Atendiendo a los usos y costumbres de la cultura priísta, la opinión del candidato a gobernador en cada entidad es determinante para nombrar al dirigente de su partido que en teoría debe operar la campaña electoral. La opinión del gobernador en funciones es importante, pero no determinante.

El grado de confianza política, de comunicación y acompañamiento entre candidato y dirigente partidista es fundamental para alcanzar sus propósitos. En ningún esquema el presidente de partido regatea apoyos, ni trae rutas alternas al candidato; por el contrario, corresponde prácticamente al mismo equipo del candidato y sólo le toca dar viabilidad a los planes de quién busca ganar la mayoría electoral.

Como se puede apreciar, ninguna de las condiciones antes mencionadas las cubre el prospecto de dirigente estatal del PRI, Alberto Silva Ramos, quien forma parte del primer círculo del gobernador y que además aspira a obtener la candidatura a gobernador, al igual que los senadores Héctor Yunes Landa y José Yunes Zorrilla, es decir no sólo forma parte de otros intereses grupales, sino que además tensa las relaciones que de por sí alcanzan un grado de crispación entre el priísmo veracruzano.