Entre columnas
Martín Quitano Martínez
28 de octubre de 2015 

Cínico: un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada.

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista 

Al final se impuso en Veracruz la “razón” política del grupo hegemónico priista. Su presidente nacional bajó desde la gran Tenochtitlán a ungir al nuevo cacique institucional. Los enojos bajo protesta y de inasistencia no lograron enfriar los formatos del siempre vigente acarreo y las sonoras matracas que anuncian la continuidad del priismo cínico, recalcitrantemente anacrónico y obtuso.

La vigencia del modelo transita a contramano de su discurso modernizador, del cual hacen uso continuo. La llegada de un priísta que es referente del “exiliado” exgobernador veracruzano, la decisión central de su nombramiento y la cuestionable capacidad política para ser el pastor de una estructura en las condiciones del priismo veracruzano, sólo reflejan la imposición a secas de una estampa a modo dispuesta a figurar y obedecer las líneas de mando que no surgirán de su oficina.

La designación, que no elección, del nuevo presidente estatal tricolor desnuda las simientes arbitrarias de una fuerza política que como gobierno tiene iguales comportamientos; de ahí el desdén por considerar opiniones distintas, por hacer concilios e impulsar participaciones alternativas dentro de los directivos priistas o de sus gobiernos, consolidando el santo y seña de una visión autoritaria, soberbia y antidemocrática.

Veracruz enfrenta retos que implican reconocerse en mucho más que 80 años de falta de alternancia, de visiones de viejos y nuevos caciques, de formatos y grupos que se regodean en el aniquilamiento y el vaciamiento de opciones sociales y políticas. La continuidad de esas rancias representaciones pseudodemocráticas de la vida interna del partido gobernante son el reflejo claro de quienes colapsan la vida de millones en nuestra entidad, de quienes ponen de rodillas las posibilidades del crecimiento de nuestra economía, de quienes cancelan el desarrollo de nuestro estado.

El maloliente arribo de uno más de la camarilla para la preparación de la elección que viene permite calcular los vicios políticos que se han entronizado en nuestra entidad, esos que sin rubor se atienen a los manejos discrecionales de recursos económicos y coerciones políticas, cuyo actuar cínico es la característica donde todo vale para una clase política mediocre, ineficiente y corrupta.

Ha corrido ya mucha agua bajo el puente como para no comprender qué son y cuáles son sus comportamientos, es claro que por ahora no cambiarán; el ajuste necesario para ellos y para prácticamente toda la clase política es poco probable provenga de los que cómodamente juegan con una democracia que continúa beneficiándolos, aunque deje pendientes y se diluya como referente de nuestras posibilidades de cambio.

El ajuste para estos y para casi todos tendrá que venir de una sociedad que se plante con carácter ciudadano y que asuma la participación y la exigencia por las transformaciones que se requieren, en ello la congruencia de ubicarse en consonancia con los proyectos e idearios que brinden alternativas será en estos momentos más importante que nunca.

La Bitácora de la Tía Queta

Hasta siempre Salvador, gracias por conocerte.

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