La victoria del comediante Jimmy Morales en la segunda vuelta electoral por la presidencia de Guatemala, representa un fracaso de la política tradicional de ese país; el triunfo de Morales de acuerdo a analistas locales, está más ligado al descontento social y al rechazo a una clase política que se sumió en la corrupción, no así a una estructura orgánica partidista ni a un programa de gobierno para sacar adelante a Guatemala.

Uno de los primeros impedimentos del nuevo gobierno será la baja representación obtenida en el congreso en favor de los planes de Jimmy Morales, que se verá obligado a hacer concesiones a grupos tradicionales del poder y que salieron derrotados en esta elección presidencial, a ello se suma la desconfianza a sus planteamientos ultranacionalistas y el respaldo de algunos mandos del ejército a su candidatura.