Manuel Gómez Morín
Por José Miguel Naranjo Ramírez
19 de noviembre de 2015

En el año de 1927, salió publicado un ensayo titulado: 1915, escrito por el abogado y político Manuel Gómez Morín (1897-1972). Con el ensayo antes mencionado, prácticamente quedó de manera oficial bautizada la famosa generación de 1915, a la que Gómez Morín perteneció. El ensayo está compuesto por siete apartados los cuales son: “Iniciación”, “Oscuridad”, “Invitación”, “El dolor”, “La técnica”, “Argumentos”, “Prevenciones” y “Epílogo”.

En el año 1915 los miembros de ésta generación en su mayoría eran estudiantes, todos ellos fueron discípulos de la generación del Ateneo de la juventud, integrada por José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Antonio Caso, entre otros. Debido a la inestabilidad política que vivía el país, el “Ateneo de la juventud” se desintegró, muchos de ellos salieron exiliados del país, sobre éste punto Gómez Morín en el ensayo apuntó:

“El grupo se deshizo pronto. Ya en 1915 sólo el maestro Caso estaba aquí. Pero entorno al maestro se formó pronto otro grupo no ya organizado como el Ateneo, ni siquiera conocido, sino disperso; integrado por los discípulos directos de Caso o de Pedro Enríquez, por los que la Revolución había agitado ya y buscaban en el pensamiento un refugio, una explicación o una justificación de lo que entonces acontecía.”

La lectura del ensayo es un referente obligado para conocer el pensamiento de Gómez Morín, y sobre todo, nos ayudará a comprender desde su visión las circunstancias políticas, sociales y particularmente las culturales que vivía México en 1915, año en el que ellos empezaron a participar en la vida pública de nuestro país. La generación de 1915 inició sus actividades en un ambiente plenamente revolucionario donde privaban los asesinatos, golpes de Estado, etc. En ese México de hace cien años existía de todo menos un proyecto serio de nación, y la crítica de la pequeña oposición era fuertemente censurada.

Por lo antes mencionado en el apartado: “Invitación”, Gómez Morín escribía a los miembros de su generación: “Es tiempo de alzar una bandera espiritual; de dar el santo y seña que permita el mutuo reconocimiento. Hace falta una definición de tendencia y de actitud, la afirmación de un valor siquiera, en torno del cual se reúnan los esfuerzos dispersos y contradictorios. No podemos intentar todavía una doctrina y menos una organización. Pero si el alba de 1915 ha de llegar a ser pleno día, es menester encontrar un campo común, una verdad, un criterio aunque sea provisional, para encauzar y juzgar la acción futura.”

El llamado plural que realizaba Gómez Morín, era para tratar de lograr un despertar de México, claramente apuntaba que no se necesitaba pensar igual, e incluso manifestaba que en la variedad de pensamiento se encontraba la verdadera riqueza, pero que era urgente ponerle rumbo a México, es decir, pensar, razonar, planear y diseñar el país que en esos tiempos querían construir y esto sólo se podría lograr dentro de la pluralidad y la crítica, utilizando la inteligencia, dejando al lado la farsa retórica que tanto dañaba y sigue dañando:

“La crítica ha sido tan pobre que todavía no podemos concretar lo que el nombre Revolución implica. Y quizá la expresión mejor de este tiempo se encuentra en aquel cruel “pachequismo” que por serlo hizo fortuna: la revolución es la revolución, y que muestra bien la amarga verdad de unos años de tempestad en que la vida era difícil y llena de sobresalto y la pasión o el sufrimiento privaban sobre la inteligencia.”

Gómez Morín en el ensayo afirmaba que la generación de 1915, era una “generación eje” y tenía toda la fe que ellos podían transformar a México, porque en todos ellos había buena voluntad, eran hombres de cultura, ideas, libros, intelectuales prácticos, políticos con ideales, y lo más difícil de encontrar políticos honestos, por eso él creía que eran la generación del cambio:

“Quiero decir, además, que una grave responsabilidad pesa sobre nosotros porque somos una generación-eje. La generación de ese momento es, así, el eje del cambio. De ella depende que tras la temible sacudida que el movimiento produce, sólo queden ruinas y rencor o se creen una organización y un patrimonio nuevos y mejores. Ésta es nuestra situación, ésta es nuestra responsabilidad. No pensemos que somos mejores que otros ni consintamos en parecer peores. No hacernos ilusiones paradisiacas ni permitir que se prediquen seguros desastres.”

Gómez Morín escribió el ensayo en 1926 y fue publicado en 1927, en la edición publicada por la Editorial Planeta en el 2002, el lector podrá encontrar varias cartas que se envió Gómez Morín con José Vasconcelos, sobre el contenido de éste ensayo. Resulta muy interesante leer las cartas, porque es un verdadero debate de dos hombres históricos del México contemporáneo. José Vasconcelos en una carta que le envió a Gómez Morín el 2 de Febrero de 1927, le expuso lo siguiente:

“Quizá no estoy de acuerdo en detalles de su juicio: creo que la de usted es una generación que usted bien le llama decisiva: generación eje. Pero también creo que han estado ustedes dejando pasar la ocasión. Hasta hoy han aparecido como un retoño del carrancismo: tomaron ustedes en serio la infamia de la Constitución de 1917 con el pretexto de que tenía el 27 y el 123 pero olvidándose de que una política agraria más definida y más radical estaba ya contenida en el Plan de San Luis o en el Plan de Ayala. A ustedes les faltó proclamar que Venustiano Carranza era un bandido: eso lo hacíamos nosotros desde el destierro. Usted todavía no dice que Álvaro Obregón es el nuevo Antonio López de Santa Anna y que la reelección es una infamia. Eso lo estamos haciendo nosotros desde el destierro. No han sido ustedes rebeldes: yo les reconozco mucho talento pero nunca he podido verles lo revolucionario. Sabe que lo quiere con afecto profundo su afectísimo amigo y seguro servidor J. Vasconcelos.”

Gómez Morín contestó la carta a J. Vasconcelos el 3 de marzo de 1927, en la cual argumentaba: “Después de leer su libro no me explico el pesimismo que frecuentemente lo asalta. ¡Sí debía usted ser un optimista formidable! Está muy bien, en su libro, la reiterada condenación que usted hace a los gobiernos despóticos militares; pero es muy injusta su carta cuando me dice que hemos sido cobardes. A la vez que usted proclama que Venustiano Carranza era un bandido, lo hacíamos nosotros aquí y sólo después de una experiencia de cuatro años y de un sucesivo empeoramiento de las cosas, hemos descubierto que la rebeldía no debe ensayarse en la política, sino más hondo. De nada nos sirvió el cambio de Carranza. De nada nos sirvió, políticamente, el cambio de Álvaro Obregón. De menos nos hubiera servido, seguro, el cambio de Adolfo De la Huerta. ¿Y quiere usted que después de lo que hemos vivido tengamos todavía deseos de lucha política inmediata afiliándonos a cualquiera de estos bandos de nombre precario y tendencias iguales? A México lo molestan las personas; pero hasta para cambiar de personas y hasta para darse cuenta del cambio, se necesitan teorías. La Revolución no ha salido de su infierno por falta de teoría. Si tuviera una doctrina, no podría cualquier bandido improvisarse líder y encumbrarse como ahora sucede. Sabe cuánto lo quiere y respeta su amigo Manuel Gómez Morín”

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