CAMALEÓN

El poder, esa extraña y virtual energía que somete a quien la ejerce, ha sido por siempre la jettatura del hombre, como es posible constatar en las diversas etapas de la sociedad humana, épocas y culturas, tal como lo registran los anales de la historia. Hombres inteligentes o mediocres con suerte han sucumbido al maleficio del Poder, mostrándose como títeres de las circunstancias. Como en toda regla, salvo los secretos que la intimidad pudiera esconder, hay excepciones: Gandhi, Mandela, Castro, entre los pocos que no sucumbieron a los delirios del poder a fuerza de ocuparse en diseñar con genuina vocación social el destino de sus respectivas naciones.

Casos y cosas de quienes dedican sus afanes a la acción política están a la vista de todos, pues la cosa pública es asunto del interés común; de allí que nos enteremos de cuanto hacen, dicen o dejan de hacer quienes por vocación de servicio, por pedestre fruición de poder o simplemente porque las circunstancias allí los acomodan incursionan en el servicio público, una función de elevada importancia social venida a menos y en total descrédito porque se pervirtieron sus propósitos al privilegiar el beneficio personal depredando los recursos públicos en detrimento del bien común, tal como ha venido sucediendo en Veracruz.

Lo que a continuación se transcribe es parte del relato de una época, la radiografía de un sistema político, la descripción de acciones ejecutadas por políticos del momento, la expresión de una forma de gobernar aún vigente en nuestros días, las intrigas entre pares que Luis Spota, cronista excelso de esa época, a través de diversos ensayos nos regaló en la década de los setenta del siglo XX mexicano, con sustancia inmarcesible porque por su contenido, salvo mejor opinión, estamos en aptitud de inferir que hay poco de nuevo bajo el sol. Que del viejo régimen sobreviven lacras como la corrupción y la impunidad, así como la inveterada tendencia a reafirmar continuismos estériles solo para cubrir fechorías.

¿A quién de los que vamos de salida o al joven individuo de estos tiempos pudiera parecer extraño el contenido del siguiente párrafo, en el que Spota narra la súbita riqueza de un recién llegado al gobierno?: “La residencia le había sido puesta como muestra del ansia de riqueza que caracterizaba a casi todos los cercanos, amigos y colaboradores…” del gobernante…. “Una mansión nada parecida al modesto departamento que hace sólo un año ocupaba en colonia periférica de la ciudad”… “Hay que ver qué uñas más largas están enseñando los que llegaron dizque a moralizar…”. “Aún en los tiempos en que los políticos se cuidaban menos, pocas veces se había visto tal ostentación… ¿Cómo han logrado acumular tanto…?”

Respecto a la sempiterna simulación en la lucha contra la corrupción en el sector público, Spota escribió hace más de cuarenta años: “En la realidad, poco se ha hecho, excepto encerrar a unos cuantos  funcionarios menores, a quienes ha debido ponerse en libertad porque no procedían los cargos, o porque la Fiscalía Especial carece de pruebas…el Fiscal sigue trabajando…pero muy cuidadosamente evita entrar en conflicto con los grandes bandoleros del pasado…da la impresión de que tiene instrucciones superiores de no molestarlos…La gratitud… el Señor ha demostrado que sabe ser agradecido  y que respeta a su antecesor…” (“La víspera del Trueno” 1978-1980, Grijalbo).

Acerca del influjo del Poder sobre quien “goza” de sus beneficios: “En mayor o menor medida (el poder) siempre los cambia a partir del momento en que se colocan la banda del Poder. Ser lo que ya son empieza a marearlos rápidamente…La culpa no es del todo suya…de que ese cambio se produzca son también  responsables quienes lo rodean; los que poco a poco, sin que se dé cuenta, o sin que le importe, van aislándolo, encerrándolo, apartándolo de la realidad, en cierta forma tomándolo prisionero… por lo que llevamos visto el señor no ha sido la excepción”.

Y sobre la sempiterna realidad: “Es el sentir (generalizado) que el país anda sin brújula, o que aún no atinan a encontrar su camino quienes lo dirigen. Dígame usted, ¿hay o no disgusto en el campo? ¿Prospera la agricultura? ¿Disponemos de vivienda? ¿Se abaten los índices de desempleo? ¿Se impide la migración de nuestros campesinos y obreros? ¿Cuánto más va el pueblo a tolerar esto?” Como se puede advertir, esa interrogante data de años viejos pero su fragancia es moda permanente y su vigencia tiene acento contemporáneo.

“El sector privado busca fuera de aquí la seguridad que el Gobierno es incapaz de garantizarle. El campo no produce, porque hay demagogia…la agricultura languidece, para usar un eufemismo amable, debido a que la política del régimen, quizá porque le hacen falta colaboradores más aptos, es errática, caprichosa, confusa…y lo que se dice de agricultura puede aplicarse a todo lo demás.”

Y respecto del “molesto” zumbido de la crítica, insoportable para quienes llegan al extremo de sentirse dueños absolutos del destino del pueblo al que debieran servir con eficacia porque alguna vez confió en ellos, Luis Spota describe ese fenómeno a través del cual la población desquita su coraje y decepción: “No son únicamente los ciudadanos particulares los que murmuran por teléfono. La prensa, los cómicos, la radio y la televisión, del teatro y del cabaret, imprimen y difunden los chascarrillos, los rumores, los juegos de palabras, que en todas partes repite la gente anónima… o quizá sea a la inversa: los cómicos, los columnistas y caricaturistas, solo sirven de vehículos para difundir lo que la calle está diciendo”.

Cuando Spota escribió su ensayo, al que intituló “La Víspera del Trueno”, corrían fuertes rumores sobre la inconformidad de mandos jóvenes en el ejército y una supuesta interrupción de los mandos civiles constitucionalmente establecidos. La especie era producto de una severa crisis de credibilidad en el gobierno, que no podía controlar la inflación y las perjudiciales devaluaciones. Había pasado la euforia que produjo el cuento aquel de “administra la abundancia”, quedaba la cruda realidad de una deuda pública sin control y el fuerte enfrentamiento con los empresarios del país. En ese entorno se escuchó en el Congreso mexicano la dramática expresión: “Ya nos saquearon, no nos volverán a saquear”.

Como dicen en el llano sotaventino: “se parece igualito”.

alfredobielmav@nullhotmail.com

18-octubre.