Rúbrica
Por Aurelio Contreras Moreno
08 de octubre de 2015

Si alguien que no pertenece realmente al círculo más íntimo del grupo en el poder en Veracruz se ha sostenido políticamente durante los últimos dos sexenios, ésa ha sido Gina Domínguez Colío.

La estrategia de la primera coordinadora de Comunicación Social del sexenio de Javier Duarte de Ochoa para sobrevivir políticamente fue, desde la anterior administración, extender sus redes, colocar alfiles en todas las oficinas, dependencias, organismos e incluso medios de comunicación posibles, en los cuales sustentar su fuerza.

Desde finales del sexenio de Miguel Alemán Velasco, Domínguez Colío –en aquel entonces una respetada periodista– comenzó a tejer sus redes colocando incondicionales suyos en posiciones de poder. Aunque su verdadero golpe de suerte fue conocer durante la campaña de 2004 a Rosa Borunda de Herrera, esposa del entonces candidato del PRI a gobernador, Fidel Herrera Beltrán. Tras realizarle una entrevista, se ganó su confianza y simpatía, lo que le valió convertirse es su asesora plenipotenciaria todo el siguiente sexenio y conocer las mieles de la plenitud del “pinche poder” en toda su extensión, negocios a su amparo incluidos.

Fue precisamente por su relación con Rosa Borunda –con quien, irónicamente, terminaría peleada a muerte– que logró acercarse al entonces secretario de Finanzas y Planeación, Javier Duarte de Ochoa, de cuya comunicación se encargó a partir de su comparecencia ante el Congreso del Estado en diciembre de 2008, permaneciendo a su lado durante las campañas por la diputación federal por Córdoba en 2009 y la gubernatura al año siguiente.

Una vez Duarte en el poder, como era natural, la nombró coordinadora de Comunicación Social del Gobierno del Estado de Veracruz y poco después, le añadió la responsabilidad de ser la vocera del Ejecutivo, confiriéndole un poder que nunca nadie tuvo jamás en un cargo de esta naturaleza. No por nada en los primeros años del sexenio duartista se referían a ella, no sin sorna, como la “vicegobernadora”.

Su actuación al frente de Comunicación Social y la vocería del gobernador tuvo como principal saldo el resquebrajamiento de la relación de Javier Duarte con los periodistas y los medios que la funcionaria veía como adversarios, privilegiando en cambio, con toda clase de canonjías, a los llamados por ella misma “aliados” del régimen.

Mientras la relación prensa-gobierno se deterioraba aceleradamente y la escalada de asesinatos de periodistas marcaba para siempre a Veracruz, Gina Domínguez siguió tejiendo sus redes, dando a luz al engendro llamado Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas (CEAPP), creado para lavar la cara del duartismo frente a los crímenes contra reporteros, y al cual ve como su mayor “legado” para la entidad.

Su posición se hizo insostenible tras la protesta mundial contra Javier Duarte luego del asesinato del reportero Gregorio Jiménez en Coatzacoalcos, por lo que, a pesar de su resistencia, fue relevada de la Coordinación de Comunicación Social.

Y aunque perdió buena parte del poder que llegó a acumular, logró mantenerse cerca de donde pudiera seguirla escuchando el gobernador Javier Duarte, quien terminó colocándola en un órgano priista, la presidencia de la Fundación Colosio Veracruz.

A la par de su ascenso y descenso en la política, Dominguez Colío comenzó a construir un emporio mediático y económico. Es propietaria de la franquicia de la agencia de noticias Quadratín en Veracruz, del permiso de operación de tres radiodifusoras de carácter cultural en el norte, centro y sur del estado, así como de restaurantes y cafeterías.

Pero nunca dejó de lado la estrategia que le ha permitido la supervivencia. Mantiene su red de intereses dentro de la administración estatal, siendo la más visible de todas la CEAPP, donde controla la Secretaría Ejecutiva, la Presidencia y la Dirección de Procesos, cuyos titulares son también “colaboradores” en Quadratín Veracruz.

Ahora tiene la mira puesta en la Comisión Estatal de Derechos Humanos, en donde pretende colocar como presidenta a su incondicional Namiko Matzumoto Benítez, secretaria ejecutiva de la funesta CEAPP, y quien arrancó su “campaña” para ese puesto el lunes pasado, al ser la presentadora oficial del plan de acciones que contemplará el Programa Estatal de Derechos Humanos del Gobierno del Estado, dado a conocer ese día, tras el demoledor informe preliminar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre el caso Veracruz.

Porque para ella, sólo se trata de otro botín por el cual ir al abordaje.

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