Claroscuros
Por José Luis Ortega Vidal
05 de septiembre de 2015

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Hay una literatura, mexicana y universal, que atraviesa los pastos y los trinos de múltiples, diversas, enriquecedoras tonalidades cotidianas de la Universidad Veracruzana.

Sergio Galindo (+), Juan Vicente Melo (+), Orlando Guillén, Sergio Pitol, Eraclio Zepeda (+), José Luis Rivas, Luis Arturo Ramos, cursaron por las aulas de la UV (en su totalidad o circunstancialmente) o bien ocuparon cargos en su dirección editorial –de prestigio internacional- o han visto publicada parte de su obra bajo el sello UV o ambas cosas.

La gaceta de la UV, editorializa en su edición de abril-junio del 2007:

“Con escaso prestigio, con una trayectoria aún incipiente, pero con un talento extraordinario que dejó impresa su huella desde un principio, así eran muchos de los escritores que hace 50 años encontraron en la Editorial de la Universidad Veracruzana (UV) una plataforma de lanzamiento al mundo de las letras. Con el paso de los años, su consagración literaria ha redundado en beneficio del prestigio de la UV. Sus nombres lo dicen todo: Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska, Juan Carlos Onetti, Álvaro Mutis, Vicente Leñero, José Revueltas, entre otros.”

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La Universidad Veracruzana nació en 1944, a casi cuatro siglos de que se fundara la Universidad Real y Pontificia de México, en 1551.

Como la primera Universidad de México, que fue cerrada en 1865 y resurge en 1910 como la Universidad Nacional de México –hoy UNAM- la UV se inscribió en un proceso de evolución de nuestra sociedad que busca en el desarrollo educativo del más alto nivel la forja de un espíritu intelectual y propio, la construcción de un futuro mejor, siempre iluminado para todos vía el aprendizaje, la difusión y el quehacer científico y vía, también, el alimento, la nutrición, la creación y el saber de las artes.

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A lo largo del mes de septiembre del 2015, es decir semanas atrás:

–          Pedro Jiménez Lara, nativo de Acayucan, Veracruz, antropólogo por la UV y doctor en arqueología por la Sorbona, de París, acudió a un Congreso de Arqueología en Brasil. Pedro es investigador de su alma mater y como tal fue invitado a un encuentro de colegas en Sudamérica, para llevar a cabo la práctica de campo en una zona donde –siglos atrás- surgieron los primeros ingenios brasileños.

–          Norberto Luna López, médico general y maestro de medicina por y en la UV acudió también a Brasil, para exponer un trabajo de investigación en el ramo de la Neurología Pediátrica –de la que estudió una especialidad- a partir de sus prácticas, estudios teóricos y experiencias específicas en el sur de Veracruz, entre su natal Minatitlán y Coatzacoalcos.

Al mismo tiempo que recibo noticias sobre el destacado papel de los intelectuales veracruzanos, orgullosamente egresados de la Universidad Veracruzana, me entero de la petición que el Consejo Universitario ha hecho al gobierno de Veracruz para que se cubra el adeudo de más de 2 mil millones de pesos acumulados a lo largo de los últimos años y que incluyen más de 400 millones asignados por el gobierno federal que debieron llegar y no han llegado a la UV, pues pasan primero por la Secretaría de Finanzas estatal.

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Observo a Sara Ladrón de Guevara, la primera mujer que ocupa la Rectoría de la UV.

De inmediato rememoro una fotografía añeja: Gonzalo Aguirre Beltrán, Rector de la Universidad Veracruzana, junto a Adolfo Ruiz Cortínez, Presidente de México, dialogan en una oficina de la UV.

El poder político y el quehacer intelectual.

Sara, me queda claro, no es política en el sentido maquiavélico del término.

Ladrón de Guevara es política en el sentido aristotélico, como Aguirre Beltrán: seres humanos que ejercen su papel académico conscientes del papel que juega el poder en el desarrollo del humanismo y la construcción social.

Pedir a políticos que maquiavélicos que entiendan la naturaleza de un ente histórico como la Universidad Veracruzana es pedir peras al olmo.

Sin embargo, es necesario demandar, exigir, luchar por el respeto al ámbito educativo y la coyuntura que vive hoy la UV llama a todos quienes le amamos y creemos en su quehacer y objetivos profundos, a sumarnos al reclamo de Sara Ladrón de Guevara y a la petición, exigencia, del Consejo Universitario.

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Sé de una iniciativa de maestros y egresados de la UV que buscan sumarse a esta postura de defensa del espíritu universitario que no estriba sólo en exigir el pago de una deuda financiera –parte esencial del tema, desde luego- sino en ubicar al Estado, en este caso al gobierno veracruzano, en su justa dimensión como responsable de respetar, cuidar, impulsar, contribuir al crecimiento de la herramienta más sólida con que cuenta nuestra sociedad para cumplir el objetivo que promueve su existencia misma: la educación superior.

Javier Duarte debe entender que no se trata de una discusión sobre dinero porque éste ha sido presupuestado y una parte de él incluso se ha enviado ya desde el gobierno federal.

Tampoco se trata de un debate sobre la dialéctica de la educación, entre el universo privado y el público.

Lo que está en juego en este momento, en Veracruz, es el respeto a nuestra esencia espiritual e intelectual; el cumplimiento de un compromiso institucional que da inicio en un compromiso histórico y concluye en un compromiso de andamiaje social, esencial y fundamentalmente humano: el universitario.

No se trata del simple hecho de pagar lo que se debe, tema clave.

Se trata de entender -y si no se entiende entonces simplemente respetar- el papel del espíritu universitario que aporta a Veracruz una parte esencial de su ser histórico: veracruzanos somos y en la universidad andamos.

En este caso específico: en el camino de la UV, aunque el camino de la educación y el espíritu de la formación universitaria evoluciona, se comparte, crece siempre en su búsqueda como la ciencia y el arte lo determinan por su naturaleza respectiva.

Pero ya, vamos, esto es tema aparte y ha quedado claro el asunto del olmo…

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La UV posee un valor imposible de cuantificar por la simple y sencilla razón de que el humanismo no es un asunto de pesos y tampoco cabe en argumentos inicuos del orden de “no todo es dinero”.

Por todo ello, al momento escribir estas líneas pienso en el Zoon Politikón más que en el Príncipe, partiendo de la existencia inevitable de ambos…