Pulso crítico
Por J. Enrique Olivera Arce 
06 de octubre de 2015 

Habiendo tocado fondo, es inaudito el grado de perversión y absoluta ausencia de respeto a la ciudadanía que vive la política, si es que aún se le puede llamar así, en Veracruz. Como si ya de por sí el horno no estuviera para bollos, el quehacer político se hace girar en torno al añejo pleito personal que a lo largo de varios lustros a confrontado a Fidel Herrera Beltrán con Miguel Ángel Yunes Linares.

No es una confrontación partidista entre el PRI y el PAN. Es un vulgar pleito en el que el gobernador de la entidad se hace partícipe, exhibiéndose como un valentón de barriada y, de paso, comprometiendo la necesaria ecuanimidad que exige el mínimo de gobernabilidad que merece Veracruz.

Primero se fue tras el padre. No teniendo tamaños para doblegar al ahora diputado federal Miguel Angel Yunes van tras el hijo, del mismo nombre y alcalde en funciones del municipio de Boca del Río. Poniendo lo mismo al Congreso local que a la procuración de justicia, al servicio de intereses mafiosos, hablando el burro de orejas.

¿Qué sigue? Se preguntan los veracruzanos ante la bochornosa exhibición de incivilidad y prepotencia de un gobernador que al parecer ha perdido el juicio. ¿Hasta donde pretende llegar Javier Duarte de Ochoa poniendo la justicia al servicio de Fidel Herrera Beltrán o de sí mismo ante el temor de ser llamado a cuentas por el desorden, endeudamiento y saqueo a que diera lugar en la administración pública bajo su responsabilidad?

No bastó en el marco del pleito de barriada el haber roto relación política y de amistad con los senadores veracruzanos priístas de apellido Yunes, acelerando la crisis del partido en el gobierno. Como tampoco bastara el haber auspiciado división y encono al interior del panismo veracruzano, descarrilando el proceso de sucesión que habrá de culminar con la elección de gobernador de dos años. Ahora es toda la vida política de la entidad la que queda en entredicho, justificando y profundizando la pérdida de credibilidad y confianza de la ciudadanía lo mismo en los partidos políticos que en la generalidad de una clase política ayuna de racionalidad y representatividad.

Como lo comentara en mi anterior maquinazo, Veracruz vive un verdadero desgarriate. Crisis económica, quiebra de las finanzas públicas, corrupción impune, política política rasguñando el fondo, y una apreciable insanía en quien gobierna. Y es en este escenario en el que habrá de dirimirse la sucesión de Javier Duarte, ante la indiferencia no sólo del Sr. Peña y del partido gobernante, que parecen estar dispuestos a sacrificar a la entidad veracruzana en la elección del 2016, también de la ciudadanía que impotente, sólo le queda elevar su voz al cielo pidiendo que se vallan todos.

Y en el inter, para vergüenza, el presidente estatal del PRI, cínicamente anuncia a bombo y platillo que al interior del partido reina la alegría. ¡Que bonito es Veracruz!

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