Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
21 de octubre de 2015

¡Eso de sacar los “güevos” cada mes no lo dijo don Fernando, fue una expresión de Alvaro Obregón, quien dijo “mostrar los güevos –no sacar– cada quinces días”, no cada mes!

Por estos días el gobernador Javier Duarte sepultó de una vez y para siempre la democracia.

Tras la definición de quien se asume como el representante de ocho millones de veracruzanos, que “será el presidente Enrique Peña Nieto quien decida la sucesión del 2016”, no queda más que mandar al carajo el juego electoral.

Y es que si el presidente va a decidir quién nos va abanderar para luego el aparato Duartista garantizar la victoria priista ¿Para qué organizamos y participamos en unas elecciones que nos van a costar tres mil 500 millones de pesos en los siguientes dos años?

Para qué hacerle al juego democrático si ya está todo decidido desde el centro y por qué no mejor, estando tan inermes e indefensos, destinamos los dineros para completarles sus alcancías a los que ya se van.

¿Qué sentido y qué tipo de formalismo tenemos la obligación de cumplir y cuál es nuestro deber ciudadano si el tamal ya está hecho?

Vaya, para qué fingir una jornada cívico–electoral si todo ya lo tienen previsto quienes anhelan con el alma se cumpla el ritual del abstencionismo para que entre en operación su maquinaria y obtener, una vez más, tal como dice el señor Duarte, una elección en favor de su partido.

El señor gobernador no dice desde luego, que para dicha operación ya está lista, literal, la maquinaria electoral, que son verdaderas impresoras de 500 mil dólares que de un madrazo imprimen de manera clandestina un millón de boletas electorales y cuyas instalaciones ya están listas, calígrafos incluidos, en el edificio Orizaba, en Xalapa y en Coatepec, a la entrada de la Orduña, justo al lado del “Auto–Zone”.

Son las mismas que dieron la “democrática” victoria en la pasada jornada a 16 aspirantes priistas a las diputaciones federales, las mismas que no sirvieron para garantizarle la victoria a Peña Nieto en la presidencial por “errores de logística” y porque el PAN se puso águila a pie de urnas, de todas las urnas.

Pero bueno, el punto es que la sociedad civil, tras las inopinadas declaraciones de Javier Duarte, constata cómo se hizo añicos el formalismo institucional en donde el gobernador como nuestro máximo representante popular, que ancestralmente era el primero en guardar las formas, decidió romper el molde.

El por siempre fiel centinela de la democracia, el hombre que siendo institución tenía vedado ser priista, panista o perredista, tan solo el reflejo de la ciudadanía, es hoy un siervo de Peña Nieto.

No quedó a los veracruzanos más remedio que refugiarnos, a través del gobernador, en la voluntad de un presidente ajeno, distante y poco participativo a las tribulaciones y problemas hambre, empleo e inseguridad que se vive en Veracruz.

Peña Nieto trae tanta bronca encima que lo que menos le importa es saber –como dicen los clásicos– si el pueblo tiene hambre y sed de justicia. Es el mismo a quien importó un cacahuate autorizar un gobierno de dos años para Veracruz, que debió ser un tema de consulta ciudadana y de conveniencia financiera para una entidad en quiebra.

Guardemos pues la definición del señor gobernador el sábado anterior ante un grupo de notables políticos y periodistas cuando dijo “tengo muy claro quien decidirá la candidatura del PRI al gobierno del estado, será el presidente Enrique Peña Nieto, nadie más”.

“Así se lo dije, según el mismo reseña, al presidente del CEN del PRI Manlio Fabio Beltrones, en donde estuvo presente Miguel Angel Osorio Chong”.

Ante ellos se comprometió a “cumplir con la instrucción que tiene como primer priista del estado, a ganar la elección de su partido con el candidato que el presidente decida mandar”.

En el festejado encuentro del fin de semana, Duarte se hizo acompañar por quien será a partir del próximo sábado el nuevo presidente del CDE del PRI, el diputado Alberto Silva Ramos, “para que enfrente a la oposición ya que vamos a tener un dirigente priista contestatario, guerrillero…”

¡Ufff!

El gobernador con la camiseta de priista. El gobernador de chaleco antibalas mandando a su guerrillero. El gobernador poco cuidadoso de las formas. El gobernador que corre el maquillaje de la institucionalidad. El gobernador empeñado en meter a la cárcel al hijo de su principal enemigo, Miguel Angel Yunes Linares “¡por ratero!”.

A eso se constriñe su lucha: a exterminar al enemigo, a romper el legado  democrático que permite la victoria de las mayorías y la participación de las minorías en el juego de poder y no poder. A ese cuidado que debe tener todo mandatario de respetar a la oposición.

Aquí el chiste es romperles la madre.

A destruir a todo aquel que se oponga al proyecto. A no dejar pasar a quien los va a meter en la cárcel si llega y a revolver el escenario imponiéndole al que viene equipo, logística y hasta una bancada local para el próximo Congreso a renovarse, en donde ya se anotaron los más conspicuos pillos del Duartismo, esas rémoras que no alcanzaron boleto para las diputaciones federales.

El fin de semana se empezarán a dar los primeros pasos tras la asunción del “guerrillero”.

Les faltó acaso un detallito a estos amigos, que el candidato que “designe” por dedazo el presidente Enrique Peña Nieto, esté de acuerdo con ese plan de choque en donde le “resuelven” la vida al futuro gobernador con tal de que los perdone.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo