Es imparable la ola de protestas de trabajadores que reclaman al gobierno del estado el pago de sus salarios y diversas prestaciones laborales como ahora sucede con los trabajadores del sector salud que han salido a las calles y demandan el depósito en sus cuentas como normalmente correspondería.

Es inocultable que las finanzas del estado van de mal en peor, sin embargo también va quedando claro que en momentos como estos también se prueba el temple del gobernante, de quién administra y señala prioridades en el gasto público. Afectar de esta manera a quién depende de su ingreso del día como es el caso de mayoría de los trabajadores,muestra que no sólo gobierna la ineficacia, sino también el desprecio hacia los gobernados.