Fernando Vázquez Rigada

El tiempo político tiene diferentes calendarios al tiempo cronológico.

Quien piense que el 2018 está a la vuelta de algo más de dos años, se equivoca. Ya está aquí.

Andrés Manuel López Obrador juega sus cartas con maestría. Astuto, ha marcado la agenda durante el último mes. La carta al Papa, que anticipa el anuncio a la visita del pontífice a México. La alternativa de aeropuerto. Los spots. La llegada a Morena. El dardo que pega en el corazón del PAN al decir que Margarita Zavala es sólo una extensión de su marido. El peje vuelve a demostrar su astucia, su colmillo, su habilidad. No ha demostrado, aún, que ha aprendido de sus errores y superado su mayor debilidad: la arrogancia. Pero, como el Cid, es un jyerto que goza de cabal salud.

En el PAN, Ricardo Anaya teje con finura y logra lo impensable: poner en un rincón de la asamblea blanquiazul a su creador, Gustavo Madero, y placear a Margarita Zavala al tiempo que reintegra a la vida partidista a Felipe Calderón. Todos felices. O casi todos: Rafael Moreno Valle no llega a la fiesta. Siente que no es suya. Que algo no va bien. En política las ausencias no hablan: gritan.

En el PRI, Manlio Fabio Beltrones comienza a definir al cartel que peleará 13 gubernaturas el próximo año. La labor del líder del CEN no ha sido fácil. Lis gobernadores se habían desacostumbrado ya no solo a la disciplina sino, incluso, a la cordura. Define Durango, contra el preferido del gobernador. Mete al orden al chivo en cristalería que dice gobernar Quintana Roo. Dobla al presunto gobernador de Veracruz y felicita a Héctor Yunes, senador, en público, frente a todo el priísmo jarocho. De pasada, Manlio dice que si es preciso, abrirá las oyertas a candidatos externos. Quizá cocine un platillo oaxaqueño.

Pero las cosas nunca son tan simples en el PRI. Al mismo tiempo que lo anterior ocurre, desde la PGR llega un bombazo que da en el eje de flotación a la relación con el PVEM e impacta a la secretaría de gobernación.

Pensar que la salida de Arturo Escobar solo daña al secretario de gobernación o al, quizá, próximo indiciado es una ingenuidad. Da en el corazón de un proyecto de gobierno. Sin el Verde, el PRI se queda sin mayoría en la Cámara Baja. Deberá conformarse con un modestísimo 29% de la votación del pasado junio y volver a hacer números con respecto a elecciones empatadas para el próximo año: al menos 5 de las 13 que vienen.

Obviamente, el misil pega en Bucareli, pero pega también mas allá: pega en Los Pinos. El presidente tuvo que pagar un alto precio por meter a Escobar y uno más alto aún para sacarlo. Doble costo, rendimientos decrecientes.

Las lecturas más zorrunas hablan de un posible ataque desde dos flancos: desde el lado del PAN, que fractura una alianza sóluda y redituable, pero también se habla de un PRI duro harto de los excesos y abusos del Verde.

Puede ser. El cañón estuvo en casa, aunque el operador sea autónomo. La información, la integración del expediente y la filtración oasaron de niche para todo el gobierno. Increíble.

Al final, empero, los costos pegan al gobierno por tener un aliado impresentable. Por consentir los excesos. Por abrazar la arrogancia de los verdes.

Pese a todo, el Verde tiene un peso electoral específico.

Por eso el 2018 no es en dos años. Es hoy.

@fvazquezrig