Místicos y Terrenales
Por Marco Antonio Aguirre Rodríguez
03 de noviembre de 2015
  • Las denuncias que no son puestas
  • Silva, misoginia y “prueba de embarazo” 

Javier Duarte quiere desaparecer a los desaparecidos, que estos no aparezcan en las estadísticas, en los números de la violencia y de la inseguridad.

Lo que podría parecer un simple juego de palabras, es una muestra más de la intención de Javier Duarte por soportar uno de sus dichos más famosos: “En Veracruz no pasa nada”.

Duarte quiere cambiarle el rostro a su administración, quiere modificar su expresión de intolerancia y quiere ponerse la careta de un hombre preocupado por la situación de inseguridad del estado.

Javier Duarte aseguró que en Veracruz sólo hay 3,682 denuncias de personas desaparecidas presentadas en una década, según los números de la Fiscalía General del Estado, de las cuales 2,416 fueron localizadas, mientras que 1,266 siguen sin que nadie sepa su paradero.

De los que aparecieron, se recuperaron 242 cadáveres, según las cifras presentadas.

De los desaparecidos, y encontrados, según Javier Duarte, “sólo” 386 se fueron por motivos relacionados con la comisión de algún delito, mientras que 25 personas no quisieron aclarar el porque se habían ido.

Pero son más de 386, porque habrá que sumarlos cadáveres, 242, porque su muerte fue por la constitución de un delito, ¿o acaso se autodesaparecieron para ir a morir al sitio en el que querían fallecer?. Como que esto suena muy ilógico.

Entonces ya son 628 casos ligados con hechos delincuenciales.

Bueno ¿y los 386 desaparecidos que encontraron los procesaron por el delito que reconocieron haber cometido?, ¿esos 25 que no quisieron aclarar su situación, verificaron que no tuvieran situaciones pendientes con la justicia?.

La “sensibilidad” de Javier Duarte por las personas desaparecidas “nació” a partir de la confrontación que Araceli Salcedo, mamá de la joven desaparecida Fernanda Rubí Jiménez Salcedo, le hizo en Orizaba, y que fue grabada en video por un reportero de El Mundo de Orizaba, y luego subido a las redes sociales, donde alcanzó más de 1.5 millones de vistas (tan sólo en pagina de Místicos y Terrenales en Facebook, el video sobre la caricatura política del área de quemados del Doctor Netas de Televisa, rebasó ampliamente las 50,000 vistas, lo que en parte es una muestra de la gran animadversión que Javier Duarte despierta. Si quieren verlo o incrementar el número, aquí está el enlace https://www.facebook.com/misticosyterrenales/videos/vb.751341298268752/945038405565706/?type=2&theater )

Los desaparecidos son muchos más que las denuncias presentadas.

Ana Palacio, del Colectivo por la Paz, declaró en alguna ocasión que las instancias gubernamentales se niegan a proporcionar datos y refirió que el Colectivo recopiló muchos nombres de desaparecidos de las notas periodísticas, y que sus casos no aparecen en las dependencias judiciales; incluso refirió que algunos familiares de desaparecidos les han dicho que en las mesas del ministerio público cuando van a presentar la denuncia que no lo hagan porque pueden “correr peligro”.

Son los desaparecidos de los que sólo su familia se acuerda.

¿Cuántos cuerpos han sido enterrados en este lapso sin tener identificación de quiénes son?.

Son los desaparecidos que reaparecieron para perderse en el anonimato y en el polvo del olvido de una tumba sin nombre.

Un caso muy evidente de los desaparecidos que no están en las estadísticas es el de una veintena de personas que fueron sustraídas de Potrero Nuevo, del municipio de Atoyac, 2 de agosto del 2013, por una decena de patrullas de Seguridad Pública del Estado de Veracruz, de las cuales identificaron a tres: la 0812, 1420 y 1154: el resto tenían los números tapados con cinta.

Las patrullas llegaron a La Potra Zaina, un lupanar donde despachaban los Zetas, y se llevaron a trabajadoras y clientes. Los vecinos todavía recuerdan cómo los policías sacaron a la patrona, Carmen Arias, de 80 años, jalándola de los pelos. Aseguran que vendía droga. Su nieta, Inés Sánchez Arias, de 35 años, dirigía rezos a la Santa Muerte en Corral de Piedra. También la detuvieron en el camino. Y con ella, a Juan Carlos y a su hermano mediano, Margarito, de 18 años. Se llevaron a otros dos menores: Diego Jair Valero y Marco Antonio Fernández, de 17 y 16 años. También –cuentan- a una mujer de origen centroamericano, por la que nadie ha reclamado.

20 personas en total. Ninguna apareció después de eso.

En la misma zona, el 15 de octubre del 2014, 6 jornaleros de caña de Potrero Nuevo, desaparecieron camino a trabajar a un municipio cercano; ellos trabajaban para Teódulo León, un empresario local asesinado el pasado 6 de septiembre de 2014 delante de la Iglesia principal del pueblo.

Así pues, la relación entre desaparecidos y crimen y violencia, existe, aunque no se le quiera reconocer la magnitud.

El número de desaparecidos es mucho mayor que lo que se acepta, pero todavía es menor al miedo que sienten los familiares por la inseguridad que inspiran las autoridades policiacas en Veracruz.

Y cuando hay estadísticas, números, en cada ocasión aparece Veracruz en un lugar preponderante en el número de casos de personas desaparecidas, como los casos atraídos por la Unidad Especial para Búsqueda de Desaparecidos de la PGR durante 2015, donde Veracruz tiene el segundo lugar, después de Tamaulipas, con 70 y 90 casos respectivamente.

La estadística por estado, en cambio, es distinta, porque es la que proporciona cada gobierno local… Y el de Veracruz se ha caracterizado por tener subregistros, además de la tendencia que tienen a no levantar demandas, precisamente para no tener que incrementar los números.

Así pues, Duarte desaparece a los desaparecidos, para que no aparezcan muchos números.

Las desapariciones son –aunque suene cruel- sólo un tentáculo del monstruo que es la inseguridad en Veracruz.

Ahora cuando Javier Duarte proporciona esas cifras ¿no sabe realmente la gravedad del caso o él es quien autoriza que se haga ese subregistro?, ¿le importará saber que oculta la verdad o le preocupará más que su imagen no sea golpeada más?.

¿Realmente será tan miope que no ve lo que pasa?, ¿o no lo quiere ver?, ¿o lo ve y no le importa?.

Son vidas de miles, ¿decenas de miles? de personas.

Y los místicos que deben hacerlo, poca eficacia han mostrado para resolver la situación.

 

ALBERTO SILVA Y LA PRUEBA DE EMBARAZO. En una conferencia de prensa que dio Alberto Silva en Xalapa, dijo que se realizarán todas las pruebas de seguridad para garantizar que los candidatos del PRI están en óptimas condiciones para competir en las elecciones del 2016.

Y entre esas pruebas incluyó las “de embarazo”.

Alberto Silva dio una muestra de la misoginia inherente que tiene, porque en esa misma conferencia de prensa, con puro reportero “amigo”, alguna de las mujeres presentes protesto, “¿prueba de embarazo?” y no le hizo caso y mucho menos corrigió.

Sí, prueba de embarazo quiere hacerle Alberto Silva a las mujeres que aspiren a ocupar una candidatura por el PRI para el 2016, ¿querrá también hacerles un examen de abstinencia sexual?.

Alberto Silva, inmerso en su propio discurso, habló de un “Candidato de unidad” para la gubernatura del estado, en una vertiente que va en contra de la tendencia usada por el PRI hasta ahora para sacar los candidatos a puestos de elección popular, vía las encuestas. Y habla de esto, del “candidato de unidad” porque el fidelato sigue en la insistencia de poner a su propio representante.

Alberto Silva también pidió otra vez “respeto” para Javier Duarte, y apuntó “creo que no es mucho pedir”, pero el respeto no se pide, se gana, y Javier Duarte obtiene las tempestades que ha sembrado.

Alberto Silva reclama a los aspirantes a la gubernatura del estado “que estemos unidos en torno del gobernador”, pero ¿cómo van a estar en su entorno, unidos a él los senadores del PRI, si Duarte lo que ha hecho es precisamente alejarlos, agredirlos, tratar de sobajarlos para imponer a su candidato?.

Y su candidato es Alberto Silva.

Entonces, lo que El Cisne quiere es que ya pintado de tricolor lo acepten como candidato, lo pontifiquen y lo promuevan.

O sea, que se dejen derrotar los demás.