Camaleón
Por Alfredo Bielma Villanueva
11 de noviembre de 2015

Tierra caliente, de enorme raigambre histórica ya por los acontecimientos de 1906 que presagiaban el movimiento armado de 1910, ya por su ubicación geográfica pues durante el siglo XIX se convirtió la codicia de Francia e Inglaterra, aunque más cerca también merodeaba el naciente imperio estadounidense proclamando la Doctrina Monroe; ya por el intenso mestizaje que convierte a sus hombres y mujeres en luchadores natos, Acayucan fue por muchos años del siglo XX el centro de acontecimientos y comentarios políticos. La Sierra de Soteapan fue el escenario de una intensa guerra de guerrillas protagonizadas por Hilario Salas y Miguel Alemán González, entre otros prestigiados líderes sociales de esa región. El intenso calor que provoca el clima casi hostil no mengua la capacidad de sobrevivencia del hombre de aquellos llanos sotaventinos.

El siglo XX registra a Acayucan como un coto de poder asignado al alemanismo a partir de 1936 y confirmado después del periodo presidencial que presidió Miguel Alemán Valdes entre 1946-1952, el expresidente fue todo un paradigma y factor político en la región sotaventina. Quienes aspiraban a un cargo de elección popular en la región que tiene como centro a Acayucan (Sayula, Soconusco, Oluta, San Juan Evangelista, Hueyapan de Ocampo y adicionalmente Catemaco, San Andrés, Santiago Tuxtla, Isla y Rodríguez Clara que pertenecían al distrito electoral federal de Acayucan) peregrinaban a la ciudad de México para cabildear sus aspiraciones en el Consejo Nacional de Turismo en donde Carlos García Mata, secretario del licenciado Alemán Valdes, servía de amable conducto; o bien en el domicilio particular del ex presidente en la calle de Fundición, en donde el General Celso Vázquez Ramírez combinaba el interés de los pretendientes con los suyos propios porque se proyectó como factor de poder en aquella región, era oriundo de Hueyapan de Mimendi, municipio de Salta Barranca.

Decenas de políticos se convirtieron en alcaldes diputados locales o federales por la intermediación de Miguel Alemán Valdes cuya voz ciertamente era escuchada en Los Pinos, en gobernación o en el PRI. Paradójicamente esta circunstancia no tuvo continuidad con el licenciado Miguel Alemán Velasco cuando este logró el gobierno de Veracruz de 1998 a 2004; por las razones que se quieran, Alemán Velasco interrumpió la influencia alemanista en Acayucan, aunque ya para entonces el vacío había sido cubierto por un naciente cacicazgo, el de Cirilo Vázquez Lagunes, quien sentó sus reales allí una vez que falleció don Rubén Domínguez Dodero, el hombre de más confianza del licenciado Alemán en Acayucan; y después de los decesos del expresidente en 1983 y de Celso Vázquez en 1985.

Los antecedentes de Cirilo Vásquez encuentran raíces en Juanita, congregación de San Juan Evangelista, su padre, Ponciano Vázquez, empezó a cobrar notoriedad en tiempos del gobierno de Rafael Murillo Vidal; era un exitoso y acaudalado agricultor y ganadero cuya solvencia económica y firmeza de carácter le evitaron vulnerabilidad frente al poder de Manuel Carbonell de la Hoz, el poderoso subsecretario de gobierno de Murillo Vidal que había adquirido tierras en la vecindad campirana de Ponciano Vázquez, a quien su radio de acción no le alcanzaba para siquiera sugerir autoridades municipales, ese era un coto de poder reservado al dominio de “Los Chelucos”, que se movían bajo el amparo de la influencia alemanista. Una vez concluida la administración murillista, un grupo anónimo de agresores balaceó la casa y la avioneta de Carbonell en una de sus visitas a su rancho de aquellos lares, evento después del cual nunca más volvió por esos rumbos el protagonista principal del “carbonelezo”.

Tierras de primera para la agricultura y prestas para la ganadería en esa región se experimentó un giro político cuando el secretario particular del presidente López Portillo, Enrique Velasco Ibarra, fue inducido a adquirir un rancho, y no faltaron quienes solícitos ofrecieran cuidarlas; José Luis Mejías, un renombrado e influyente columnista del diario Excélsior fue otro autor en aquella trama en circunstancias que se acomodaron para que germinaran las condiciones que ocasionaron el surgimiento del poder político de Cirilo Vázquez Lagunes. ¿Tiene Acayucan vocación de cacicazgos, es tierra proclive al caudillaje? El caso es que Cirilo propuso e impuso candidaturas, dominó la región, asoció su radio de acción con otro coto de poder ubicado en Cosoleacaque y, juntos, extendieron un amplio dominio, sólo acotado por los petroleros en Minatitlán, en Ixhuatlán del sureste, en Nanchital y por el gobierno estatal en Coatzacoalcos, que de cualquier manera no se libró de atender recomendaciones para regidurías que tuvieron aquel origen. Obviamente, todo con el arbitraje del gobernador en turno.

Indubitablemente no fue por generación espontánea: a su acceso al gobierno estatal Agustín Acosta Lagunes a la manera de Porfirio Díaz aprovechó la fuerza regional del caudillaje veracruzano para imponer “orden” en la entidad, pero esa estrategia consecuentemente alimentó el poder caciquil en norte centro y sur de la entidad. Con la llegada de Fernando Gutiérrez Barrios al gobierno de Veracruz hubo otro giro pues la inseguridad obligaba a poner un alto al desbordado dominio caciquil, a unos los metió en prisión, otros plegaron sus amarres; fue el inicio del fin. De cualquier manera, en Cosoleacaque y en Acayucan quedaron rescoldos que poco a poco por la fuerza de las circunstancias están dejando lugar a fuerzas emergentes.

En ese cambio participan, por supuesto, el gobierno estatal y la incursión de los senadores José Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, cuya intensa actividad y recorridos por la región han propiciado una nueva correlación de fuerzas políticas y es evidente que hoy por hoy son factores de poder al interior del PRI, que si bien no riñen ni discuten la autoridad del gobernador, las circunstancias los ubican en la tesitura de competir por sí mismos con solvencia, al grado de adquirir un peso específico, que no decisivo, en la selección del candidato del tricolor al gobierno veracruzano.

Sobre si surgirá en Acayucan un nuevo cacicazgo cuyo andamiaje está cimentado sobre los rescoldos del anterior, un fenómeno vivamente reflejado entre otros elementos en la Secretaría General del PRI, habrá que esperar a la postulación priista para conocer las consecuencias. No pasa desapercibido el barrunto del sábado siete del mes en curso cuando se distribuyeron semillas de maíz en tiempos y clima meteorológicos en los que sólo es posible sembrar esperanzas electorales y se confiesan proyectos transexenales. La espesura del bosque se irá aclarando conforme transcurren los días, no olvidemos que está en juego el futuro de ocho millones de veracruzanos, una tesitura que radica en escoger entre el continuismo que paraliza o la transición para el auténtico cambio; una transición que en las actuales circunstancias empujan a una obligada alternancia, que no necesariamente implica cambio de partido en el gobierno sino de renovación de grupo político en el poder, aunque por supuesto tampoco excluye la posibilidad de un cambio de partido en el gobierno, porque la moneda está en el aire.

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