Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
11 de noviembre de 2015

Ser jefe de prensa del próximo gobernador ha de ser la peor aspiración de un verdadero periodista… ¡Paso!

Tiene razón Alberto Silva cuando dice que no hay que confundir anhelos con posibilidades. 

Cierto también cuando quienes pretendemos ser moderadores de la opinión pública partimos de la observancia política, declaraciones, infidencias, señales, hipótesis y jaladas como el “off the record”. 

Ya mismo a cualquier pendejada se le llama “exclusiva”. A final de cuentas las filtraciones de los “sabios” de la política sólo contribuyen a la confusión de la opinión pública. 

Aunque desde luego bien se dice que lo que se ve no se juzga. 

Pero, ¿Qué se ve? 

Pues se observa un PRI confundido; un parto de los montes con el frustrado destape de Erick Lagos; un miedo cerval a todo lo que huele a Yunes; un primer priista nacional, Enrique Peña Nieto, que le importa un pito lo que pasa en Veracruz en su economía, política y sociedad… y un proyecto. 

Un proyecto que aun sobrevive, que no es el de Fidel, sino el de Javier.

En las puertas de la Convocatoria priista que marque la pauta de una loca carrera por la sucesión gubernamental, el aparato de poder estatal agonizante juega y apuesta por la última ficha que le queda, Alberto Silva Ramos. 

El apodado en el bajo mundo de la política como “El Cisne” –los otros motes son terribles- está pegado en el tema sucesorio, juega de todas todas y para todos tiene. 

Desde que se definió como “El Proyecto” de Javier Duarte ese 26 de abril de 2011, hecho público en una entrevista con quien esto escribe que dio lugar a una estrecha relación hoy difuminada, Silva Ramos no ha hecho otra cosa que prepararse. 

Desde la alcaldía de Tuxpan –colocándose como el mejor edil entre 212-, como titular de Sedesol en donde tropezó al dedicar todos los esfuerzos de la dependencia a la promoción personal; su estrepitoso paso por la oficina de prensa que tantos enconos le provocó; la diputación federal con importante victoria electoral que no le dio más que para una mediocre Comisión de Población en la Cámara de Diputados, que le despojaron tras una declaración misógina al asumir la dirigencia priista estatal.

Todo ayudó y desayudó.

Así, en ese paso en medio de gloria y el infortunio, entre el cielo y el infierno, este amigo tiene presente el compromiso de vida que estableció con Javier Duarte de prepararse para ser el sucesor.

En realidad Silva tiene con qué. A decir verdad es el más preparado e inteligente –que no el más perverso- de ese grupo de chavos, hoy ya caídos de maduros, que aprendieron todo lo malo de Fidel Herrera Beltrán. 

El problema, sin embargo, es que las circunstancias no logran acomodarse. 

Y es que cuando un día todo parece favorable y el traje a la medida está listo para que lo estrene –gobierno de dos años, un cargo de elección popular como requisito estatutario, ser el preferido el jefe que es el “campeón” de la triquiñuela electoral- Pepe y Héctor Yunes le estorban y le quieren echar a perder el traje y la fiesta. 

Se aferra a Aurelio Nuño; se abraza a Duarte quien a cada visita presidencial juega a las risitas con Peña Nieto; paga a ediles opositores para que se sumen a la causa priista; les habla a los chicos de la prensa para que publiquen y difundan las virtudes pegadas a una muy creída y no tan cierta galanura, pero… 

¡Ah, chispiajos!.. ¡Esos cabrones de los Yunes nomás no lo dejan en paz! 

Silva, el Cisne, sin embargo, ahí está. Se mueve, dirían los clásicos. Ahí está pa´lo que se ofrezca. 

A los de “Polaca a la Veracruzana” les acaba de decir que le gustaría ser el gobernador, pero del Banco de México. “No puedo descartarme porque no me he encartado y si no me he encartado, no puedo descartarme”. 

Bien entiende el juego de poder. Sabe que no puede ser juez y parte. 

Y es que si bien recién aparece con un moretón en el ojo producto de un cruzado de izquierda de parte de su cercanísimo, algo peor podría sucederle si se autodestapa como candidato al gobierno siendo dirigente del PRI. 

Roberto Madrazo ya lo hizo para la presidencial del 2006 y lo tundieron a madrazos los del TUCOM –Todos Unidos contra Madrazo-. Silva, por tanto, podría entrar en el ring con los Yunes que son fajadores y buenos para los madrazos. 

“No se puede confundir anhelos con posibilidades, diciendo que no es malo tener aspiraciones, siempre y cuando se tenga oportunidades. Uno no se sube a un trampolín sin ver primero si en la alberca hay agua y si hay agua, hay que ver que no esté muy fría. Entonces hay que medir”, dice el tuxpeño. 

Si se me hace –un día me dijo- seguiré la enseñanza de John F. Kennedy de “perdona a tus enemigos, pero no olvides sus nombres”. 

En modo alguno así es Javier Duarte. 

En alguna ocasión pregunte a Silva ¿Javier es rencoroso?, a lo que me respondió: 

“No. Pero no olvida fácil. Por ahí, en la memoria, tiene un papelito donde anota, registra y tiene presente quien es quien. Lo de Héctor (Yunes), lo de Elizabeth (Morales), los comunicadores que lastimaron… pero ello no quiere decir que sea un hombre de venganzas o desquites. Ahí están los que nos buscaron atajar: con sus espacios, con la atención y el respeto del gobernador”. 

Silva Ramos, dice a los periodistas Pepe Ortíz, Manuel Rosete y Raymundo Jiménez –también se lo ha dicho a Filiberto Vargas en otro momento- que “esperaré el momento para ver si ese anhelo se convierte en posibilidades, viendo la convocatoria que lance el partido y lo que el Comité Ejecutivo Nacional decide para Veracruz”.

Mientras le atiza al fuego y tal como suscribíamos al inicio de esta columna, desliza señales de cómo van a actuar –Javier y él- hasta donde el apático PRI de Manlio lo permite y Los Pinos hacen como que no ven nada tolerando y dejando pasar. 

Cerrar la contienda a dos personas, argumental el priista, sería “muy sectario”, recordando que la política puede dar sorpresas de aquí al proceso comicial; “El método de encuestas ya se probó en Nuevo León, que no sirvió, ya se probó en Querétaro, que no sirvió, ya se probó en otros estados”, es otro de sus argumentos. 

“Primero el programa y luego el candidato”, grita para ganar tiempo; “buscamos la unidad con la negociación política”; “el PRI no es un partido de dos aspirantes (Pepe y Héctor), y de Erick Lagos dice: “No sé si él tenga la disposición en este momento o vea el momento político para ser candidato”. 

Más claro ni el chapopote. 

La apuesta de Javier Duarte por Alberto Silva, desesperada o no, es la última pieza del ajedrez político que vive Veracruz.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo