Rúbrica
Por Aurelio Contreras Moreno
26 de octubre de 2015

Este fin de semana, Javier Duarte de Ochoa reveló en toda su magnitud su condición como gobernante y como ser humano, y lo que esto le ha significado al estado de Veracruz los últimos cinco años.

El viernes 23 de octubre, el gobernador de Veracruz acudió a la ciudad de Orizaba, recién declarada “Pueblo Mágico” por la Secretaría de Turismo federal, para grabar spots para su quinto informe de labores. Fue acompañado por su esposa y sus tres hijos, con quienes subió al teleférico y al cerro del Borrego para, con una estampa de “unidad familiar”, invitar a visitar el estado.

Al terminar, Duarte y su esposa Karime Macías Tubilla fueron encarados por la señora Araceli Salcedo, madre de la joven Fernanda Rubí Salcedo Jiménez, quien lleva tres años desaparecida, sin indicio alguno de su paradero.

“Bienvenido señor gobernador al pueblo mágico, donde desaparecen a nuestros hijos”, le dijo Araceli Salcedo a Javier Duarte, mientras le mostraba un cartel con la ficha de búsqueda de su hija.

Los reclamos de la madre afligida no fueron razón suficiente para que el gobernador de Veracruz y su esposa, quien ostenta el cargo de presidenta del DIF estatal, detuvieran su paso por un instante para escucharla y atenderla, como es su obligación. Para más, ambos esbozaron una sonrisa burlona, que indignó aún más a la mujer que reclamaba desesperadamente justicia. Duarte la instó a acudir a la Fiscalía General del Estado y a entenderse con su titular.

“El Fiscal es lo mismo que ustedes, pura corrupción. Ríase, ríase. Que no le toque a su familia, porque el día que le toque, en este pueblo mágico, va a ver lo que se siente sufrir, no ver a su hija desde hace tres años con dos meses, señor. Lo felicito por su pueblo mágico”, alcanzó a decir Araceli Salcedo antes de que Javier Duarte y Karime Macías la dejaran atrás.

De este penoso episodio de dolor por la ausencia de justicia y de infinita indolencia de quien dice ejercer la autoridad en este estado, quedó constancia visual a través de un video que fue publicado en el portal del diario El Mundo de Orizaba. En minutos, se volvió viral en las redes sociales y fue retomado por medios de comunicación de la capital de la República. Hasta la noche de este domingo, llevaba un millón 252 mil 764 reproducciones, así como una condena, unánime y severísima, lapidaria, contra Javier Duarte de Ochoa.

La respuesta del responsable de las instituciones del estado de Veracruz se dio en los términos que acostumbra, dos días después. Un pasquín propiedad de un fallido ex candidato del PAN a la alcaldía de Córdoba, que en un principio era crítico del régimen de Duarte –hasta que se provocó un autoatentado y le encontró “el modo”–, publicó como titular principal, con una nota sin firma, que la joven Fernanda Rubí Salcedo Jiménez estaba “ligada a los Zetas”, y aludiendo supuestamente a la investigación de la Procuraduría General de la República sobre el caso –sin presentar el número de averiguación–, afirmó que la chica era “novia” de Rafael Lucio Hernández López, alias “El Lucky”, antiguo jefe de esa banda criminal en la región de Córdoba, quien fue aprendido en diciembre de 2011 por elementos de la Marina.

Y para que no quedara duda de la autoría del libelo, se incluyó como “tip” otra infamia: “ninguna madre de una hija normal, se iba a esperar tres años para irle a gritar al Gobernador. Obvio que es mandada por los adversarios políticos de Duarte. Sin embargo, el Gobernador es el principal responsable en garantizar la seguridad de sus ciudadanos, pero si la hija era la amante del líder de plaza de los delincuentes, que ahora no exija justicia”.

La criminalización de las víctimas ha sido una práctica recurrente durante el sexenio de Javier Duarte. Lo ha hecho sistemáticamente con los periodistas asesinados y con cualquiera que se atreva a reclamarle justicia por la absoluta ineptitud del régimen para brindar seguridad a la población.

Con este caso, al criminalizar por encargo, a través de un libelo infame –porque ni siquiera tuvo el valor de hacerlo de frente–, a una de las víctimas de su desastroso gobierno, Javier Duarte no sólo ha rebasado los límites de la falta de humanidad. También violó la ley.

En el artículo 5 de la Ley General de Víctimas, se establece como uno de los principios a aplicar el de No Criminalización, bajo estas premisas: “las autoridades no deberán agravar el sufrimiento de la víctima ni tratarla en ningún caso como sospechosa o responsable de la comisión de los hechos que denuncie. Ninguna autoridad o particular podrá especular públicamente sobre la pertenencia de las víctimas al crimen organizado o su vinculación con alguna actividad delictiva. La estigmatización, el prejuicio y las consideraciones de tipo subjetivo deberán evitarse”.

Obvio que eso no le importa a un gobernante acorralado por sus propias pifias y corruptelas, y a quien “se le olvidó” incluir en su libelo que tras ser capturado, “El Lucky” señaló como uno de sus enlaces con el Gobierno de Veracruz a un funcionario al que sólo identificó con el apellido de “Lagos”. ¿Le suena?

Tienen la memoria muy corta, inversamente proporcional a su monumental miseria, política y humana.

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