Rúbrica
Por Aurelio Contreras Moreno
05 de octubre de 2015

Con una cabalgata al estilo norteño, inició su gobierno el nuevo mandatario neoleonés Jaime Rodríguez Calderón, conocido como “El Bronco”, primero en la historia del país por haber accedido al poder por la vía independiente, sin el respaldo de un partido. O al menos, aparentemente.

Porque lo que “El Bronco” y todos sus “fans” han buscado soslayar y minimizar es que, hasta noviembre de 2014, Rodríguez Calderón era militante del Partido Revolucionario Institucional, donde estuvo más de 30 años. Así que su “independencia” partidista y política es más que cuestionable.

Si “El Bronco” se lanzó por la vía independiente fue porque en su partido le cerraron la puerta para ser candidato a gobernador. Y si logró arrasar en la elección fue porque, además de su innegable carisma, contó con el apoyo del gran capital regiomontano, cuyos intereses representa e indudablemente defenderá en el Gobierno de Nuevo León.

Lo que también logró “El Bronco” fue enseñarles el camino a los políticos de siempre para montarse en las candidaturas independientes como un vía para esquivar vetos o imposiciones dentro de sus propios partidos a la hora de definir candidaturas. O simplemente, para lanzarse a una aventura política cuando ya no hay partido alguno que quiera postular a estos personajes, ya sea por su mala fama pública, por conflictivos, o porque no tienen rentabilidad electoral alguna.

En Veracruz ya hay dos remedos de “bronco” que anunciaron abiertamente su intención por contender por la gubernatura como candidatos “independientes”. Uno es el ex panista, ex secretario de Gobierno y de Infraestructura y Obras Públicas del gobierno duartista, Gerardo Buganza Salmerón, cuya aspiración anunció todavía siendo funcionario público, desde una oficina gubernamental.

El otro es el ex senador perredista y ex secretario de Protección Civil del gobierno de la Ciudad de México Elías Miguel Moreno Brizuela, ligado dentro del PRD al grupo de la ex dirigente nacional Amalia García Medina y del ex jefe de Gobierno Marcelo Ebrard Casaubón.

¿Qué tienen de “independientes” ambos políticos veracruzanos? Efectivamente. Nada. Es irrisorio pensar que de la noche a la mañana, Buganza se volvió opositor del régimen al que sirvió durante casi cinco años y del que se separó sin mediar conflicto alguno con su jefe, el gobernador Javier Duarte de Ochoa. Y Moreno Brizuela sigue ligado a los grupos perredistas de la entidad, como lo confirman sus recientes apariciones públicas junto con el ex dirigente estatal Enrique Romero Aquino. Y hay quien asegura que su verdadero titiritero es el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán.

Y ésa es la clave. El verdadero objetivo de las candidaturas “independientes” de Buganza y Moreno Brizuela no es abanderar causas ciudadanas en oposición a la partidocracia que le ha dado al país gobiernos y gobernantes de desgracia. Su papel es el de pulverizadores del voto, de esquiroles de la oposición que busca sacar del poder a un grupo que ha llevado a Veracruz a la ruina social, económica y política. Son meras comparsas del duartismo-fidelismo, que es el que los financia y promueve.

Las candidaturas independientes, que fueron por años un reclamo ciudadano para devolverle el poder a la gente, que es de donde éste emana, se han prostituido al ser colonizadas por los mismos políticos a los que se buscaba combatir.

Pero esos falsos independientes ya no engañan a nadie.

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