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Foto: Golpe Político

* Silva, de locura en locura  * Erick, ni destape ni cargada  * El acuerdo de El Lago  * Héctor habla; Pepe calla  * Panistas y perredistas, de plácemes  * Yunes Linares agarró el tomate más podrido  * Cuando Sergio Rodríguez frustró la alianza PAN-PRD  * Caleb ningunea a Tomás  * La traición de Chivis Olivares

De la mano de Javier Duarte, el PRI ya está en la fase del caos: hablan todos, se atacan todos, se abrazan todos, se ofenden todos, intrigan todos, regateándole a Los Pinos la sucesión y la candidatura al minigobierno de Veracruz en 2016.

No lo encauza Don Beltrone, no lo alinea Gamboa Patrón, no lo somete Peña Nieto, ni se inmiscuye Osorio Chong, mientras el priísmo veracruzano se observa trepado en un teatro de tramoyas endebles, que lejos de atraer la atención del electorado, evidencia la disputa a muerte entre el fidelismo-duartismo y el yunismo rojo.

Sabe Duarte que esta sucesión no es suya, que no son los tiempos de Fidel Herrera, su antecesor, quien no teniendo presidente priísta, pudo imponerlo a él en el gobierno de Veracruz; que la designación del candidato del PRI pasa por el filtro de Enrique Peña Nieto y ahí, en Los Pinos, se decide su suerte. Aún así, al gobernador le da por regatear. No tiene con qué, pero regatea

Pobre —paupérrima, diríase— es la oferta de Javier Duarte: El Cisne Silva, su amigo, un misógino empedernido, difamador, borrachín, narcisista, de escasa rentabilidad política pues a su paso por gobierno, alcaldía de Tuxpan, diputación y PRI lo único que ha dejado es suciedad.

Pobre también es el Plan B, la opción de Acayucan, con un frustrado “destape” del diputado federal Erick Lagos Hernández, cuyo pasado lo liga con lo peor de la fidelidad, tirándole lodo hasta a los fidelistas —¿o no Claudia Ramón?— y una imputación pública de ser el operador de la relación entre el narco y el gobierno de Fidel Herrera Beltrán que se llevó las ocho columnas de Reforma. Por las manos de un licenciado de apellido Lagos, poderosísimo, dijo el jefe regional Zeta, Raúl Lucio Hernández, alias El Lucky, pasaban los millones en sobornos para operar libremente.

De uno y otro se acreditan señalamientos aberrantes, lo sórdido en los tiempos de Fidel Herrera, el trabajo sucio, el golpe a sus enemigos, la intriga para desplazar al adversario, la compra de la oposición y la mano ruda cuando el dinero no lo podía comprar.

Tiene ahí, aún, Javier Duarte a Alberto Silva Ramos, líder del PRI en Veracruz, sin merecimiento alguno, impuesto ante el pasmo de los priistas, que lo conocen frívolo y rapaz, engreído y alejado de la humildad, de funesto paso por la alcaldía de Tuxpan, donde hizo trizas sus finanzas y recibió dos bombazos de los Zetas, que terminarían siendo sus cuates; de sospechoso proceder cuando manejó los dineros de la Secretaría de Desarrollo Social estatal, ahí por donde pasan los programas sociales y se traducen en votos, o cuando tuvo en sus manos la Coordinación de Comunicación Social y se quedaba con los recursos que eran para los textoservidores, burlados los amanuenses del gobernador y sin derecho a decir que el chayote les fue conculcado.

Llegó al PRI. Y en un pestañeo se metió en una espiral de locura. Llegó a contrapelo, deslenguado, anunciando que él sería el nuevo líder estatal cuando Alfredo Ferrari ni idea tenía y perdía el tiempo papando moscas. Llegó violando los estatutos del PRI, como apunta el columnista Raymundo Jiménez en Al Pie de la Letra. “Cisne acelerado”, tituló su reveladora columna, el 28 de octubre.

No es un apacible cisne. Es un chivo loco en cristalería, incontrolable, desconectada su lengua de su cerebro que en dos episodios pudrió la asonada de Javier Duarte para arrebatarle a Peña Nieto la sucesión.

Filtró, por ejemplo, Silva Ramos la lista de 120 “aviadores” de la Secretaría de Educación de Veracruz, usurpando las funciones de la SEV o de la Contraloría estatal. Y para su desgracia, la lista contenía nombres de maestros en activo y de educadores ya fallecidos de intachable conducta y trayectoria ejemplar. O sea, los difamó.

Lo alertaban que no podía revelarse el contenido de la lista, pero Silva Ramos mandó al diablo a SEV y habló hasta saciarse, descarrilando la ofensiva contra el acérrimo rival del gobernador, el diputado federal panista Miguel Ángel Yunes Linares, a quien le imputaba que la contratación de los “aviadores” desde el sexenio chirinista, cuando Yunes Linares era secretario de Gobierno.

Le siguió el episodio de la misoginia. Ese estuvo mejor. Que el PRI aplicará pruebas antidoping y antiembarazo a quienes deseen ser candidatas en el proceso 2016.

Ya se sabía del pobre concepto en que El Cisne Silva tiene a la mujer. Para él son Kleenex porque las usa y las desecha, pero advertir que habrá prueba antiembarazo es violatorio de la Constitución y un agravio mayúsculo a la mujer.

Lo tundió la dirigencia nacional del PRI, que lo obligó a ofrecer una disculpa pública, mientras El Cisne iba de contradicción en contradicción. Que si fue un error gramatical, que si fue un malentendido, que si no lo dijo, que si sí lo dijo pero que ya no lo volverá a decir. Y cuando ofrece la disculpa pública, muestra un golpe en el ojo izquierdo, amoratado, dizque porque Em¡liano Alberto, el hijo que tuvo con Elsa Basante, su señora, se lo provocó. Ajá.

Relata el periodista Edgar Hernández que ese golpe fue el epílogo de su sueño de poder, el impacto con el que Javier Duarte lo echó del edén duartista, dando paso al Plan B, otro granuja de la fidelidad, Erick Lagos Hernández, el hijo político de Fidel.

Aplicaba Javier Duarte el ardid del petate del muerto. Con días de anticipación, filtró que el sábado 7 sería destapado el diputado Erick Lagos en Acayucan, su distrito, durante un evento del sector campesino priísta, la CNC. Lo refrendó el legislador local Juan Cruz Elvira, hechura de Erick, coludidos ambos en el golpe al PRI.

No hubo nada. Javier Duarte se limitó a elogiar a Erick Lagos pero del “destape” ni el aroma.

“Saludo y quiero hacer un paréntesis aquí —dijo—, quiero saludar y al mismo tiempo y sobre todo reconocer el apoyo y el respaldo a la lucha que viene dando a nombre de todos y cada uno de nosotros en el espacio donde se están discutiendo los elementos de la agenda nacional. Quiero reconocer la capacidad, el esfuerzo y la defensa que está haciendo de los veracruzanos en la máxima tribuna de la nación, en estos momentos que se está analizando y discutiendo el Presupuesto de Egresos del próximo año. Me es muy grato agradecerle por todo el apoyo que nos ha brindado mi amigo, mi compañero de proyecto; un hombre orgullosamente hijo de esta tierra, saludo al diputado federal, Erick Alejandro Lagos Hernández”. ¿Y?

Hijo de esa tierra, no. Erick Lagos es oriundo de Isla, justo donde el viernes 6, horas antes del pretendido “destape”, fue asesinado en aquel municipio Juan José Ríos Errasquín, alias “El Abogado del Diablo”, uno de los más allegados al diputado federal y a quien se le consideraba su operador.

Fue una ejecución. Un comando lo sorprendió cuando bebía un café con Osvaldo Aguirre Montalvo, ex alcalde de Isla y ex coordinador de la policía municipal. Ambos perdieron la vida. ¿Casual?

Dice El Cisne Silva que la candidatura al minigobierno de Veracruz no tiene por qué ser de dos, en alusión a Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, los senadores que tienen más que amarrada la nominación, uno en 2016 y el otro en 2018.

Torpedea así el acuerdo tomado en el restaurant El Lago, en Chapultepec, entre el líder nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, el senador Emilio Gamboa Patrón y los Yunes rojos.

Le replica Héctor Yunes confirmando que la reunión de El Lago existió, que o es él o es José Francisco Yunes Zorrilla, y que no hay tiempo para armar otra candidatura ni postular otro prospecto.

“El PRI va a definir por encuestas —refiere Héctor Yunes—. Hay de dos sopas: Pepe o un servidor y no hay más”.

Luego abunda:

“Claro que fue real la reunión con Manlio y con Emilio Gamboa y claro que platicamos y quedó claro que sólo hay dos opciones para Veracruz que es el caso de José Francisco y un servidor”.

—¿Qué pasará si el candidato entonces es Erick Lagos?

—No va haber más opción que Pepe y yo

—¿Pero en la posibilidad, de que fuera Lagos?

—No hay tal posibilidad; se los digo con honestidad.

Llegó otra pregunta:

—¿Alberto Silva garantiza una buena dirigencia en dado caso que usted o Pepe Yunes sea el candidato; que sepa conducir una campaña?

—No lo sé. En el momento de la nominación, el candidato tiene la opción de invitar al dirigente del partido a desarrollar otra función o permanecer ahí, pero es un asunto que hay que definirlo en ese momento.

—¿Cuándo se define esto señor?

—Creo que, en enero, aunque internamente podría definirse en cualquier momento.

—¿Pero no sería que los dados estuviesen cargados a Erick Lagos?

—No hay tiempo de cargar los dados, no hay forma, no hay opción; crecer en una encuesta en Veracruz es muy difícil, lleva mucho tiempo, son 212 municipios, son 8 millones de veracruzanos, son muchos kilómetros que recorrer y eso no se improvisa, porque ya hemos visto que las improvisaciones no dan mejores resultados.

Hay fractura en el PRI. De eso no hay duda. Aflora la división, marcada por dos bloques, el fidelista-duartista y el de los Yunes rojos, en pos de la candidatura al minigobierno de Veracruz en 2016.

Ahora el rijoso el Héctor Yunes. Pepe Yunes calla, quizá porque sabe que será el candidato para la de dos años. Héctor asume el discurso del encarcelamiento del duartismo, la estrategia del panista Miguel Ángel Yunes Linares y de Pepe Yunes.

Refiere que Veracruz está enfermo, que la enfermedad “es grave, pero curable”. Dice que le aplicará “medicina carcelaria”.

¿Sirve de algo que El Cisne Silva y la lideresa nacional de Movimiento Territorial, Ana Lilia Herrera, preconicen que en el PRI de Veracruz hay unidad? No. Hay división. Hay una lucha encarnizada entre el fidelismo-duartismo, que se niega a abandonar la “plenitud del pinche poder” y el yunismo rojo que como el yunismo azul, prometen cárcel para Javier Duarte.

Y mientras los priístas se dan con todo, en el panismo y el perredismo están de plácemes.

Reina el caos en el PRI de Veracruz.

Archivo muerto

De todos los tomates podridos del PRD, Miguel Ángel Yunes Linares extrajo uno: Sergio Rodríguez Cortés. Con él consolida la alianza PAN-PRD, con él afianza el voto amarillo, con él le da “lustre” a un proyecto para echar al duartismo y al fidelismo del poder. Eso es lo que Yunes azul vende. Lo que es ser pragmático. Sergio Rodríguez fue el ejecutor del truene entre panistas y perredistas en el intento de alianza, en 2013. Encabezó el sabotaje, autoimponiéndose como líder espurio del PRD, respaldado por uno de los consejos estatales en Veracruz, que llevó al partido del sol azteca a tener dos líderes al mismo tiempo, atrapado en un escenario de ilegalidad e ilegitimidad. Así se armó la fuga del PRD de aquella alianza, todos sabedores que el Tribunal Electoral de Veracruz, controlado por el desgobernador Javier Duarte, echaría abajo el acuerdo, como finalmente fue. Sergio Rodríguez fue pieza clave. Y cómo no, si en el gobierno duartista llegó a ser director del Servicio Nacional de Empleo en Veracruz, o sea bufón del gobernador priísta. Bulle, pues, en la mente de panistas y perredistas la pregunta si con bueyes como Sergio Rodríguez aran, si con los aliados del Javier Duarte se piensa pasar por la justicia al duartismo, si no sería mejor opción ir solos a la contienda, o darle el respaldo al ex diputado Juan Bueno Torio, que también tiene sus ratos negros en su paso por Pemex Refinación, o ya en caso extremo jalar todos con Morena, aún a sabiendas de que en torno a Andrés López Obrador hay succionados profesionales y escoria de lo peor. Despotrican contra Yunes Linares sus detractores, aunque sus fans vociferan que la foto con Sergio Rodríguez es un mensaje a Javier Duarte: el que destruyó la alianza ahora es azul y ya cantó cómo y de a cuánto fue el pecado… “Caleb es cabrón” se escucha decir a sus corifeos. Y sí, Caleb Navarro Kloss es cabrón pero para la transa, para la asignación de contratos con los dados cargados, para ufanarse que en la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas del gobierno de Veracruz manda él, no su titular Tomás Ruiz González. Llegó a la subsecretaría de la mano de Gerardo Buganza Salmerón, el santo de Córdoba, y ahí se quedó, como si fuera el jefe, con desplantes y atropellos, echando a la calle al personal, imputándole que no cumplía con los trabajos realizados con recursos del Fondo de Desastres Naturales, pero sin liquidarlos conforme a la ley. “Caleb es cabrón”, dicen sus lamebotas en referencia a un tipo con alardes que insultan, que ningunea a Tomás Ruiz, que insta a todos a pasar con él, “porque yo son quien da las obras, no Tomás”, entendido que sin diezmo no avanza nada y que él, Caleb Navarro Kloss, es la aduana, sintiéndose dueño de los millones que corren por su manos, pero olvidando que es dinero público, dinero del pueblo, pregonando que es así porque fue compañero de maestría de Javier Duarte. ¿Ah sí, dónde? Es Caleb, el coyote de Marcelo Montiel en la SIOP… Chivis es un vival de marca. No se sabe en cuántas nóminas habita don Roberto Orlando Olivares Carrillo —SEV, ayuntamiento, ICATVER—, obvio sin dar golpe, pero además practica la traición como nadie. Proviene de una recomendación de la Comisión Estatal de Derechos Humanos por un caso de tortura cuando era agente del Ministerio Público, en Jesús Carranza, en 2001, y lo rescata el grupo Chagra. A ellos se une, y así lo presumía, sabida la cercanía de Mily, Roberto y José Antonio con el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán —sobre todo Mily—, y en cuanto tuvo con qué se les va a la yugular. Llegó al Instituto de Capacitación para el Trabajo en Veracruz, insertó a su esposa en uno de los espacios de dirección y con la misma la emprendió contra Guillermina González Nolasco, pieza clave en el grupo chagrista y titular del ICATVER en el sur de Veracruz. Le da con todo a la embajadora de Beto Chagra, la enloda, intriga a lo grande Olivares Carrillo, dizque con la venia del ex secretario de Obras Públicas del ayuntamiento de Coatzacoalcos, Marco Antonio Anaya Huerta, theurelista, que así torpedea a la otra ala del fidelismo…

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