Rúbrica
Por Aurelio Contreras Moreno
13 de octubre de 2015

Empecinado en dejar como su sucesor al diputado federal por Tuxpan Alberto Silva Ramos, el gobernador Javier Duarte de Ochoa se jugará la que pueda que sea su última carta para intentar incidir en la decisión sobre el candidato del PRI a la gubernatura.

A través de un tremendo y nada democrático “dedazo”, Duarte colocará a Silva Ramos como presidente del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional, en un acto en el que, para mostrar un músculo político ficticio, le acarrearán a Silva miles de personas para que lo vitoreen este domingo en el World Trade Center de Boca del Río. Con cargo al erario, claro está.

La movida es clara. Como a Alberto Silva no le dieron nada políticamente relevante en la Cámara de Diputados –la presidencia de la Comisión de Población y nada, es lo mismo-, Duarte lo traerá al PRI para que desde esa posición viaje por el estado para “unir” a los priistas, que están “confundidos” ante el enfrentamiento frontal del gobernador con los dos senadores de su partido, José Francisco Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, que son quienes encabezan las preferencias dentro del Revolucionario Institucional.

Lo que habría acelerado la inopinada entronización de Silva en la dirigencia tricolor fue la reunión del pasado viernes entre el senador José Yunes Zorrilla y los diputados locales del PRI, PVEM y Nueva Alianza en Perote. En los rituales y retórica priista eso fue equivalente a una “cargada” en favor del legislador que el duartismo no está dispuesto a dejar pasar.

La obsesión por colocar en el poder a un cómplice de esa cofradía los lleva a cometer desfiguros como éste, haciendo a un lado a un político que entregó buenas cuentas a su partido, como el dirigente saliente Alfredo Ferrari Saavedra, para que ocupe su lugar un advenedizo sin merecimientos para ser ya no digamos presidente del PRI, mucho menos para ser gobernador de Veracruz.

Silva quiere repetir la historia de su protector, impulsor y benefactor. Llegar a la gubernatura sin merecerlo, sin trayectoria, sin ideas y con el único y avieso objetivo de cubrir las espaldas de Javier Duarte.

Alberto Silva Ramos representa el continuismo del régimen más atroz que ha gobernado a Veracruz. En la frente lleva el estigma de la corrupción de la que no sólo ha sido cómplice sino beneficiario directo. Si no lo cree, puede preguntar en Tuxpan en qué nivel dejó endeudado al municipio. Y ya no digamos en la Coordinación General de Comunicación Estatal, donde no dejó de facturarle a los medios convenios que nunca les pagó, dinero que no se sabe a dónde fue a parar. ¿O sí?

Es tan burda y soez la jugarreta del fidelismo-duartismo, que de inmediato los dos senadores priistas y principales oponentes del “minimato” de esta corriente, José Yunes y Héctor Yunes, manifestaron su abierta oposición a que se entregue la dirigencia priista a Silva. Seguramente serán desoídos. Y con ello, crecerá la grieta que fractura cada vez más a ese partido.

Alberto Silva Ramos tendrá el “arca abierta” de las finanzas estatales para promover sus aspiraciones, lo cual, además de ilegal, es inmoral ante la situación económica por la que atraviesa Veracruz.

Pero pedirle moralidad a la podrida “generación próspera” es como creer en la redención del diablo.

Agradecimiento

 

Expreso mi gratitud infinita a todos y cada uno de los amigos, compañeros, colegas y lectores que manifestaron su solidaridad y apoyo ante el allanamiento de nuestro hogar y el robo de mis herramientas de trabajo este fin de semana. Seguimos firmes y de pie.

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