Entre columnas
Por Martín Quitano Martínez
21 de octubre de 2015

El más irreprochable de los vicios es hacer el mal por necedad.

                                                                      Charles Baudelaire (1821-1867) Escritor, poeta y crítico francés.

La vida nacional se encuentra en la encrucijada que sus mismas autoridades le han fraguado, derivada de la ineficiencia y el cinismo con que se manejan, reproduciendo los vicios y las malas prácticas que reiteradamente han entregado resultados insuficientes o definitivamente perjudiciales para la mayor parte de los habitantes de este país.  

El debate político en nuestro país sigue mostrando machaconamente que para los que toman las decisiones, la distancia entre los problemas y su solución es tan amplia, como la banalidad y el desprecio de sus gestiones, simulando que trabajan a través de mensajes de que las cosas toman nuevos rumbos y se puede caminar en sentido contrario a la profundización de nuestro preocupante futuro.

Mensajes claros de que su vocación de cambio está sujeta a sus complicidades, al solapamiento de comportamientos cuestionables siempre y cuando los hayan realizado los miembros de las selectas cofradías de los elegidos. Son posturas públicas individuales y partidistas que retan las mínimas exigencias de pulcritud pública; descarados y llenos de arrogancia mandan señales,

Para todo el país, pero particularmente para los veracruzanos, es doloroso entender  la cobertura, el blindaje que le otorgan desde las alturas nacionales a un personaje que marcó tan oscuramente los derroteros de nuestra entidad; la respuesta inmediata y fácil es la conveniencia de pactar, de evitar rupturas, de no abandonar o señalar al correligionario, anteponiendo sus intereses a los discursos y las voces oficiales que se desgarran las vestiduras promulgando y que se han comprometido con el combate a la corrupción, a la impunidad y la rendición de cuentas.

El exilio dicen, es el castigo que se le aplica a quien gobernó con el máximo pinche poder. Las ramblas, el barrio gótico, la mirada en el mar y 10 mil kilómetros de distancia, es un castigo ejemplar para un hijo desobediente; que atrás queden los pecadillos que implicaron sus oscuros juegos de poder, la bancarrota de la entidad, los lastres que dejó amarrados a nuestro futuro.

El deterioro institucional y social veracruzano debe apreciarse en la ruta de los permanentes y pésimos gobiernos que han atravesado nuestra historia nacional y estatal, pero con ninguno tanto como con el personaje que ahora podrá redimirse ante la Sagrada Familia de Gaudí, mirando desde allá con nostalgia y al acecho de volver, la estatua de un Colón que apunta a un rinconcito donde hacen su nido las olas del mar. En lugar de la justicia llegará el perdón para su exilio, porque la familia, revolucionaria, siempre será la familia.

La Bitácora de la Tía Queta

Con eso de las lluvias de Veracruz y en medio de la crisis que vivimos bien vale la afirmación de que éramos un chingo y pario la abuela.  

 

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