Camaleón
Por Alfredo Bielma Villanueva
07 de noviembre de 2015

“Un presidente obcecado

De proletaria manía

Es peor que un chivo enjaulado

En una cristalería”

La anterior estrofa forma parte de una tanda de versos que la oligarquía dedicaba al presidente Cárdenas, al que apodaban “El Trompudo” con ánimo peyorativo, porque los había afectado en sus cuantiosos intereses. No le perdonaban haber privilegiado la ayuda a los menesterosos con cargo a quienes se habían enriquecido al amparo del poder, en nombre de La Revolución. A finales de su mandato, en plena efervescencia sucesoria la clase política estaba sumamente dividida: Heriberto Jara, Lombardo Toledano, Francisco Múgica, Ávila Camacho y Juan Andrew Almazán, formaban larga cauda en trance a la candidatura a la presidencia abanderando al Partido de la Revolución Mexicana en 1940. Al final, Manuel Ávila Camacho fue el designado por Cárdenas para sucederlo, suscitando la inconformidad de cardenistas y generales que entonces apoyaron a Juan Andrew Almazán quien levantó enormes expectativas, si es cierto que ganó esa elección la verdad pertenece al reino de la especulación porque el presidente fue Ávila Camacho.

Salvadas las enormes proporciones de tiempo, lugar, circunstancias y personajes, la forma en cómo termina su periodo de gobierno Javier Duarte de Ochoa evoca la crisis política de los tiempos cardenistas en los que hubo divisiones por doquier, irritación en el clero, en el sector patronal, entre los hacendados que habían perdido sus tierras, y entre políticos callistas marginados de las luchas por el poder, fue el escenario sucesorio cardenista. Tal cual ahora ocurre en Veracruz, aunque con matices diversos a los de aquellos años.

A Cárdenas lo eligió Calles porque, dicen los que saben, Enrique Krauze entre ellos, “lo quería como a un hijo”; la conseja popular suponía que el Jefe Máximo seguiría mandando, sólo que en menos de un año Lázaro Cárdenas exorcizó la posibilidad de repetir la experiencia de Pascual Ortiz Rubio e inició su propia trayectoria, y para empezar hizo a un lado las directrices del Plan Sexenal que le habían diseñado los adláteres de Calles.

Si Duarte de Ochoa logró o no quitarse el tutelaje de su antecesor Fidel Herrera, quien lo escogió para sucederlo, es asunto para un detenido análisis de los hechos, así como de las circunstancias y estilo de gobernar del actual mandatario veracruzano. Lo que ya no es posible ocultar es que con la gubernatura le heredaron una deuda de 25 mil millones de pesos que hasta el momento está acrecentada al doble. Nadie ignora los desplantes de Herrera Beltrán durante al menos los primeros tres años del actual gobierno estatal y en más de una ocasión se especuló sobre su abierta injerencia en los procesos electorales, bien sugiriendo candidatos o impulsando la formación de uno que otro partido “de oposición”.

Por el lado de la deuda es posible inferir que los problemas financieros no terminan con su más reciente reestructura y que sólo con magia se podría evitar que uno de sus legados más significativos de Duarte consista en más deuda. Como está demostrado que el ejecutivo estatal no es mago y hasta el momento le ha sido prácticamente imposible resolver el enigma financiero el pronóstico a futuro inmediato no puede ser optimista.

Ciertamente, el entorno político de Duarte es muy complicado: deuda pública in crescendo, nula infraestructura física para la entidad, un sector salud en el abandono, un campo que no produce lo que debiera, inseguridad pública exacerbada, procuración de justicia bajo sospecha de ser selectiva, acentuado desempleo, crecimiento económico casi en ceros, clase empresarial inconforme, pronunciada desigualdad social, rezagos sociales intocados, clase política dividida y, el colmo, hasta entre los profesionales del periodismo se advierten los contrastes. Y por si no bastara, para intentar enderezar el rumbo electoral se produjo el relevo en la dirigencia del PRI estatal, pero al parecer el remedio está resultando peor que la enfermedad.

Este último expediente no es para soslayarlo, pues el PRI es el brazo político del gobierno y el proceso electoral para el relevo del ejecutivo estatal y los integrantes del Poder Legislativo ya está en marcha. Sin embargo, han bastado sólo quince días para que en dichos y hechos el nuevo dirigente priista justifique con pruebas contundentes la actitud de rechazo a su asunción por parte de no pocos ex presidentes del PRI estatal, los senadores y precandidatos al gobierno incluidos. Una semana bastó para que Silva Ramos introdujera en la agenda ciudadana el tema de los aviadores en el gobierno, sólo para sacar la mano visto el desaseo con el que manejó ese asunto. Lo peor es que repercutió en el gobierno al que pretende “ayudar”, pues ahora lo menos que la opinión pública se pregunta es ¿por qué hasta el quinto año el gobierno pone al descubierto una irregularidad administrativa tan evidente? ¿Entonces, para qué sirve la contraloría del estado entre cuyas funciones está evitarlo y en su caso sancionarlo? Está claro que la intención tuvo tintes electoreros o políticos al atribuir esa irregularidad a Miguel Ángel Yunes Linares de cuando se desempeñó como Secretario de gobierno con Patricio Chirinos, pero el tiro salió por la culata y salpicó al gobierno estatal.

Casi aparejado, el presidente del PRI manda un subliminal mensaje a los senadores de la república: los acompañará en sus recorridos por la entidad siempre y cuando “respeten” al gobernador. Independientemente de lo que Silva Ramos entiende por el “respeto” que se le debe al gobernador, habría que preguntar a los senadores si esa compañía les interesa, si les conviene, si les ayuda o perjudica, o es todo lo contrario. Pero los yerros han venido en cadena, porque lo último, hasta ahora, fue la declaración sobre las pruebas de embarazo que deben hacerse las candidatas de su partido. En esto mereció la inmediata y muy severa respuesta de la secretaria general del PRI nacional, Carolina Monroy: es “Francamente vergonzoso que un dirigente de nuestro instituto político pueda permitirse declaraciones tan torpes y absurdas, de ninguna manera estaremos permitiendo desde el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, una aberración y una falta de respeto tan grave a las mujeres… en mi calidad y en mi envestidura de secretaria general de nuestro instituto político, le exijo una disculpa pública a las mujeres veracruzanas y a las mujeres de México”. Después de este soberano desliz no sería extraño que el CEN del PRI acelere los trámites para designar su Delegado en la entidad veracruzana.

Por último, ese cuento de primero el programa y luego el candidato, copiado de los tiempos de Reyes Heroles al frente del PRI, que por cierto le resultó en fiasco porque mientras el Maestro presidía una reunión para “El Programa”, por otro lado los sectores destapaban a López Portillo para la presidencia; y el Plan Sexenal fue echado a un lado por Cárdenas, ¿el Plan para Veracruz lo hará la Fundación Colosio? ¡Por favor!

Los inicios del nuevo dirigente priista en el estado han sido impulsivos, pero como están las cosas para el gobierno de Duarte de Ochoa, Silva Ramos tendrá que reconsiderar sus acciones y atemperar expresiones, porque el escenario en que se mueve se asemeja a un campo minado y no vaya a ser que termine por escuchar: “Ya no me ayudes compadre”.

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6-noviembre-2015