Rúbrica
Por Aurelio Contreras Moreno
01 de octubre de 2015

Con todo y la infinidad de gacetillas que insertaron en los medios de comunicación y entre sus textoservidores, la bancada veracruzana del PRI en la Cámara de Diputados no pudo ocultar la realidad de su peso político en el Altiplano: es nulo.

Los diputados federales veracruzanos del PRI sólo obtuvieron dos presidencias de comisión en San Lázaro. Y de ellos, solamente uno es perteneciente al círculo duartista.

Oswaldo Cházaro Montalvo, quien fue nombrado presidente de la Comisión de Ganadería, no llegó a la Cámara baja por intercesión del régimen estatal, sino por su calidad de dirigente nacional del sector pecuario. No le debe su curul, y por ende tampoco su nuevo encargo legislativo, al gobernador Javier Duarte de Ochoa.

El único duartista que logró algo en el reparto de comisiones fue el favorito del mandatario estatal: el diputado federal por Tuxpan, Alberto Silva Ramos. Y eso, porque fue lo único que pidió Duarte como gobernador del PRI, espacio que le cedieron como una concesión por la alta votación –“haiga sido como haiga sido”- que obtuvieron los abanderados tricolores en Veracruz durante la última elección.

Sin embargo, lejos quedó Silva de sus propias expectativas. Tras ser electo, anunció que buscaría presidir la Comisión de Desarrollo Social. Después, bajó la perspectiva y dijo que se conformaba con la de Recursos Hidráulicos. Al final, le dejaron la de Población, que políticamente representa lo mismo que la bancada veracruzana para el resto de sus compañeros de partido: nada.

Este trato no es gratuito. Los escándalos protagonizados por el gobernador Javier Duarte de Ochoa tienen hasta la coronilla a la cúpula priista, tanto en Los Pinos como en la dirigencia nacional. Cuando no se trata de desvíos millonarios de recursos, hay un periodista asesinado en la entidad, protestan los jubilados porque no les pagan sus pensiones, o la Universidad Veracruzana tiene que cobrar a periodicazos los adeudos de la administración estatal con la casa de estudios.

Ahora, se sumaron dos factores que terminaron de llenarle el “buche de piedritas” a la nomenclatura priista: por un lado, el protagonismo injustificado de Alberto Silva, quien claramente pretendió desde un principio usar su curul como trampolín para sus aspiraciones a contender por la candidatura a gobernador, para lo cual Javier Duarte ordenó poner a su servicio a todos los diputados federales que le son afines, que tuvieron que hacer el triste papel de “patiños” del político apodado “El Cisne”.

Y por otro, el reciente escándalo mediático y político conocido como el “Caña Gate”, el enfrentamiento abierto de Javier Duarte con los senadores veracruzanos de su mismo partido, José Francisco Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, a quienes pretende descarrilar de la sucesión en su obsesión por colocar en la gubernatura a un incondicional suyo que le cubra las espaldas al dejar el poder, condición que, al menos en apariencia, cubriría, precisamente, Alberto Silva.

Esta situación causó gran molestia en la cúpula priista, que operó para desarmar al duartismo. El “Caña Gate” le valió a Javier Duarte una golpiza mediática en la Ciudad de México en la que se nota la mano del dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, e incluso la del secretario de Hacienda Luis Videgaray, aliados políticos de los senadores Yunes priistas.

Asimismo, en la Cámara de Diputados, el líder del Grupo Parlamentario tricolor, César Camacho Quiroz, evitó salir en defensa del gobernador Duarte, y cuando se le preguntó si lo avalaba como mandatario, su respuesta fue como una lápida política para el duartismo: “yo soy un testigo distante de la gestión de los gobernadores, creo que a los habitantes de cada estado es a quienes les consta y quienes tienen seguramente una opinión más acabada de lo que hacen sus gobernantes. Yo respaldo a las instituciones y a los gobernadores del PRI, pero cada uno al final, con la calidad de su gestión, va a ser quien construya el juicio que la población ha de tener al final de la administración de cada uno”.

El tiro de gracia para el duartismo se dio con los nombramientos del senador Fernando Yunes Márquez como presidente de la Comisión de Justicia de la Cámara alta, y de Miguel Ángel Yunes Linares al frente de la Comisión de Justicia en San Lázaro. Ambas designaciones contaron con el voto aprobatorio y unánime de los legisladores del Partido Revolucionario Institucional en ambas cámaras, a pesar de todo el show mediático, las denuncias y las cartas del “Cisne” y sus “patiños”.

El duartismo está políticamente muerto en el Congreso de la Unión. Y cava su tumba con vehemencia en Veracruz.

 

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