Viernes Contemporáneo
Por Armando Ortiz
10 de noviembre de 2015

La simbiosis, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española es la “asociación de individuos animales o vegetales de diferentes especies, sobre todo si los simbiontes sacan provecho de la vida en común”. La Wikipedia nos da dos ejemplos loables de simbiosis: “Un ejemplo típico de «simbiosis de comportamiento» es la relación entre la anémona de mar y el cangrejo ermitaño: el cangrejo «ofrece» desplazamiento a la anémona y ésta le ofrece protección con sus tentáculos venenosos. Otro ejemplo es el del gobio de Luther, un pez, y una gamba ciega. La gamba excava una madriguera con sus fuertes patas y permite que el pez la ocupe también. A cambio, éste actúa como lazarillo, guiando a la gamba en la búsqueda de alimento. La gamba toca con sus antenas la cola del pez y éste la mueve cuando detecta algún peligro: en ese caso, los dos se retiran hacia la madriguera”.

En política la simbiosis es más común de lo que usted cree. El partido en el poder siempre ha requerido del gobernante en turno y el gobernante en turno siempre ha requerido del partido en el poder. Ambos sacan provecho de esa convivencia, de esa connivencia. Cuando esta simbiosis se rompe se crea un cisma que pone en riesgo a los dos simbiontes políticos, es decir los dos sujetos ponen en riesgo su existencia.

Después de esta definición nos queda más claro porque el gobernador pudo decir en ante los medios que “quien me golpea a mí, golpea al PRI”; no hay nada criticable en esta declaración. La frase podría incluso formar parte del credo de un gobernante en turno. Aparte, esta simbiosis es muy comprensible, si el gobernador en alguna ocasión nos hizo suponer que él era el Estado, por qué no va a ser también el partido.

Sólo queda preguntar si en esta relación simbiótica ¿los desatinos que se cometen en el partido, pueden entonces atribuirse también al gobernador? Porque de no considerarlo así y de tomar sólo las virtudes de una relación simbiótica entonces estamos hablando de una falta de congruencia. El gobernador vive amparando a su partido, en este caso el PRI, de la misma manera el PRI busca amparar y respaldar a su gobernador.

Sin embargo, esta convivencia puede dejar de ser simbiótica y convertirse en complicidad. En el caso de la política, si los dos sujetos buscan un bien en común y a favor de la ciudadanía, debemos celebrarla, porque juntos buscan una meta honrada. Por ejemplo, que el gobernador y su partido buscaran el bienestar de los veracruzanos, que sumaran esfuerzos para hacer de este estado un mejor lugar para vivir; estaríamos hablando de una simbiosis virtuosa en política.

Pero si la meta es egoísta e inicua, más que de simbiosis estamos hablando de una complicidad viciosa. Por ejemplo retener el poder a como dé lugar, pasando por encima cualquier estatuto y sobre todo de la voluntad de los gobernados eso es algo que debemos rechazar. Dentro de esa complicidad puede estar también la protección que entre los mismos cofrades se brindan, compartiendo su impunidad, compartiendo sus pecados y su miseria.

Si ese fuera el caso en Veracruz, que no importe pegar al gobernador, pegarle a su partido, porque no buscan una meta honrada, antes bien lo que buscan es un beneficio egoísta convirtiendo esa simbiosis en una complicidad viciosa.

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