alianza-pan-prd Vía crítica
Por Miguel Ángel Gómez Polanco
06 de octubre de 2015

Mi estrategia es, en cambio

más profunda y más simple

Mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo ni sé con qué pretexto

por fin me necesites

Mario Benedetti

Desde 1989, para ser precisos, la caída del Muro de Berlín, el parcial final de la Guerra Fría y el establecimiento “oficial” de la globalización como estado progresivo de la evolución humana, ya podíamos ver que las ideologías estaban comenzando a ver su final como modelos de aplicación políticos.

Incluso, para Francis Fukuyama, al igual que lo fue en 1806, después de la Batalla de Jena para Friedrich Hegel (en la época de las Guerras Napoleónicas), el fin de la historia era inminente: los regímenes políticos ya tenían los días contados.

Dicho de otro modo: según los autores, la historia “acaba” varias veces, mientras las y los ideólogos resucitan cada vez más debilitados.

Y es que las ideologías en el Siglo XXI no son más que la nostalgia de un mundo matizado por la originalidad de sus pensamientos, ante un modelo de crecimiento que actualmente debe ser abordado con mayor frialdad y conveniencia democrática.

En su libro El fin de la historia y el último hombre, Fukuyama manifiesta: “en el fin de la historia, no es necesario que todas las sociedades se conviertan en exitosas sociedades liberales, sino que terminen sus pretensiones ideológicas de representar diferentes y más altas formas de la sociedad humana”… ¡pero qué difícil es siquiera intentarlo en democracias tan empequeñecidas por los tercos regímenes!

Ejemplo de lo anterior, sí, adivinó usted, es México: más de setenta años gobernados por un ocurrente Partido que decidió aglutinar expresiones revolucionarias y contener las insurgentes, convirtiéndose en la hegemonía cultural más deprimente de un país que lo tiene todo.

Pero aterricemos en Veracruz; el politizado estado que después de 85 años gobernado por los mismos, empieza a comprender el fin de las ideologías, aunque haya todavía esbirros de personalidades que se ofendan por entender esta conclusión e insistan en transmitir su angustia a una sociedad cada vez más harta de lo mismo.

Pero ¡oh sorpresa! En Veracruz -a pesar de los berrinches- estamos ante una inminente alternancia de gobierno. Uno basado en la pluralidad, no en lo ideológico. Conveniente, sí, pero más táctico, estratégico. Por eso es que es palpable la desesperación de un régimen que está en el ocaso y que eligió al peor representante para decir adiós, envuelto en una crisis histórica de malos manejos, desconfianza y ruptura generalizada.

¿Cuál es la opción? Quizás usted ya la sabe. La que recibe los ataques más severos. La que decidida a nivel nacional, es refutada en lo local como algo “indebido”. Calificada en años anteriores como “impúdica”; quesque porque “el agua no se junta con el aceite”. La desesperación es tremenda. El golpeteo, peor. El sistema actual no concibe que esté llegando a su fin la cadena de improperios que, pensaron, nunca captaría a población de una entidad mantenida en el rezago, para evitar que agarrara la onda y lo reflejara en las urnas.

Ahora la pregunta es ¿cómo le harán el PRD y el PAN? Y la respuesta, pudiera ser sencilla: dice Sun Tzu que “el que es experto en la guerra, atrae al enemigo al campo de batalla y no se deja llevar allí por el enemigo”. Y en este caso, el “enemigo” ya se ve cansado de no hallarle por dónde. Se adelanta y recurre a lo conocido, lo “normal” en ellos: la intromisión comprada (léase Moreno Brizuela y Romero Aquino; compañeros del mismo dolor y necesidad), el ataque mediático (denuncias por enriquecimientos ilícitos), falseo de declaraciones (nadie “invitó” a Héctor Yunes a ser el candidato del PRD) y ahora, por si fuera poco lo anterior: hasta se pelean en público para “desmarcarse” y no perder el único caudillo que pueda salvarles la elección (nomás acuérdese de aquel teatro de la “caña”).

SUI GENERIS

El fin de las ideologías es sinónimo del fin de los regímenes. Quizás de ahí el miedo priísta. Por eso es que la táctica y la estrategia, quizás romántica y por una necesidad de rescate, es lo que permea el entorno electoral en nuestros días, para Veracruz, de parte del PRD y el PAN. Sin neoliberalismo ni muerte del neoconservadurismo. Únicamente se trata de apostar por la practicidad política.

Una alianza a lo Benedetti, pues más profunda y más simple que un programa compartido de gobierno, por fin haga que se necesiten -el PRD y el PAN-, pero por el bien de las y los veracruzanos. Siendo así, será viable.

POST-IT: Aumentar del dos al tres por ciento el impuesto a la nómina, significa que el desempleo está a tal grado en Veracruz, que ya no alcanza para recaudar con el porcentaje que se pretende aumentar. No hay trabajo, pues. Es decir: los que no tienen trabajo, seguirán así y, por si fuera poco, los que sí tienen quizás resulten corridos, pues para los empresarios será más fácil tener siete empleados al tres por ciento, que diez al dos. ¿Y todavía se dice que esta reforma “no afecta a los que menos tienen”? Abrón.

Contacto:

Twitter: @magomezpolanco