La reforma política en el Distrito Federal aguarda el sueño de los justos. Usada como moneda de cambio cada que se ha necesitado convencer al PRD para apoyar las iniciativas del PRI, se ha rezagado y pudiera quedarse para otra mejor ocasión, aún cuando existe una demanda de la sociedad civil por convertir a la Ciudad de México en otra entidad.

La reforma largamente esperada incluye dotar a los capitalinos de una Ley Suprema o Constitución local, además de transformar las delegaciones en municipios con autoridades electas como en el resto del país. El punto toral de la reforma radica en lograr una mayor autonomía respecto de las cámaras de senadores y diputados y las facultades que tiene el presidente de la República para ratificar al procurador y al secretario de Seguridad Pública.