Entre Columnas
Por Martín Quitano Martínez
07 de octubre de 2015                                                                                                                  

En política hay que sanar los males, jamás vengarlos.

Napoleón III (1808-1873) Emperador de Francia

 

El debate político estatal se consume en las guerras cupulares de los grupos por hacer más eficientes las escaramuzas de las obsesiones que las distintas familias que gobiernan o han gobernado forjan en sus caminos al poder.

Las querellas de los grupos, sean intestinas de un partido o no, muestran más que las posibilidades formales de acceder a los espacios de poder, pues definen en muchos casos los desvaríos y las disputas personales, las diferencias y las venganzas que corren muy lejos de planteamientos políticos, de programas de gobierno, de diferencias ideológicas.

Veracruz es un hervidero de problemas y desazones, de razones para la preocupación y la angustia de millones; las circunstancias actuales merecen discutir las distintas propuestas y planteamientos de opciones para enfrentar las dificultades en lugar de los espectáculos y disputas personales con que nos regalan diariamente. El horno no está para bollos y no parecen darse cuenta las élites preocupadas en riñas palaciegas que desnudan sus belicosos y mezquinos intereses, ajenos a los problemas que ahora se viven.

Dentro del partido gobernante tiene lugar una reyerta evidente, donde nada se esconde, que rompe con su tradición de disciplina y las acartonadas formas de concebir la institucionalidad; gritos y sombrerazos son factor común del comportamiento de los que se disputan la candidatura en la sucesión del 2016.

La exposición de las diferencias sin recato alguno, el encono visible en los señalamientos, muestran una revuelta interna que rebasa los límites de la casa partidaria y reajusta sus relaciones: los disciplinados y obsequiosos son mal vistos por quienes señalan y confrontan, escalando el conflicto interno priista hasta llegar a la portada nacional y no es casual, la reserva de votos que presumen los priistas puede estarse poniendo en entredicho.

Los señalamientos a la vida interna partidaria y a los ejercicios del gobierno estatal por miembros de algunos grupos de la otrora unida familia revolucionaria veracruzana – al menos públicamente -, dejan en claro que el conflicto puede abrir aún más la puerta, con lo que las heridas generadas en la refriega no tendrían tiempo para sanar en el corto plazo, acercando la posibilidad de rupturas o altos cobros en su momento.

La mediática discusión del gobernador veracruzano y el senador es una tragicomedia familiar priista demasiado dispuesta a los disparates, a discusiones banales del lavado de ropa sucia que debería de lavarse en casa, distrayendo el fondo de la discusión del problema de corrupción en el servicio público, el cual ofende y lacera.

Qué triste estar en la mirada nacional por temas como los crímenes de periodistas o la malversación de recursos públicos, incluida la vergüenza pública de ocupar las ocho columnas de los diarios nacional por la vergonzante banalización de la política. Hay tantos vacíos, ausencias y arbitrariedades en nuestra entidad para enfrentar nuestros problemas que la tristeza y la desesperación debe convertirse en participación y propuesta para cambiar, porque lo de hoy no puede continuar.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

Denuncian por enriquecimiento ilícito a uno de “los que son peores” (el azul de Boca)¿Podrían hacerla extensiva para tricolores, amarillos, verdes que también hay?

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