Viernes Contemporáneo
Por Armando Ortiz
13 de noviembre de 2015

En sus orígenes Iniciativa México proponía hacer grandes cambios en el país mediante una revolución social basada en la buena voluntad. Los mexicanos no necesitábamos tener iniciativa propia pues ellos nos marcarían la pauta para mostrarnos el camino por el que debíamos dirigirnos. La iniciativa debería ser de ellos, nosotros sólo debíamos reaccionar al llamado que nos hicieran. Por eso muchas instituciones, comercios, empresas, medios de comunicación, universidades y hasta el propio gobierno Federal se sumaron a este programa que tiene como objetivo real nulificar la voluntad de los ciudadanos y poner por delante la de ellos.

Al principio debían simular. Utilizaron figuras públicas de moda, deportistas, gente de la farándula y hasta intelectuales; abrieron una convocatoria y juntaron una cantidad considerable de proyectos para que al final sólo quedaran cuatro y de esos cuatro sólo uno fue el ganador. Esa fue, en su origen, la gran revolución que prometieron, el programa social de las televisoras que habría de cambiar el rostro de nuestro país.

Pero en 2011, sin que nadie se lo esperara, las televisoras, en connivencia con el gobierno Federal, la CONCAMIN Confederación de Cámaras Industriales), CONCANACO (Confederación de (Cámaras de Comercio), ANTAD (Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales), la Asociación de Bancos de México y el Consejo Coordinador Empresarial crearon un plan (complot) para explotar el consumismo en las personas, que durante cuatro días podrán comprar a crédito y de contado en todas las tiendas afiliadas a este “buen fin”. A crédito porque los bancos darán hasta 20 meses “sin intereses” y al contado porque el gobierno Federal adelantará a sus trabajadores la mitad del aguinaldo que podrán gastar de manera indiscriminada en ropa, aparatos, servicios, diversión, entretenimiento y muchos enseres que en realidad no necesitan.

Por supuesto, para obtener el sello “El buen fin” los comercios habrán de pagar una cuota y esa cuota se la van a cobrar a los compradores; no faltaba más. De modo que las ofertas no lo serán y la gente podrá comprar la pantalla de 52 pulgadas con la que tanto ha soñado, sin importarle que al final los pagos terminen quitándole el sueño. Podrán comprar las consolas de videojuegos para los chamacos, las lavadoras o refrigeradores, la ropa y artículos varios que no requieren, pero que, según Televisa, toda familia decente debe tener.

Consumir, no ahorrar, es la iniciativa de México. La excusa es que con esto se reactivará la economía alicaída de nuestro país; la excusa es que con esto no se despedirá a mucho empleados de las empresas que obtendrán grandes ganancias de este “buen fin”. Pero si acaso se salva algo, el sacrificio de la economía de los muchos, no justifica la codicia y avaricia de los pocos.

Este “buen fin” es como bursatilizar nuestro futuro, es semejante a lo que pasó en el estado de Veracruz en el sexenio pasado. Fidel Herrera no sólo se gastó el presupuesto (y digo gastar como eufemismo de hurtar) sino que endeudó al estado y todavía más, comprometió recursos futuros que se le entregaron en el presente y que se gastó en unos cuantos meses como si esos meses fueran su “buen fin” particular.

Nada bueno viene de los contubernios entre una clase empresarial, los medios de comunicación y el gobierno Federal. No hay buen fin, sólo se trata de soltar las supuestas ofertas para que consumidor salga y gaste a lo pendejo.

Postdata 1: Armando Adriano Fabre, se fue del hocico; la UV lo pone en su lugar

Según el director del IPE, la Universidad Veracruzana adeuda a esa institución más de dos mil millones de pesos y por ello el estado, vía Secretaría de Finanzas, ha estado pagando por la UV ese adeudo. Con esto Armando Adriano Fabre se volvió en el nuevo perro de pelea del gobernador, pero esta vez además de ladridos y gruñidos le salió vómito. Ahora resulta que a la UV no se le debe nada, pero la UV debe dinero al IPE. Señores, con el perdón de la frase, ¡eso es no tener madre! De inmediato desde la Secretaría de Administración y Finanzas de la UV dieron puntual respuesta a los ladridos de ese funcionario. En uno de los puntos se expone que «es el Gobierno del Estado el organismo que desde el subsidio estatal de la UV retiene y transfiere los recursos para pagar las obligaciones de esta casa de estudios al IPE». En otro apartado y para callarle la boca al hocicón, le dicen que «la Universidad posee comprobantes del cumplimiento de sus obligaciones ante el IPE». Señor Fabre, a otro perro con ese hueso.

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