Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
15 de octubre de 2015 

¡El centro toma el control!

Tal vez, como lo está manejando el sector oficial, sea momento de dar vuelta a la página, hacer como que no pasa nada y que el destierro de Fidel Herrera, se interprete como un triunfo más para Veracruz.

Pero no.

El exilio al otro lado del mundo del tristemente célebre ex gobernador es para federación el primer paso de una serie de decisiones de carácter político para evitar el derrumbe del PRI en la entidad.

Ya vendrán las medidas de carácter judicial.

Pero eso será en su momento. Cuando arribe la nueva administración gubernamental a partir del uno de diciembre del 2016 y se llame a rendir cuentas a los saqueadores del erario público.

Mientras hay que componer a como dé lugar el teatro de la política que todos los días cambia de escenario, para mal.

Y es que a cada ocurrencia del régimen duartista hay que meter mano para recomponerla, pararla.

Tanto la Secretaría de Gobernación de México como el CEN del PRI tienen puesta toda su atención –más que en las 11 entidades federativas donde habrá elecciones- en Veracruz por ser la segunda plaza en importancia que de perderse pondría en serio riesgo la presidencial del 2018.

Y como el enemigo está en casa con sus ocurrencias como la de meterle de humo al priismo al “Cisne”, hoy desplumado, es que desde el DF ya se tiene puesto un ojo en el gato y otro en el garabato.

El alejamiento de Fidel Herrera, mismo que le fue comunicado hace dos semanas por Manlio Fabio Beltrones a petición presidencial, operado por SEGOB y ejecutado por la cancillería, fue el primer paso para despejar el terreno tras el llamado “Cañagate”.

Nunca se habló de perdón a Fidel por el quebranto financiero sucedido en su administración, ni los daños colaterales por la presencia de los cárteles. Simplemente había que sacarlo no de Veracruz, sino de la república, tal como lo adelantamos en este espacio hace dos semanas en medio de airados reclamos oficiales.

“Fidel es intocable”, me decían.

El punto es que se determinó asimismo invitar a la unidad al primer priista de Veracruz, pero en un disparo de última hora se pretendió meter una quinta columna con la imposición fast track de Alberto Silva Ramos, misma que provocó airada reacción de los dos senadores, Héctor Yunes Landa y Pepe Yunes y el priismo en su conjunto.

Y de nuevo a intervenir la federación.

Es por ello que por segunda ocasión y ahora de manera más enérgica se llamó al mandamás veracruzano a Bucareli para que de manera por demás firme se le exigiera sacara las manos del proceso electoral, pero no solamente de manera declarativa, sino real.

Por ello en las últimas horas la recomposición del entuerto vía boletines justificando que Silva Ramos si va a ser… pero despuesito.

Ello aunado a tontas filtraciones donde deslindan a Duarte y le suman descalificaciones para quienes censuran versiones oficiales. Es contra “los que no quieren a Veracruz y sólo le desean su mal”. Típico.

Pero los hechos son los hechos y hablan por si mismos.

El desmantelamiento del poder en Palacio de gobierno, tras el exilio de Fidel, es un hecho real, inobjetable. Ellos ya la jugaron y nuevos actores deben entrar al escenario. Ya bailaron y ahora les toca sentarse para ver bailar a otros.

Decía Fernando Gutiérrez Barrios que el poder es prestado y que hay que estar preparado no para ser, sino para dejar de ser ya que el séptimo año es el más difícil para todo gobernante.

Acaso por ello el proceso de la sucesión gubernamental a partir del exilio de Fidel Herrera Beltrán –a quien el juicio de la historia lo pondrá en su lugar y tal vez tras las rejas- sea el inicio del fin de una era.

Así lo entiende la opinión pública. Esa es la lectura real. La percepción.

Es la orden del centro de que saquen las manos del proceso electoral del 2016 para que se empiece a restaurar el tejido político destruido, la división con odios gestados, para construir la circunstancia en favor del PRI de cara a un PAN que está a un tris de arrebatar la plaza al estar dadas las condiciones del rechazo popular generalizado.

Hoy mismo ser candidato del PRI a la gubernatura y ganar en Veracruz es lo más complicado para el más conspicuo exponente de este partido hablemos de Pepe, Héctor, Alejandro, Silva o Erick.

Ni con todo el oro de Javier gana.

La población está lastimada, ofendida, con sed de revancha, mientras el PRI está destruido y Peña Nieto molestísimo.

Y el tema no es dinero. Del 2004 para acá se ha dicho que el gobierno es el gran operador y ganador de elecciones. Les asiste la razón. Han ganado con enormes talegas al lado. Han operado con maletas repletas de billetes. Han prostituido al elector con el voto comprado.

Pero hoy habrá que insistir en que el tema no es dinero. Es el voto secreto, la revolución del silencio.

Está por suceder a nivel estatal la réplica de lo registrado en Xalapa en donde el pasado siete de junio el PRI le invirtió 110 millones de pesos y la gente salió pero a votar pero por quien ni siquiera hizo campaña en “La Parroquia”, sino con llamadas telefónicas desde su casa, por Cuitláhuac García, llevando de manera por demás sorpresiva el triunfo a Morena.

Ese es el punto.

Esa es la preocupación de la federación y del PRI nacional.

Hoy debatimos que si es Pepe o Héctor, sin embargo, para buena parte de la ciudadanía la meta es salir a las urnas para chingarse al PRI, sea quien fuere su abanderado.

Y en efecto, eso lo sabe Peña y Manlio, pero también lo sabe Miguel Angel Yunes Linares y Andrés Manuel López Obrador, de ahí la importancia del proceso en puerta.

También la urgencia de sacar la mano negra de Fidel, luego la del primer priista Javier Duarte por estar obviamente etiquetada, y dejar fluir un proceso democrático de selección del candidato a la gubernatura que una al PRI.

Eso es lo primero, la unidad.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo