Por Édgar Hernández*
Línea Caliente

“Silva será un ariete para los de enfrente”.

Duarte

 

Hermanados por la adversidad producto de tanto hacer fila y no alcanzar más que posiciones de medio pelo luego de 30 años de esfuerzos y trabajo político interminable, hoy solo los une el odio.

A Fidel y Miguel Ángel, en efecto, los hermanó el hambre, la lucha desde abajo y el comprometerse a ir de la mano hasta el final.

Y en ese tránsito Ranulfo Márquez y Dante Delgado compartirían sueños. “¡Seremos gobernadores!”, comprometieron.

Algo, sin embargo, descompuso la relación.

No fueron las mujeres el objeto de sus desavenencias. Tampoco una disputa por dinero, ni siquiera el que uno se hubiera apoyado en el otro para ganar el espacio del poder gubernamental.

Es así que de pronto, rumbo a la sucesión de Patricio Chirinos, se le complica a Miguel Ángel Yunes Linares, mientras que, seis años después, Fidel Herrera Beltrán emergería, con una tramposa victoria electoral, que lo ungiría como gobernador.

Ya para entonces la relación era fría y de una lucha sin cuartel, pero simulada. Acaso se amenizaba el morbo político con sorpresivas visitas de Yunes Linares a Palacio de Gobierno, en donde más a fuerzas que con vocación se abrazaban, fotografías atestiguan el hecho.

Había trato institucional.

Había diálogo y sí, diferencias manifiestas en golpes bajos en los medios felices de subir al ring a los ya para entonces ex amigos del alma. El diferendo, sin embargo, no era tan rabioso como el hoy manifiesto.

Y es que hacia el 2010, Javier Duarte, quien llevaba una relación –más o menos- con Miguel Ángel y sus hijos, le dio un giro al trato.

Ya muy a regañadientes aceptó la entrega de Boca del Río y ya con muchos trabajos aceptaba el diálogo privado y las llamadas telefónicas de Miguel Ángel, quien de la noche a la mañana empezó a cambiar el rumbo de la relación.

De pronto, hacia el 2011, tras una elección intermedia en donde el ya para entonces panista Miguel Ángel Yunes se hizo a un lado, que se le va a la yugular a Duarte, mientras que éste iniciaba una guerra frontal y desplegaba todo el aparato para buscar destruirlo.

¿Qué pasó?

Se desconoce el intríngulis. Hay versiones encontradas, algunas incluso que apuntan a una discusión alterada al calor de unos tragos. No hay información.

Pero sí de las consecuencias.

Día tras día, año tras año, a lo largo del sexenio se le buscó por todos lados.

Se persiguió a todos los yunistas. Se hizo una limpia en el aparato gubernamental para borrar todo vestigio. Se metieron mediáticamente con su esposa, con sus supuestas amantes. Se le acusó de pederasta (o al menos se hizo eco de la denuncia). Se le amedrentó y amenazó, hasta la fecha a sus hijos, a sus amigos como Ranulfo Márquez, a quien nunca tragó el señor Duarte.

Y no sólo eso. Se le envió a los 400 Pueblos de César del Ángel a perseguir por todo Veracruz a quien ya para 2012 era en enemigo público número uno.

Nada fue suficiente.

Al paso de las semanas y los meses, el reto era madrearlo a nivel estatal y nacional con carretadas de dinero. Se le ligó al narcotráfico, se le acusó de haber defraudado al ISSSTE, se le inodó con el “Chapo” Guzmán, se hicieron públicas llamadas telefónicas donde pactaba compromisos inconfesables con la dirigencia panista.

¿Por qué tanto coraje?

Vaya, hasta se sublimó el ataque y golpeteo con el inminente desafuero de su hijo, el alcalde de Boca del Río, Miguel Ángel Yunes Márquez para meterlo a la cárcel por “enriquecimiento ilícito”.

Y no sólo eso.

Embarcó al Congreso del estado en las condenas y acciones en su contra y a la misma bancada legislativa priista en el Congreso de la Unión se le obligó a exigir a la PGR a actuar en contra del Superman Miguel Ángel Yunes Linares.

Nada se logró.

Miguel Ángel ahí está. Enhiesto. Incólume. Más fuerte que nunca y con una posibilidad, hoy sí, más cerca de ser el próximo gobernador.

Todo ello a pesar de que en el último tramo rumbo a la sucesión y de cara al dos caras, quien en realidad no es nada, Carlos Brito, y al acomodaticio apantallapendejos, Gonzalo Morgado, el “Capitán Chanclas” –vaya honor de apodo- presenta en sorpresivo desayuno el pasado sábado a Alberto Silva Ramos, (a) “El Cisne”, “Pavorreal” como el eje en contra de Yunes Linares.

El nombramiento de Alberto Silva, como dirigente estatal del tricolor garantiza unidad, dijo Duarte. “Será un ariete para los de enfrente”.

Ratifica que los tambores de guerra seguirán ensombreciendo a Veracruz en donde no hay espacio para la lucha democrática, para la contienda civilizada y muchos menos para una transmisión de poder en donde haya respeto por el oponente.

Se parte de la simpleza de que a Yunes hay que tratarlo como nos trata. No hay margen de diálogo, menos de concordia y muchísimo menos de que en el caso de que vaya un Yunes rojo (Héctor o Pepe) haya cordialidad con el primo y tío Miguel Ángel Yunes Linares.

Es la lucha de Kramer contra Kramer, teniendo como réferi a un gorila, que sabe de redes, Alberto Silva Ramos.

El Cisne es para el duartismo lo que Voltaire para la Revolución Francesa. Es el que sí sabe cómo confrontar y responder ideológicamente a Yunes Linares. Es el de las ocurrencias en el twitter. El ingenioso que con una palabra altisonante pone en orden al “perro”. Es el de la profundidad en una frase afortunada, donde sentencia a toda su estirpe. Es el que sabe cómo hacerlo.

Por eso lo ponen al frente del PRI en Veracruz.

No para que lleve a todos los Yunes a una confronta democrática, sino para que los encierre a todos en una batalla campal en donde el más fuerte sobreviva.

Así se entiende la lucha electoral en estos días en Veracruz.

Es la batalla de un hombre contra todo un aparato. Una lucha desventajosa, con una salvedad: el solitario sabe más que toda la Fidelidad, entiende más la política y con un hijo que está por trasponer las rejas y una bandera, la de la lucha contra la corrupción, habrá de poner de cabeza al PRI el primer domingo de junio.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo