Mutatis mutandis
Por Rafael Arias Hernández
01 de octubre de 2015

A diario, las batallas se trasladan a la capacidad de recordar, de tener presente que no debe haber crimen sin castigo.

Indispensable recordar que crimen perfecto, no sólo es aquel del que nunca se sabe del autor; y que también lo es, el que sabido y padecido, identificado su responsable no se le hace nada, se le recicla y premia. Se tolera, permite y alienta en acción u omisión, que encubre o protege, distrae o desorienta.

En Veracruz como en muchas partes. Como ayer y siempre, se apuesta a que, en unos días, máximo en unas semanas, el tema sea sustituido, desplazado, minimizado o negado; y a que, como al clavo, un escándalo saque a otro; y, desde luego, se apuesta a olvido, desinterés e indiferencia ciudadana.

La fuerza de la retórica y la simulación predominan. La distracción y el entretenimiento imperan Y la autopromoción, “el no pasa nada y todo va bien”, sustituye a la objetividad y a lo importante, la atención y solución de crecientes necesidades y problemas sociales.

Demasiado tienen que ver algunos medios y comunicadores sin escrúpulos, ni compromiso y responsabilidad social efectivos. Mismos que, salvo excepciones, al final también resultan afectados.

Ineptos y corruptos confían en el olvido y la pasividad individual y colectiva. Pero más en la omisión y complacencia, en la acción delictiva y complicidad. Total, no pasa nada en el reino de continuidad en la impunidad.

LA FUERZA DEL EJEMPLO.

Una y otra vez se puede comprobar, que delincuencia que no se combate y castiga, se vuelve precedente; y que tarde o temprano se convierte en símbolo, en ejemplo a seguir y hasta en costumbre. Se puede comprobar también que inseguridad e injusticia tienen diversas fuentes y se manifiestan de muchas formas.

Crimen e impunidad son simplemente componentes de la fórmula ideal, para que otro, otros y muchos más delincuentes conviertan a la sociedad en su coto de caza; y al gobierno en su fuente de protección, para obtención de cuantiosos recursos públicos, de ventajas y beneficios de atribuciones institucionales y, hasta en su espacio de negocios, sobre todo ilegales. Otras de las muchas formas, con las que inseguridad y delincuencia se fortalecen.

Historia repetida, conocida y padecida por innumerables pueblos, desde tiempos inmemorables. Hasta que ciudadanía y sociedad en general, toman la iniciativa de combatirlos y erradicarlos. Y, desde luego, se disponen a reconocer a los pocos, a los contados servidores públicos que en verdad garantizan derechos y libertades, y ofrecen buenos resultados.

Necesario actualizar y modernizar leyes e instituciones, pero antes exigir que en efecto funcionen, para consolidar y fortalecer aciertos; y para corregir y evitar errores, pérdidas y sacrificios sociales.

Urge reformar y vitalizar permanentemente a los gobiernos, sus servicios y dependencias, tanto los de fomento económico, de asistencia y desarrollo social, de salud y educación, de promoción del arte e investigación científica, como las de seguridad, procuración y administración de justicia, y readaptación.

Pero sobre todo, es preciso vivir responsable y plenamente el presente, insistiendo que se aplique la ley y se amplié su capacidad y velocidad de respuesta.

Letra de la ley, sin acción y concreción, es parte de la simulación, a lo sumo buena intención. Ni tarde ni ausente, ni a medias ni a gusto discrecional o voluntarioso.

Todos los temas gubernamentales son cuestiones públicas, asuntos insoslayables que importan al ciudadano y a la sociedad en general. Sus responsables son servidores públicos, no jefes de cartel o territorio, ni dueños de franquicia para la impunidad. Todos sin excepción están obligados a cumplir y hacer cumplir la ley; a ofrecer resultados positivos y no pretextos; y a rendir cuentas para ser evaluados, apoyados y reconocidos o señalados y despedidos o procesados.

Y hay que repetirlo, ineficiencia y delincuencia gubernamental, son asuntos públicos que no pueden estar sólo en manos de policías, fiscales y jueces. Es más, son tan importantes que no puede ser sólo asunto de gobernantes.

Importan a la sociedad en general y al ciudadano en particular. Incumben a todos y todos estamos obligados a participar y a contribuir en su atención y solución.

El crimen, el delito afecta demasiado el presente y condiciona, trastorna o cancela el futuro. Todavía hay quienes sostienen que ineficiencia y delincuencia gubernamental no afectan al sistema político, económico y social. O que no pasa nada y todo va bien.

Grave equivocación, ya que en muchos lugares, gracias a la irresponsabilidad gubernamental, alentada por corrupción e impunidad, tanto ineficiencia como delincuencia oficiales se han convertido en muchos casos, en el sistema mismo. Dícese en burla, como delincuencia desorganizada.

Dentro y fuera del país, los medios se ocupan y hablan del asunto.

Veracruz en serios problemas, graves riesgos y evidentes retrocesos. Los responsables, en general, a los que les pagan por dizque hacer su trabajo en el gobierno, no han hecho ni hacen lo que deberían hacer. El crimen e ineptitud oficiales afectan demasiado el presente y determinan o cancelan el futuro.

¿Cuáles finanzas sanas y administración responsable? ¿Cuál blindaje y seguridad? ¿Cuál gobierno responsable y eficiente?

Inocultables crisis y problemas se hacen recurrentes, complicados y crecientes. Desmemoriados y cínicos, hasta repiten discursos y recetas.

Más de lo mismo. Restructuración de deuda, o sea aumenta. Ajuste de gasto, o sea alguien lo incrementó y se benefició. Retiro voluntario, que es despido obligado de personal. Austeridad de la austeridad para todos, menos para unos cuantos. Abundancia de justificaciones y pretextos, de buenas intenciones y promesas. Simulación y engaño no repara el tamaño del daño.

Lo que tanto se oculta y niega, reaparece más complicado y peor. ¿Cuáles transparencia, rendición de cuentas, fiscalización y evaluación reales y efectivas?

Ante una sociedad sacrificada e indignada, inconforme y movilizada, hay que reconocer los alcances de los limitados resultados, defender y consolidar los contados logros y avances. Preciso fortalecer el esfuerzo conjunto.

Pero sobre todo. Urge contener, reducir y eliminar ineficiencia y delincuencia gubernamentales. Historia que se repite. Lucha que nunca termina.

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