Camaleón
Por Alfredo Bielma
14 de noviembre de 2015

Atenidos a que la política es “el arte de lo posible dentro de lo deseable” ninguna duda cabe que muchos actores políticos intentan sin sustento alguno convertir lo deseable en realidad sin miramiento a circunstancias que ya no admiten el discurso lírico como herramienta para el cambio. Los tiempos del México contemporáneo señalan profundas diferencias con los del viejo régimen, ese que paulatinamente se fue transformando durante la década finisecular hasta llegar a la alternancia política en el año 2000.

Entre los elementos que reflejan la metamorfosis de que se habla están los relativos a los procesos electorales, a los partidos políticos, al presidencialismo y a un perfil de actores políticos diferente a los ya conocidos. Nuevas instituciones suplen a la Comisión Electoral Federal, cuya principal función era organizar las elecciones propiamente en nombre y bajo la tutela del gobierno; con todas las imperfecciones que se le pudieran encontrar al INE este es casi antípoda de la Comisión. El formato de partido hegemónico desapareció por completo, el PRI ya no es invencible, ha sido derrotado y requiere de alianzas, como muletas, para permanecer en pie. El presidente de la república ya no es el centro único del poder, las fuerzas políticas se han diversificado y para decidir candidaturas al gobierno de las entidades federativas su intervención ha perdido el férreo autoritarismo que le caracterizaba.

Contemplando este nuevo panorama es posible intentar una visión sobre lo que ocurre en nuestro estado, ahora que estamos a punto de elegir a los relevos de los poderes Ejecutivo y Legislativo de la entidad veracruzana.

Si bien ya no hegemónico, el Partido Revolucionario Institucional en Veracruz sigue siendo referencia fundamental porque es la fuente del gobierno en funciones y porque no ha habido alternancia, salvo en el ensayo legislativo de 2004 cuando el PAN dominó eventualmente el Congreso local e irrumpió en el Orfis con resultados poco significativos y conductas nada diferentes. De la elección de 2010 nadie ignora que el PRI postuló una candidatura prohijada desde la cúpula del gobierno y obtuvo un triunfo electoral apenas superando al PAN, a pesar de la capacidad operativa de quien gobernaba la entidad y de los enormes recursos que se destinaron para obtener el voto, todo con la complacencia del IEV. Tampoco es posible olvidar las connivencias de actores políticos al interior del PAN que jugaron las contras al candidato de su partido. Finalmente, urgía ganar y se ganó.

La experiencia histórica enseña que cada elección es irrepetible, y que los actores aun siendo los mismos actúan en enclaves diferentes en cada ocasión, como es el caso de Veracruz en donde el candidato priista de 2010 es el actual gobernador y los precandidatos del PRI más competitivos son los senadores Yunes Zorrilla y Yunes Landa, sin demérito de los que impulse el gobierno duartista. Entre los precandidato del PAN figura Miguel Ángel Yunes Linares y Juan Bueno Torio, pero ahora, aleccionado por experiencias anteriores, el PAN busca alianza con el PRD para potenciar su proyecto. MORENA es fuerza emergente y pudiera aliarse con Movimiento Ciudadano; respecto a las demás organizaciones no es difícil imaginar el rumbo que seguirán.

En este escenario, ya al cuarto para las doce el gobierno del estado inició el desarrollo de su proyecto, es el mismo que diseñó Fidel Herrera Beltrán con propósitos transexenales. En esa lógica, se procedió a ubicar a uno de sus alfiles en la presidencia del PRI estatal y prefiguró al diputado Erick Lagos, como “amigo y compañero de proyecto” para subliminalmente proyectarlo e incluirlo en la lista de aspirantes; en seguimiento y para apuntalar esa estrategia el coordinador de la bancada priista en el Congreso aportó su cuota declarando que sería “ofensivo” para la militancia priista suponer sólo dos precandidatos, y al unísono en la prensa se acomodan los boletines encapsulados en columnas políticas para inducir hacia esa ruta. Para condimentar el ambiente se ha establecido la hipótesis que postula la posibilidad de que el presidente de la república incline su opinión a favor de una propuesta del grupo en el poder, y colateralmente se siembra la idea que sugiere dificultades para quien o quienes disientan del gobierno local pues esto, insinúan, limita oportunidades de acuerdos de unidad.

Frente a esta nuestra realidad, conociendo los resultados electorales de Sonora, Nuevo León y Querétaro ¿sobre qué bases operará el presidente Peña Nieto su decisión y cuál sería el discurso de campaña más recomendable para el candidato priista en Veracruz? En Nuevo León es obvio que Peña Nieto se equivocó de candidatura pues ya se vio que Cristina Díaz hubiera representado mejor opción; además, la candidata priista manejó un discurso tibio, mientras el candidato independiente enfilaba sus críticas contra la corrupción atribuida al gobierno estatal, un discurso que vendía y le atrajo votantes. Cuando el PRI se percató tardíamente de la omisión en el discurso ya era inútil pues faltaban dos semanas para concluir la campaña. En cambio, en Sonora la candidata priista actuó con mayor soltura porque el gobernador era del PAN; su discurso fue frontal, el que la gente quería escuchar y obtuvo el triunfo electoral. En Querétaro, una administración estatal priista, exitosa, con economía pujante y elevada generación de empleos fue derrotada por una ciudadanía acostumbrada a la alternancia, a la que convenció el discurso rupturista del opositor.

Entonces, ¿cuál sería el discurso de un candidato priista en Veracruz, rupturista o de complacencia? Recordemos: en 2007 se produjo la elección intermedia del gobierno de Fidel Herrera, para ese entonces gran parte de la prensa estatal había adoptado un oprobioso silencio respecto de lo que verdaderamente ocurría en la entidad y se orientó a ensalzar al gobernador promoviendo la gran farsa de que en sólo tres años ya había realizado lo proyectado a seis. “Utilicen ese gran patrimonio del gobierno de Veracruz” recomendaba Fidel Herrera a los candidatos del PRI y, como haya sido, el resultado electoral fue ampliamente favorable para el gobierno. Si esa estrategia sería adecuada o no en estos tiempos es asunto de prospectiva electoral.

Por otro lado, es acentuada la percepción sobre que el PRI sólo tiene dos precandidatos con rango de competitivos: José Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa. Pero bordaríamos en lo insensato si aseguramos que Erick Lagos carece de posibilidades competitivas, eludiríamos admitir la votación que obtuvo como candidato a diputado, lo que señala al menos capacidad operativa. La clave aquí estribaría en el fondo del discurso que cada candidato emplearía para convencer al electorado, sin demérito de la estrategia para agenciarse el voto, menguar al adversario y lograr el triunfo. No es cosa menor ¿cómo enfrentar la catarata de informes sobre la corrupción y expedientes incumplidos que seguramente alimentarán al discurso opositor?

Finalmente, todavía hace cinco años fue posible cooptar instituciones electorales, se logró la complicidad de dirigencias partidistas en base a recursos ilimitados con lo que se alcanzó el resultado deseado. Sin embargo, no es ocioso apuntar que pretender armar las premisas de una candidatura competitiva y victoriosa sólo en base a la manipulación del voto produciría un silogismo cuyas conclusiones podrían ser erróneas. Y en último caso, lo peor que pudiera ocurrirle a Veracruz es reducir la lucha electoral a una contienda del Poder por el poder, al margen del interés social.

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15-noviembre-2015