Claroscuros
Por José Luis Ortega Vidal
02 de noviembre de 2015

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En forma paralela a los recorridos y encuentros de Alberto Silva Ramos con la militancia del PRI y sus directivos municipales, el pasado fin de semana la Sección 32 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación relevó Comité Directivo.

Fue el viernes 30 de octubre cuando Lázaro Medina sustituyó a Juan Nicolás Callejas Roldán al frente de la más influyente organización sindical de Veracruz.

La Sección 32 del SNTE se conforma por más de 90 mil trabajadores de la educación.

Su control está en manos del llamado “Equipo Político”, un grupo de poder que durante más de 3 décadas ha encabezado Juan Nicolás Callejas Arroyo: el maestro cacique, el heredero de una estructura que encabezó su tío Alfonso Arroyo Flores, que durante un tiempo breve manejó el profesor Joel Vargas Cruz y finalmente quedó en manos de un soldado del PRI con grado de general.

Durante más de 30 años Juan Nicolás Callejas Arroyo ha sido el mandamás de la Sección 32 del SNTE en Veracruz.

Ha visto pasar a gobernadores desde Agustín Acosta Lagunes hasta Javier Duarte de Ochoa y el viernes pasado se dio el lujo de anunciar que el líder de derecho es un maestro fiel: Lázaro Medina Barragán, pero de hecho lo es y será su hijo Juan Nicolás Callejas Roldán.

Hijo de cacique, caciquito.

Estos mecanismos de control político, de estructura caciquil, de herencia del poder “a valores entendidos”, de corporativismo que sobrevive a un siglo de aspiraciones democráticas en un país entero, son típicos de México.

Elba Esther Gordillo -la gran cacique magisterial mexicana por antonomasia- está en la cárcel. Su pecado no fue haber sido cacique, corrupta, nefasta. Su error consistió en meterse con el sistema la creó, la procreó y la transformó de una humilde maestra a multimillonaria política.

Sobreviviente a la propia Elba Esther, lector de los errores que la condujeron a la cárcel, Juan Nicolás Callejas Arroyo -el gran cacique magisterial veracruzano- acaba de encabezar dos relevos el viernes pasado: el del líder formal y el del cacique heredero de una sección sindical  de su propiedad: la 32 del SNTE.

A Callejas Arroyo, la energía menguada aún le alcanza para encabezar la Junta de Coordinación Política del Congreso Local veracruzano y mantener bajo su control a la mayoritaria bancada del PRI.

Ahí, como en la sección 32, nomás el chicharrón truena del maestro Callejas truena.

Juan Nicolás recibe la orden ejecutiva y la mayoría priista aprueba lo que se indique, lo que se ordene, lo que se mande: sea más endeudamiento para Veracruz, sea el desafuero de un enemigo o un “amigo rebelde”  o sea  el calendario electoral de la entidad.

Faltaba más…

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La clave del éxito en el sistema corporativo y caciquil del sindicalismo y de la política en general de México es –paralelo a la complicidad- la disciplina.

Juan Nicolás Callejas Arroyo conoce todos los grados de estos conceptos y su práctica: desde la rebeldía hasta la abyección; desde la alianza hasta la traición absoluta y su castigo; desde la obtención de privilegios hasta la entrega de las armas al patrón en turno.

La Reforma Educativa que quita privilegios a los maestros pero permite cuotas de poder al sindicato, es un ejemplo claro de lo anterior.

En Veracruz, la radical CNTE -hoy con la PGR y la SHCP pisándole los talones- no pudo entrar porque topó con la pared del equipo político callejista y la sección 32.

Y sí, los maestros ya no pueden heredar las plazas a sus hijos, tan descaradamente como lo hacían –la herencia sigue aunque disminuyó y se debe disfrazar- pero en Veracruz sus líderes no son perseguidos como en Oaxaca, Michoacán y Chiapas.

El pesebre es el pesebre.

El sistema es el sistema.

 

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Bajo esta lógica, la sucesión de gobernador de Veracruz opera en medio de choques mediáticos y ataque discursivos de uno y otros grupos que dentro del PRI siguen aplicando lo que entienden por política, lo que asumen como práctica de poder, lo que les fue heredado como concepto y lenguaje del manejo de la masa, del grupo social, de la circunstancia individual y colectiva.

 

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Cuando Alberto Silva Ramos advierte a José Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa que en su calidad de dirigente estatal del PRI los ayudará, los apoyará, los acompañará en sus recorridos por Veracruz siempre y cuando respeten al priista número uno que es Javier Duarte, en realidad el joven tuxpeño olvida que está sujeto a un calendario.

Dentro de dos meses –días más, días menos- desde la ciudad de México llegará la orden, el destape, la señal del dedo, el manotazo, la instrucción, la verdadera advertencia.

Cumplido este ciclo final, sabremos si el candidato es integrante del grupo de la fidelidad y entonces veremos si los Senadores se ciñen a las instrucciones de su dirigente de derecho…pero no de hecho.

De los dos Juan Nicolás y sus más de 90 mil muchachos y muchachas no hay más que esperar: sólo su disciplina. Si les dicen que es chana se irán con chana pero si de última hora les informan que es juana sin duda se irán con juana.

En el caso de que el candidato o candidata elegidos por el verdadero priista número uno –Enrique Peña Nieto- no sea integrante del grupo de la fidelidad, las instrucciones de Alberto Silva Ramos no tendrán ni siquiera que ser rechazadas…simplemente no habrán existido, serán una anécdota y ya.

 

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Por lo pronto el líder recorre y habla mientras los múltiples poderes de facto observan, callan, vigilan y esperan la instrucción final.

Al mismo tiempo, fiel a su estrategia, la dupla Héctor-Pepe juega su juego. Landa confronta vía un discurso rijoso, Zorrilla mantiene distancia y sujeta su discurso a un perfil muy cuidadoso de la forma pero firme en la frialdad de una mano que no se extiende más.

¿Y Erick Lagos?

El diputado que maneja la Secretaría General del Comité Directivo Estatal del PRI veracruzano juega dos cartas: la de caballo negro, para operar la continuidad de la fidelidad si la candidatura brinca por el ese lado y la del disimulo ante la opción de que el abanderado tricolor sea de un equipo distinto: “el que se peleó con ustedes fue beto, yo nunca me he expresado mal de ningún Yunes”, diría el nativo de Isla en su momento.

Por si no se ha dado cuenta, Alberto Silva juega solo y su alma política el juego perverso de la confrontación con todos los Yunes, los azules y los rojos.