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INFORME ROJO
Por Mussio Cárdenas
24 de noviembre de 2015

* Aurelio Nuño y la candidatura a gobernador  * Justifica el gordobés la agresión a maestros y periodistas  * ¿De qué rendición de cuentas habla Gina?  * Manejó una millonada en la opacidad * Agravia El Cisne a empresarios de Coatza  * Es fan de Pepe Yunes pero urge el antidoping  * Diego rumbo al PVEM

Quiere encantar Javier Duarte al príncipe de Peña Nieto. Lo conquista con un ardid, la saña contra maestros, la reforma educativa pasada por la represión, el uso de porros, la sangre de los inocentes. Lo que sea con tal de imponer al sucesor.

Aurelio Nuño es la llave de la candidatura del PRI, supone el gobernador de Veracruz, ya en los estertores de su gestión, imaginando al joven secretario de Educación Pública recargado en el hombro del presidente, susurrando al oído que un duartista es la mejor solución… para el desastre duartista.

Y como Aurelio Nuño es el Rasputín de Enrique Peña Nieto, la almohada que aconseja, la voz que sugiere, aplica la máxima de que para consolidar la reforma educativa, la evaluación con sangre entra.

De ahí la represión de sábado y domingo, 21 y 22, la embestida de los porros contra el Movimiento Magisterial Popular Veracruzano y contra la prensa, el halconazo al que hace referencia el periodista Aurelio Contreras, usando a policías vestidos de civil —lo que tanto negó el general de cero estrellas, Arturo Bermúdez Zurita, cuando la agresión al fotoperiodista de AVC, Karlo Reyes— y lanzando oleadas de odio contra los “enemigos” del gobernador.

Su lógica es demencial. Si la evaluación magisterial fracasa en Veracruz, el príncipe Aurelio no se involucra en la sucesión; si la evaluación se impone, se complace al secretario de Educación y lo transforma en un aliado.

Aurelio Nuño y Javier Duarte tienen un punto en común: les gusta apalear a sus adversarios.

Nuño le da cauce a la reforma educativa por la vía del encarcelamiento. Así, los líderes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, van sintiendo la represión. Unos huyen, otros ya están en la cárcel. Y la evaluación se aplica.

Javier Duarte es igual o peor. Apenas tuvo el poder en las manos, en 2010, títere del fidelismo, inició una persecución contra quienes le complicaron su llegada al gobierno de Veracruz. Marginó a priístas y no priístas, fueran de donde fueran, sólo por saber que no lo concebían como gobernador.

Asedió a periodistas, los encarceló, generó un clima de hostilidad, fomentó el odio de su gobierno hacia la prensa crítica, la represión policíaca, el espionaje descarado, hasta llegar a la suma de 14 periodistas asesinados en su régimen, ninguno aclarado, y a los que le dio explicación jurídica se van cayendo a pedazos.

Son pues, tal para cual. Aurelio Nuño gusta de la intriga, del engaño, de la omisión para salirse con la suya. Javier Duarte también, pero todo se le revierte.

Nuño fue, según el periodista Raymundo Riva Palacio, autor de la columna Estrictamente Personal, la voz que aconsejó a Peña Nieto a no involucrarse en el caso Ayotzinapa, por tratarse, decía el novato político, de un asunto meramente estatal. Era jefe de la Oficina de la Presidencia, pero en lo hechos, era el confidente a quien más escuchaba el presidente.

Sus consejos han llevado a Peña Nieto al peor desastre de imagen y de solvencia moral que haya enfrentado, acusado de ocultar información en el caso Ayotzinapa, de cerrar los ojos a la vinculación del Estado con las mafias del narcotráfico, al encubrimiento de los principales actores, al papel sospechoso del Ejército Mexicano.

Gracias a Aurelio Nuño, el sexenio de Peña Nieto quedó marcado por la complicidad en la desaparición y posible crimen de 43 estudiantes de la Normal Isidro Burgos, en Iguala, Guerrero, no sólo por lo que no hizo judicialmente sino por ocultar la verdad real con una infumable verdad histórica.

De la Oficina de la Presidencia pasó Nuño a la Secretaría de Educación. Y ahí es un chivo en cristalería.

Suelta las hordas policíacas contra maestros disidentes, eleva el tono del conflicto, pretende aplicar al evaluación magisterial en un ambiente de violencia y represión. Y ahí Javier Duarte le viene a modo.

No lo secunda el gobernador por tener un compromiso con la educación. Lo hace para que Aurelio Nuño, amigo del diputado federal y líder del PRI en Veracruz, Alberto Silva, alias El Pato de Tuxpan, sea la voz que incline la candidatura a gobernador a favor de un duartista.

Así desplaza Javier Duarte a los Yunes rojos —los senadores José Francisco Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, que ya sentenciaron que aplicarán cárcel al duartismo—, punteros en la carrera por la nominación, y descarrila una sucesión que parecía tranquila y para cohesionar al PRI.

Con Nuño de su lado, Javier Duarte pretende perpetuar el duartismo en el poder dos años más. Quiere ahí a Silva o a los diputados Erick Lagos y Adolfo Mota, ex secretarios de Desarrollo Social, Gobierno y Educación en su gabinete.

De ahí que la evaluación con sangre entre. De ahí que use policías vestidos de civil, porros aleccionados para agredir, descarados pues ni el rostro se cubrieron en el ataque del domingo 22, al estilo de los “halcones” de Luis Echeverría, el Jueves de Corpus, el 10 de junio de 1971.

Evidente la agresión, el ataque criminal, los maestros que rodaban por el suelo tras recibir una golpiza, y ahí eran pateados para después ser detenidos. O sea, el “halcón” es la víctima y el maestro es el delincuente. Es la verdad histórica.

Javier Duarte es un fracaso mintiendo. Basta verlo en la conferencia de prensa a la que convocó este lunes 23. Dice que los agresores son los maestros. Dice que ellos fueron a provocar. Dice que ellos violentaron el orden. Dice que la prensa debe acreditarse para cubrir la evaluación magisterial.

Mentiroso esférico, el gobernador falta a la verdad. Lo desmienten los videos que exhiben la brutalidad policíaca y el instinto criminal de sus porros.

En respuesta, acusa el portal Libertad Bajo Palabra un cinismo a ultranza del gobernador:

“En conferencia de prensa mañananera, el gobernador Javier Duarte acusó a los maestros disidentes de ser los agresores en los eventos del día sábado y domingo, donde se enfrentaron las fuerzas de Seguridad Pública con los maestros que se manifestaban en oposición a la Evaluación Educativa. Duarte de Ochoa dijo que fueron los maestros disidentes los que aventaron llantas, piedras y huevos a los maestros que querían entrar para ser evaluados. A pesar de la evidencia gráfica y de los videos que circulan en los medios de comunicación, donde se ve a los elementos de la fuerza civil y a los golpeadores contratados por Bermúdez Zurita, quienes agreden por montones a los maestros opositores, quienes agreden a los periodistas y a los ciudadanos, a pesar de ello y sin vergüenza en la cara, Javier Duarte dice que los agresores fueron los maestros disidentes”.

Sentencia política: el pecado tiene su precio. Javier Duarte es un pecador, y grande. Ha pecado de omisión cerrando lo ojos a la corrupción fidelista, de la que él mismo participó y hasta impulsó siendo secretario de Finanzas y Planeación. Peca ahora para agradar al príncipe de la corte peñanietista.

Peca derramando sangre de inocentes en la arena magisterial. Pueden los maestros disidentes estar equivocados en un intento de boicot a la evaluación, pero nadie tiene derecho a apalearlos así. Pueden los periodistas asumir riesgos cuando se cubre un evento de tal tirantez, pero nadie debe vulnerar su integridad.

Como Nuño, como Peña Nieto, Javier Duarte también pregona su verdad histórica de la represión magisterial del sábado 21 y domingo 22: los agresores fueron los maestros y la prensa fue atacada porque no se acreditó para cubrir la evaluación educativa. Vaya embustero.

Nuño y Duarte son coincidentes. A ambos les gusta la solución de fuerza. Desdeñan la razón. Suponen que el poder es para siempre. Viven en una realidad dopada, ajena a la realidad verdadera.

Nuño usa a Javier Duarte para imponer la evaluación educativa. Javier Duarte usa a Nuño para que sea la voz que le hable a Peña Nieto y le asegure que el sucesor en Veracruz sea duartista.

Y si para agradar al príncipe de Peña Nieto hay que reprimir maestros, los reprime.

Archivo muerto

Extraviada en los fangos del cinismo, habla María Gina Domínguez Colío de rendición de cuentas, de justicia, de sancionar al funcionario que no cumpla, de mayores facilidades fiscales, de un Veracruz más seguro. Verbea la presidenta de la Fundación Colosio con discurso barato, demagogia pura, cuando el gobierno de Javier Duarte ha sido transgresor de la ley, impulsor de la corrupción y el artífice de la debacle financiera y el baño de sangre. Habla Gina Domínguez en el foro previo a los Diálogos por el Veracruz que Queremos. Habla de rendición de cuentas cuando por su manos, siendo vocera del gobierno duartista, pasaron cientos o miles de millones de pesos entregados mano a mano, tras bambalinas o debajo de los escritorios, al ejército de textoservidores que, como se ve, no sirvieron para un carajo pues la imagen del gobernador es deplorable y no hay escándalo público en que la prensa vendida de Javier Duarte le sirva aunque sea de comparsa. ¿Cuántos cientos o millones de pesos tuvo en sus manos Gina Domínguez para publicitar a su fallido gobernador, pero también para imponer su ley en los medios de comunicación, cerrarle puertas a las voces críticas, ejercer presión con toda la mala leche que tuviera al alcance? Y hoy habla de rendición de cuentas. A ver, por ejemplo, ¿de dónde salió para comprar los derechos de la agencia Quadratín en Veracruz, las estaciones de radio, un periódico impreso y su mansión en Coatepec? Ah sí, no son suyos; son de los prestanombres… Rara vez comen empresarios de Coatzacoalcos y el líder estatal del PRI. Lo hicieron en Coatzacoalcos. Uno a uno los convocó el dirigente del Movimiento Territorial, Víctor Rodríguez Gallegos, y acudieron. Degustaron los platillos y llegó el discurso. Tomó la palabra El Cisne, alias Alberto Silva Ramos. Detalló lo que viene, la madre de todas las derrotas, pues si algo tiene el PRI es un lastre; se llama Javier Duarte, y ha sumido a Veracruz en la violencia, en la crisis financiera, en el rezago social y en la corrupción. Pedía El Pato de Tuxpan la suma de esfuerzos, cerrar filas en torno a su maltrecho gobernador. Por educación, nadie lo increpó. Al salir, mentaban madres los empresarios, constructores algunos, proveedores otros, que al unísono reclamaban lo que el gobierno de Veracruz adeuda, varios millones de pesos. O sea, no les pagan y todavía quieren un salvavidas… ¿Quién es ese afamado priista, llamado a ser uno de los puntales del nuevo gobierno de Veracruz, que milita en la porra de Pepe Yunes, pero urge que al mentado personaje le realicen el antidoping para evitar que al senador le salte la liebre y un escándalo lo haga pedazos? Va rumbo a la legalización la mariguana y el tipo se frota las manos porque supone que así puede ocurrir con la coca… Inminente, el relevo en el Partido Verde Ecologista de México en Coatzacoalcos. Apunta Christopher Alan Santos a la presidencia por su cercanía con el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, y su equipo cercano, relación que data de cuando el hoy director de Innovación Gubernamental del ayuntamiento de Coatzacoalcos laboraba en el palacio municipal de Comitán. La otra propuesta es Diego Fernández, ex director del DIF en tiempos de Guadalupe Félix de Theurel, luego niño consentido de Keren Prot en la agencia municipal de Allende, y últimamente promotor de la candidatura del senador Héctor Yunes Landa al gobierno de Veracruz, ligado estrechamente a Tony Macías, el suegro del gobernador Javier Duarte. Sea uno o el otro, sea Christopher o Diego, el Partido Verde sale del control de la diputada Mónica Robles, hoy LadyCruditas…

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