la investigación universitaria.

En el caso mexicano, la masificación de la matrícula universitaria fue un proceso diseñado desde el poder para contener la insurgencia guerrillera y dar una apariencia de apertura democrática. Son los tiempos del sexenio de Luis Echeverría, quien frente a la represión del movimiento estudiantil en 1968 y luego en 197 así como el surgimiento de la guerrilla urbana, aumentó el presupuesto para las universidades y al mismo tiempo apoyó selectivamente a intelectuales y opositores políticos, abriendo la puerta a la reforma política en 1977 y la supuesta transición democrática.

Surge así la universidad de masas, la cual redefine los objetivos de la educación superior en un contexto de crisis mundial del capital. Su impacto en el movimiento estudiantil fue contradictorio: por un lado generó amplio apoyo a régimen entre buena parte de los estudiantes pero, el mismo tiempo, impulsó la creación de grupos estudiantiles que reivindicaron las acciones armadas mientras que otros se incorporaron a las luchas populares en sindicatos, organizaciones campesinas urbano-populares.

La universidad de masas generó así una mayor actividad política de trabajadores, profesores y estudiantes universitarios, la cual estuvo dirigida principalmente a la ampliación de derechos políticos, sociales y económicos para grupos tradicionalmente excluidos de las políticas públicas. Fue para algunos, la edad de oro del movimiento estudiantil pues sus cuadros se convirtieron en una fuerza organizativa e ideológica para amplios sectores de la población, ajenos al clientelismo político del régimen. Tal vez el movimiento urbano-popular de los años setenta y principios de los ochenta haya sido el más beneficiado. El caso de la conformación de la colonia Revolución en la capital del estado de Veracruz resulta un proceso que ejemplifica lo anterior.

Con el inicio de la década de los ochenta y la quiebra financiera del país-inducida por el sistema financiero internacional- la universidad de masas y la lucha estudiantil, dirigida primordialmente a ampliar la inclusión social en el marco del estado de bienestar empieza a transformarse. Esto no quiere decir que el movimiento estudiantil cesara de plantearse su relación con los sectores más desfavorecidos pero ahora tomará poco a poco conciencia de la necesidad de defender la educación pública en las universidades, acorralada por las políticas educativas impulsadas por el FMI y el Banco Mundial. Y esto no implica exclusivamente la defensa del presupuesto educativo sino la democratización de la formulación de planes y programas de estudio.

Los movimientos estudiantiles de 1986 y 1999 en la UNAM se opusieron frontalmente al aumento de cuotas en la educación superior. Si bien lograron detener las reformas al Reglamento General de Pagos impulsadas por Jorge Carpizo y después por Francisco Barnes, el proyecto neoliberal para la educación superior avanzó en otros terrenos, particularmente en los ámbitos de la investigación y de la enseñanza.

El modelo neoliberal para la investigación universitaria tiene como finalidad última establecer una relación subordinada de la producción del conocimiento a las necesidades de las empresas, quienes poco a poco lograron controlar con su poder económico los espacios universitarios a cambio de redefinir los procesos y finalidades de la investigación. La individualización y la retribución de los investigadores en función de su productividad -entendida ésta última como investigación útil para los empresarios- es acompañada de una paulatina reducción de la matrícula universitaria y el sometimiento de los programas de estudio a la lógica del mercado laboral, a pesar de que la mayoría de los egresados no encontrarán un trabajo digno y acorde con su formación.

Pero entonces si ajustar los programas de estudio a las necesidades de las empresas no garantiza el empleo ¿Por qué buena parte de la comunidad académica mantiene dicha dinámica en las universidades públicas, no se diga en las privadas? La respuesta está en la necesidad del capital de naturalizar sus valores en la sociedad y en las universidades, internalizándolos en los estudiantes para profundizar la dominación y minimizar la resistencia. Partir de éste hecho resulta fundamental para conocer la dinámica de los movimientos estudiantiles hoy.